Publicado: julio 17, 2026, 10:00 am
En 1865, el economista británico William Stanley Jevons observó un fenómeno que parecía contradictorio. La mejora en la eficiencia de las máquinas de vapor impulsadas por carbón no redujo el consumo de este recurso; por el contrario, al abaratar su uso y hacerlo más eficiente, la demanda de carbón aumentó considerablemente porque la tecnología comenzó a utilizarse en muchas más aplicaciones.
Jevons concluyó que cuando una tecnología aumenta significativamente la eficiencia de un recurso, su consumo total puede incrementarse debido al aumento de la demanda.
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Este fenómeno es conocido como la Paradoja o Efecto Jevons (Jevons, 1865).
En la actualidad, podemos vincular este fenómeno con la inteligencia artificial, pues esta tecnología está haciendo con el conocimiento lo que la máquina de vapor hizo con la energía.
Hoy, tareas como redactar documentos, analizar grandes volúmenes de información, programar, crear contenido y diseñar estrategias de marketing, entre muchas otras, pueden realizarse en una fracción del tiempo que antes requerían. La reacción inmediata suele ser pensar: «Entonces necesitaremos menos personas».
Sin embargo, el efecto Jevons plantea otra posibilidad: si producir conocimiento es más barato y rápido, muchas más empresas podrán acceder a él, lo que incrementará la demanda de estos servicios y generará nuevas oportunidades de negocio.
Erik Brynjolfsson y sus colegas (2023), en un estudio del NBER, encontraron que la IA generativa incrementó significativamente la productividad de agentes de servicio al cliente, especialmente entre los colaboradores con menor experiencia, mejorando además la calidad del servicio.
Cada revolución tecnológica ha despertado temores similares: la mecanización industrial; la electricidad; la computadora personal; Internet; la automatización. Sin embargo, lejos de destruir el empleo de manera permanente, estas innovaciones transformaron las ocupaciones existentes y dieron origen a nuevas profesiones.
Hoy existen especialistas en ciencia de datos, inteligencia artificial, automatización de procesos, ingeniería de prompts, experiencia del cliente digital, ciberseguridad y analítica de personas (people analytics), entre otras. Muchas de estas profesiones eran prácticamente inexistentes hace apenas una década.
La IA no reemplaza empleos completos; reemplaza tareas
Diversas investigaciones coinciden en que la IA afecta principalmente tareas específicas, no necesariamente ocupaciones completas.
La Organización Internacional del Trabajo (OIT, 2023) concluye que la IA generativa tiene mayor potencial para complementar el trabajo humano que para sustituirlo completamente, especialmente cuando las actividades requieren juicio, interacción humana, creatividad o toma de decisiones complejas.
Esto significa que las competencias más valiosas seguirán siendo profundamente humanas: liderazgo, pensamiento crítico, creatividad, inteligencia emocional, negociación, comunicación e innovación.
La IA procesa información.
Las personas generan confianza.
La IA propone respuestas.
Las personas toman decisiones.
Ante este contexto, el verdadero riesgo no es que la IA quite todos los empleos. El riesgo es que los profesionales que aprendan a trabajar con IA sean considerablemente más productivos que quienes decidan ignorarla.
Como ocurrió con Excel hace décadas o con Internet posteriormente, la ventaja competitiva ya no estará únicamente en el conocimiento técnico, sino en la capacidad para integrar la tecnología al trabajo diario.
¿Qué significa esto para Recursos Humanos?
El Informe sobre el futuro del empleo 2025 del Forum Económico Mundial estima que durante los próximos años, millones de empleos serán transformados por la automatización y la IA, pero también se crearán nuevos puestos relacionados con tecnología, análisis de datos, sostenibilidad y habilidades humanas.
Por ello, Recursos Humanos necesita cambiar la conversación. Ya no basta con preguntar ¿qué puestos desaparecerán?
Las preguntas estratégicas son:
- ¿Qué tareas podemos automatizar?
- ¿Qué competencias deberán desarrollar nuestros colaboradores?
- ¿Cómo rediseñamos los puestos de trabajo?
- ¿Cómo capacitamos a nuestros líderes para convivir con la IA?
- ¿Cómo fortalecemos las habilidades exclusivamente humanas?
De esta manera, el efecto Jevons nos recuerda que la eficiencia tecnológica no necesariamente reduce el trabajo humano; con frecuencia aumenta la demanda de nuevas capacidades, nuevos servicios y nuevas oportunidades.
La inteligencia artificial probablemente eliminará actividades repetitivas y de bajo valor agregado. Pero también impulsará nuevos modelos de negocio, nuevas profesiones y una mayor necesidad de talento capaz de combinar tecnología con criterio humano.
Como profesionales de Recursos Humanos, nuestro mayor desafío no consiste en preguntarnos si la IA reemplazará personas. La verdadera pregunta es si estamos desarrollando las competencias que el futuro del trabajo demandará.


