Publicado: julio 25, 2026, 7:30 pm
Guanajuato, Gto. Hay una constante en la trayectoria de Cecilia Suárez (Tampico, 1971) que trasciende los personajes que la convirtieron en uno de los rostros más reconocibles del cine y la televisión mexicanos: la búsqueda incesante de profundidad. Desde su irrupción en Sexo, pudor y lágrimas (1999), pasando por su histórica nominación al Emmy Internacional por Capadocia y el fenómeno mundial en el que se convritió La casa de las flores, la actriz ha construido una carrera que, antes que perseguir la celebridad, ha hecho del rigor un método y de la interpretación un ejercicio de conocimiento personal.
Esa filosofía quedó al descubierto este sábado durante la clase magistral que ofreció junto con el director mexicano Francisco Franco en el Teatro Cervantes de la capital guanajuatense, como parte de las actividades del 29 Festival Internacional de Cine Guanajuato (GIFF), apenas una jornada después de haber recibido la Cruz de Más Cine del festival y la Medalla de Plata de la Filmoteca de la UNAM por su trayectoria.
Más que un repaso de su carrera, la conversación terminó por convertirse en una reflexión sobre el oficio de actuar, la disciplina que exige y el trabajo interior que, aseguró, sostiene cualquier interpretación duradera.
«La juventud premia la osadía», dijo la actriz de 54 años de edad al recordar sus primeros años de carrera —debutó en el teatro a los 19 años y en el cine a los 27—; «pero con el tiempo empieza a importar cómo le hacemos para llegar más profundo (con el trabajo actoral), cómo exploramos eso hasta su punto último de verdad. Ahí es donde una entiende lo realmente complejo en lo que hacemos».
El teatro, el lugar donde no hay trucos
Aunque ha desarrollado una carrera igualmente sólida en el cine, el teatro y las series de televisión, Cecilia Suárez confesó que existe un territorio al que siempre vuelve: «Necesito de los tres (cine, televisión y teatro), pero el rey de mi corazón es el teatro».
Para la actriz, el escenario teatral sigue siendo el espacio donde la interpretación encuentra su sentido más puro.
«El actor pertenece al teatro. Para mí sigue siendo la prueba de fuego de cualquier intérprete. Ahí no hay tomas, no hay iluminación que distraiga al espectador. El teatro no tiene ese truco».
El realizador Francisco Franco, con quien la homenajeada ha colaborado en cine, televisión y teatro, definió esa relación creativa desde otra perspectiva. Dirigir a Cecilia Suárez, explicó, no consiste en indicarle hacia dónde ir, sino en construir con ella una reflexión previa sobre el personaje y después acompañar el camino que la actriz abre.
«Cecilia no es solamente una intérprete; es una creadora», resumió el realizador frente a un teatro lleno que aplaudía las sentencias de Suárez obsequiaba con total control de su trabajo histriónico, de su trayectoria y de su presente.
Domar «el león interno»
Uno de los momentos más reveladores de la conversación llegó cuando Suárez habló del trabajo que ha debido realizar sobre sí misma para sostener una carrera sólida a lo largo de casi tres décadas.
Recordó una frase que le dijo el maestro argentino Augusto Fernandes tras un ejercicio de actuación: «Usted es el cuerpo de una cafetera con el motor de un avión».
Aquella imagen, confesó Suárez, terminó por convertirse en una descripción de la intensidad emocional con la que enfrentaba cada proceso creativo:
«Si tú no te revisas constantemente, si no exploras quién eres, qué parte de tu historia te libera y cuál te atormenta, difícilmente puedes entrar en otras pieles».
Por eso habló sin reservas de las horas de terapia que ha dedicado a conocerse mejor, pero también de un aprendizaje menos evidente: aprender a contener la energía.
«He tenido que dominar a mi león interno en los sets. Al principio era una bola de fuego; explotaba sin mesura. He tenido que aprender a ponerle riendas a esa energía y entender que todos estamos ahí para sacar adelante ese barco».
La actriz también reconoció que incluso hoy algunos personajes dejan una huella emocional difícil de abandonar. Ante su público confesó que en uno de sus trabajos más recientes recurrió a la psicomagia propuesta por Alejandro Jodorowsky como una herramienta simbólica para protegerse de la carga emocional del personaje.
Curiosidad, descanso y misterio
Lejos de hablar únicamente de técnica, Suárez insistió en que un actor debe interesarse por la vida antes que por sí mismo. Es decir, declaró que «ser curiosa es una parte muy importante de una actriz o de un actor».
También lanzó una reflexión dirigida a las nuevas generaciones de intérpretes, a quienes, señaló, observa atrapados por la necesidad de permanecer visibles. Para ella, los intervalos en los que no se es visible no representan tiempo perdido, sino la oportunidad de aprender otras disciplinas, redefinirse o simplemente recuperar energía.
La exigencia constante de mostrarse vigente, añadió, termina por afectar incluso la construcción de los personajes. «Un actor tiene que tener misterio. Hay que construir un espacio privado muy fuerte para que ese misterio pueda revelarse después en el trabajo».
Por eso, sostuvo, viajar, conocer otras culturas, participar en causas colectivas o simplemente interesarse por el mundo resulta tan importante como cualquier entrenamiento interpretativo.
Una inspiración para nuevas generaciones
Al cierre de la clase magistral, varios jóvenes aprovecharon el espacio para preguntarle por sus procesos creativos, la manera de desprenderse emocionalmente de personajes complejos y los consejos para quienes apenas comienzan una carrera artística.
Su respuesta para una niña que soñaba con convertirse en actriz resumió buena parte de la conversación: «Cuídate mucho, porque estás en un mundo de adultos. Y nunca dejes de disfrutarlo como un juego».
Entre quienes esperaban para saludarla se encontraba Paulina, una joven actriz guanajuatense que confesó haber descubierto a Cecilia Suárez gracias a La casa de las flores.
«Conocer cómo construye psicológicamente un personaje y cómo entiende la actuación también como una forma de trabajo personal es lo que más me inspira», comentó la joven guanajuatense, apostada en la primerísima fila del Teatro Cervantes
La ovación con la que concluyó la sesión confirmó que el homenaje recibido la noche anterior en el GIFF no celebraba únicamente una filmografía notable. Celebraba, sobre todo, una manera de entender la actuación como un oficio que exige disciplina, curiosidad y una permanente disposición a conocerse para poder, después, interpretar a los otros.
Filmografía esencial de Cecila Suárez
Cine
Sexo, pudor y lágrimas (1999)
Todo el poder (2000)
Párpados azules (2007)
Arráncame la vida (2008)
Hidalgo: La historia jamás contada (2010)
Nos vemos, papá (2011)
Las oscuras primaveras (2014)
Perfectos desconocidos (2018)
Confesiones (2023)
*** ***
Televisión y plataformas
Capadocia (2008–2012)
Mujeres asesinas (2010)
La casa de las flores (2018–2020)
Alguien tiene que morir (2020)
Furia (2025)



