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Cinco olas de calor, incendios casi imposibles de apagar, cosechas perdidas… Europa se abrasa en un verano histórico

Publicado: agosto 15, 2026, 3:31 pm

Cinco olas de calor desde junio, con temperaturas máximas nunca vistas en Reino Unido y en Centroeuropa, una sequía camino de ser histórica (que deseca los ríos europeos más caudalosos y obliga a paralizar reactores nucleares), incendios forestales muy difíciles de apagar, pérdidas irreversibles de las cosechas… Europa se abrasa y se seca como nunca antes, y los científicos dicen que lo que vivimos este verano es la evidencia del calentamiento global acelerado del que ellos llevan vienen alertando desde hace años.

En Francia este verano las olas de calor están sacudiendo al país casi de manera ininterrumpida. El Gobierno de Emmanuel Macron ha estimado que podría costarles miles de millones de euros. Además de termómetros disparados, Francia sigue padeciendo incendios forestales irreconocibles, como el de Burdeos de julio, una sequía que afecta ya al conjunto del territorio y que mantiene a más de tres millones de franceses con escasez de aprovisionamiento de agua. La previsión gubernamental es que esta sequía intensa y prolongada va a tener un impacto «duradero» en su agricultura, industria y biodiversidad.

En Reino Unido tampoco están acostumbrados a que las temperaturas lleguen a los 38 grados que se alcanzaron el jueves, lo que obligó a celebrar un comité gubernamental de emergencia por el calor extremo. No en vano esta es ya la quinta ola de calor del año. En junio las máximas llegaron hasta los 37,7 grados. De hecho, la oficina meteorológica oficial británica (MET, en ingés) ya ha dicho que el país va camino del verano más caluroso de su historia.

En Centroeuropa, por su parte, países como Hungría y Rumanía ven como se seca el río Danubio, ya en mínimos históricos por una sequía que ha obligado a paralizar reactores nucleares y ha obligado a lanzar llamamientos a la ciudadanía para adoptar medidas de ahorro energético. Austria, por su parte, ha alertado de que sus lagos están perdiendo tanta agua que en pocas semanas llegarán a un nivel «ecológicamente crítico».

Mientras, en Alemania o Eslovenia la sequía anticipa pérdidas multimillonarias para los agricultores y ganaderos. Solo en Eslovenia, la prolongada sequía va a provocar una pérdida del 50% en la cosecha de cereales, según informan los medios locales. El sector primario denuncia que en algunos prados no hay forraje para alimentar al ganado y que los pastizales están prácticamente secos, incluso en zonas montañosas.

Los científicos europeos no se cansan de recordar que esta situación evidencia que el calentamiento global por la actividad humana incrementa las temperaturas del planeta. Y además dicen que Europa es el continente que más rápido se está calentando. Europa es 2,5 °C más cálida que en niveles preindustriales, casi el doble del aumento promedio mundial de 1,4 °C. Desde 1990, las temperaturas en Europa han aumentado 0,56°C por década, en comparación con 0,42°C en América del Norte, 0,36°C en África y 0,27°C en América del Sur.

Mar Gómez, doctora en Física y meteoróloga de eltiempo.es, en declaraciones a 20minutos, explica este tórrido y seco verano llega después de «una evaporación muy alta durante la primavera, también durante el comienzo del verano vinculada al calentamiento global» y recuerda que, además, «una cantidad de lluvia que hace décadas quizás no hubiera generado una sequía importante sí que hoy puede producir suelos mucho más secos».

Los motivos del recalentamiento de Europa

Copernicus, el servicio de monitoreo climático de la Unión Europea, publicó este año un estudio explicando los cuatro motivos principales del calentamiento del continente europeo. Son que el Ártico es la región que más rápido se calienta del planeta y una parte significativa de Europa está cerca del Ártico; que la capa de nieve presenta una disminución continua en las últimas décadas que ya alcanza el 30% —el equivalente a 1,3 millones de kilómetros cuadrados menos (la superficie de Francia, Alemania, Suiza y Austria, según The Guardian)—; la menor contaminación atmosférica que, si bien logra reducir la mortalidad de los europeos, también disminuye las partículas que frenan los rayos solares. Y, por último, un cambio en los patrones climáticos, en la circulación del aire en Europa, bajo estudio para conocer cuánto influyen en la frecuencia de las olas de calor.

Gómez explica que esta corrientes son «una gran autopista de vientos muy rápidos que está a unos 9-12 kilómetros de altura» y que la que afecta directamente a Europa es la corriente del chorro polar. «Nunca va en línea recta, tiene ondulaciones, y cuando se desplaza el tiempo cambia rápido. Por ejemplo, si sobre Europa se queda instalado un gran anticiclón, las borrascas se desvían, disminuyen las precipitaciones, tenemos un suelo que comienza a secarse y entonces aparece esa retroalimentación: menos humedad en el suelo significa menos energía dedicada a evaporar agua y más energía para calentar el aire intensificando aún más el calor».

Gómez cita un estudio reciente que estimaba que estos cambios de patrones de las corrientes de aire podían explicar aproximadamente un 29% del calentamiento adicional europeo en verano. Sin embargo ella opina que no es posible decir que sea responsable de las sequías al 100%. «Es verdad que esas dorsales que se quedan estancadas pueden influir en esas olas de calor más frecuentes y que eso puede ir vinculado con una mayor resequedad del ambiente y por lo tanto menor humedad en la vegetación, pero la ciencia detrás de esto es un poco más difícil».

Olas de calor más frecuentes, graves y duraderas

Gómez resalta que «el Mediterráneo y el sur de Europa son zonas muy vulnerables» al cambio climático y advierte de un recrudecimiento de las sequías e incendios de continuar sobrepasando el umbral de 1,4 grados sobre la era preindustrial. Si eso ocurre, «las condiciones de evaporación volverían a aumentar notablemente y tendríamos más déficit de humedad en el suelo. De hecho podría duplicarse con respecto a la actualidad y esto también iría muy vinculado con los incendios».

La experta pide fijarse más en las olas de calor que en las temperaturas máximas ya que cree que la repetición de olas de calor en buena parte de Europa revela que «ya no estamos hablando de un episodio aislado, sino de una acumulación de extremos dentro de un mismo verano«. De hecho, subraya que «el cambio climático no significa únicamente alcanzar una temperatura máxima más alta, sino aumentar la frecuencia, la duración y la probabilidad de encadenar episodios de calor extremo con muy poco tiempo de recuperación entre ellos». Y, preguntada por cuántas olas de calor podrían quedar por sufrir este verano, la experta rehúsa anticiparlas, pero sí deja dicho que todavía queda verano meteorológico y que, además, «la predicción estacional mantiene una probabilidad muy alta de temperaturas por encima de lo normal en España durante agosto, septiembre y octubre».

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