Publicado: julio 15, 2026, 1:00 pm

Más de dos semanas después del doble terremoto que devastó el litoral central de Venezuela, la tragedia no solo se mide en víctimas mortales, heridos o familias desplazadas, sino también en lo que queda tras el desastre.
Por DW
Mientras las operaciones de rescate se ocupan de recuperar víctimas mortales y las autoridades buscan erigir viviendas para unas 20.000 personas que perdieron sus hogares, existe una montaña de aproximadamente 1,28 millones de toneladas de escombros. Su manejo preocupa a expertos ambientales, que advierten que una gestión inadecuada de los residuos causaría daños a los frágiles ecosistemas marinos de La Guaira y eso podría desencadenar otros riesgos.
Jorge Rodríguez, jefe de la Comisión Presidencial del Estado Mayor para los Campamentos Transitorios y Proyectos de Vivienda y hermano de Delcy Rodríguez, enfatizó en rueda de prensa que “bajo ningún concepto, ni a nosotros ni a los expertos internacionales que convocamos, se nos va a ocurrir la peregrina idea de lanzar los escombros de las edificaciones colapsadas al mar”. Además, aseguró que las autoridades estudian mecanismos para clasificar y reutilizar más de un millón de toneladas de residuos.

Sin embargo, hay denuncias que muestran cascotes depositados en sectores de la franja costera de La Guaira, algunos de ellos directamente expuestos al oleaje del mar. “Utilizar el océano como vertedero es una forma de ocultar una catástrofe, que solo posterga y magnifica sus consecuencias”, advierte a DW la bióloga y especialista ambiental Cristina Fiol, profesora de la Universidad de Margarita y consultora de la ONG Clima21.
Según datos oficiales, 189 edificios colapsaron por completo el 24 de junio tras la actividad sísmica. Los satélites del programa europeo Copérnico calculan que son 434 los bloques destruidos y más de 1.300 edificaciones afectadas. Para Cristina Fiol, la gestión del material de derrumbe “no es solo un reto de ingeniería; es una crisis de gestión y gobernanza ambiental, basada en viejos y peligrosos paradigmas, como la creencia de que el mar es infinito”.
Impacto ambiental y humano
A raíz de las denuncias que alertan sobre el desecho de escombros en el mar, Fiol advierte que la reacción del cemento con el agua de mar puede elevar el pH a niveles hiperalcalinos y provocar daños en los tejidos de la fauna marina, lo que podría extenderse a otras costas del litoral.

Eso tendría un impacto directo sobre innumerables especies, ya que la presión de los residuos sobre el suelo marítimo causa un “daño físico que elimina estructuras tridimensionales complejas que han tardado décadas o más tiempo en consolidarse”.
La bióloga también agrega que “el consumo de productos del mar contaminados expone a la población a enfermedades gastrointestinales agudas, infecciones cutáneas y riesgos crónicos, convirtiéndose en un problema de salud pública”.
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