Publicado: julio 17, 2026, 4:00 am
Lo que se dice antes de “pero” no cuenta mucho: lo más importante es lo que viene después de esa palabra, que algunas veces cambiamos por “sin embargo”. Con esto en mente, lean lo que dice Jameson Greer sobre la negociación del T-MEC: “Vamos bien con los mexicanos. Ellos son pragmáticos… PERO nuestro déficit comercial con México realmente es un desafío. Realmente es un problema”.
Las palabras del negociador en jefe de los asuntos comerciales del Gobierno estadounidense se emiten en un evento del Instituto Aspen, en Colorado, unos días antes de la reunión del 20 de julio, que será determinante para definir cómo será la revisión/renegociación del T-MEC. Es la primera después de que Estados Unidos anunciara su decisión de no renovar el acuerdo por 16 años. Será el primer episodio (o round) de lo que viene.
El superávit comercial de México frente a Estados Unidos es uno de los grandes éxitos de la economía mexicana en los últimos años. Reflejo de la integración con la mayor potencia económica del mundo y prueba de la competitividad del sector exportador mexicano. El desbalance a favor de México era de 63,271 millones de dólares en 2016, cuando Donald Trump ganó por primera vez las elecciones. Nueve años después, se había multiplicado por tres. En 2025, llegó a 197,000 millones de dólares.
Este éxito mexicano es realmente un problema cuando se adopta la perspectiva de Donald Trump y los halcones del MAGA, por ejemplo, Peter Navarro. Han abusado de nosotros, dicen de los países con los que tienen relaciones comerciales deficitarias. El libre comercio ha significado desindustrialización y empobrecimiento de los trabajadores de Estados Unidos.
El déficit de Estados Unidos con México no había sido parte de la narrativa del Gobierno de Trump. El temperamental presidente estadounidense lo había dejado pasar, pero hemos entrado a una nueva etapa.
Pongamos la lupa en el mensaje de Greer: el déficit comercial con México es preferible al que se tiene con otros países de Asia, PERO debe ser controlado, dijo en el evento del Instituto Aspen. “Queremos hacerlo en una forma que no genere disrupción en las cadenas de valor, PERO queremos incentivar que las cadenas de valor se muevan a Estados Unidos”.
Otra vez, atención con el PERO. Queda claro que Jameson Greer ha tomado nota de uno de los argumentos que ha esgrimido Marcelo Ebrard y el equipo de la Secretaría de Economía. El contenido estadounidense en las exportaciones de China a Estados Unidos es menor al 5%, mientras que en el caso de las exportaciones mexicanas a Estados Unidos es varias veces mayor.
Lo anterior suena bien y es consistente con la argumentación que produjo la narrativa del nearshoring. México es la mejor opción que tiene Estados Unidos para el desacoplamiento respecto a China. El problema es que nos cambiaron el guion, los actores y hasta el título de la película. En tiempos de reshoring, no basta con compararse con China y demostrar que podemos ser un mejor socio que el dragón. En este contexto, cabe la pregunta: ¿puede México desacoplarse de China? Nuestras compras a ese país superan los 11,000 millones de dólares mensuales. Una parte de ellas son insumos que se incorporan a las exportaciones que hacemos a Estados Unidos. Es algo que tensa la relación entre los gobiernos, pero en el origen tiene que ver con decisiones de empresas que han construido sus cadenas de valor como si fueran un rompecabezas que va de Asia a América, ida y vuelta.
La cita del lunes entre México y Estados Unidos será complicada. De manera simbólica, coincide en el calendario con la audiencia de sentencia para el Mayo Zambada. ¿Podremos separar la agenda comercial de los temas de seguridad? La crisis de Sinaloa amenaza con contaminar la agenda comercial (o ya lo hizo). El trabajo de Marcelo Ebrard es impedirlo y lograr que en la mesa del T-MEC solo se hable de temas económicos y de reglas del juego en la relación comercial. México quiere que Estados Unidos quite los aranceles, mientras que en Washington avisan que se mantendrán los aranceles y se explorarán opciones adicionales para bajar el déficit.
Hay espacio para llegar a acuerdos, pero es muy reducido. Lo dijo Jameson Greer en Colorado: “Queremos fortalecer las cadenas de valor en América del Norte, con una mayor producción hecha en Estados Unidos y una parte complementaria para México”. ¿De qué tamaño es esa parte complementaria…? ¿Para cuánto nos alcanza?
