Publicado: julio 11, 2026, 3:00 am
La consternación se ha cernido sobre España y concretamente sobre la provincia de Almería tras el terrible incendio declarado en Los Gallardos, en Bédar. El fuego, con tremenda crueldad, tomó por sorpresa a muchos de los residentes de este pequeño pueblo almeriense, que se ha cobrado ya más de una decena de víctimas mortales mientras otros tantos continúan desaparecidos. La rapidez de las llamas hizo que muchas de las personas se vieran obligadas a tomar caminos alternativos para escapar, pero se habrían encontrado con una auténtica trampa, según han podido declarar algunos de los presentes en la zona.
Tal relato ya es estremecedor y la preocupación es máxima tanto para el pueblo como para los familiares de los desaparecidos. En este sentido, el 112 tiene activo desde el viernes por la mañana un teléfono de atención psicológica para los afectados. Y, es que, el papel de la psicología de emergencias y catástrofes es primordial en una tragedia como la de Almería. Desde 20bien, hablamos precisamente de esto con Nerea Pérez Uria, miembro de la junta de la Sociedad Española de Psicología Aplicada a Desastres, Urgencias y Emergencias (SEPADEM).
¿Qué ocurre en la mente en el momento de un tragedia como el incendio de Almería?
Hay quien tiende a pensar que nada más vivir una tragedia como el incendio de Los Gallardos puede generarse un trauma psicológico, pero lo cierto es que según explica la psicóloga Pérez Uria se desata «una respuesta normal de supervivencia». La especialista relata que el cerebro entra en una fase en la que se centra en proteger su vida y esto puede dar lugar a muchas acciones y emociones diferentes como «shock, incredulidad, confusión, miedo, llanto, hipervigilancia o incluso una aparente frialdad emocional».
Cuando un psicólogo de emergencia entra en acción con personas afectadas, estas son las «reacciones esperables ante una situación extraordinaria». No por ello, cuenta Nerea, «deben confundirse con un «trastorno psicológico» inminente. Y, es que, la especialista nos confirma que uno de no de los mayores mitos es pensar que toda persona que vive una catástrofe desarrollará un trauma psicológico. «La realidad es que la mayoría experimentará un intenso malestar emocional en los primeros días, pero también se recuperará de forma natural con el apoyo adecuado», revela.
Otros de esos mitos o errores de creencia es que existe una forma «correcta» de reaccionar. Ante una catástrofe o emergencia es muy común ver a personas actuar de diferentes formas. «Hay personas que lloran, otras permanecen serenas, algunas necesitan hablar y otras prefieren centrarse en ayudar o mantenerse ocupadas. Todas estas respuestas pueden ser completamente normales», explica, añadiendo que tampoco hace falta hablar de inmediato sobre lo que ha acontecido por evitar el trauma, otro de los mayores errores.
¿Cuál es el objetivo de la psicología de emergencias?
El objetivo de la psicología de emergencias es acompañar, proteger y favorecer una recuperación saludable desde el primer momento», responde contundente la psicóloga. La cuestión no se reduce a una terapia, esa no es la finalidad, sino la de «brindar seguridad, reducir el impacto emocional, ayudar a las personas a ubicarse, ofrecer información clara, identificar a quienes necesitan atención urgente y trabajar junto con otros servicios de emergencia», añade.
En este sentido la psicóloga nos desvela que es tan importante lo que hace como lo que evita hacer, ya que «no obliga a nadie a contar lo ocurrido, no considera anormales las reacciones habituales ante una situación extrema y no actúa por su cuenta. Su objetivo es proteger, estabilizar y acompañar a las personas, ayudándolas a recuperarse de forma saludable dentro de un sistema organizado y coordinado.».
Precisamente, en cuanto a coordinación, la psicóloga Pérez Uria destaca a 20bien que «la atención psicológica en emergencias no puede improvisarse. Debe estar integrada en los dispositivos oficiales, coordinada con el resto de los servicios de emergencia y ser prestada por profesionales con formación específica. Una buena intervención no solo alivia el sufrimiento inmediato, sino que también protege a las personas afectadas, a sus familias y a los propios intervinientes, favoreciendo una recuperación más saludable y reduciendo el riesgo de consecuencias psicológicas a largo plazo».
Tranquilizar, escuchar y comunicar con sensibilidad
Más allá del papel de los psicólogos, los afectados tienen que afrontar la trágica situación con un entorno, en el que entran en juego familiares, amigos, interventores de emergencias e incluso los medios de comunicación. Y esta es la situación más vulnerable. «El mayor error es querer ayudar desde la buena intención, pero sin respetar las necesidades de la persona», explica Pérez Uria ante la oleada de ayuda que puede recibir en esos momentos una persona afectada por la tragedia.
La especialista insiste así en que hay que dar espacio y dejar a la persona hablar cuando esté preparada, además de evitar recurrir a las típicas frases de «tienes que ser fuerte» o «todo pasa por algo». Esto podría agravar su malestar, por eso, según la psicóloga, «lo que realmente ayuda en las primeras horas es ofrecer una presencia tranquila, escuchar sin presionar, facilitar apoyo práctico e información clara, y respetar el ritmo de cada persona»
Y, en esto, también juegan un papel importante los medios de comunicación desplazados hasta el lugar para dar la noticia. Según la psicóloga, «tienen una gran responsabilidad», que es la de «no invadir la intimidad de las víctimas ni convertir el dolor en espectáculo es una forma de protegerlas». En este sentido, la especialista es contundente, «comunicar con sensibilidad también es una manera de cuidar.»
Y una vez pasada la emergencia… ¿Qué ocurre?
Es el momento de la recuperación. La psicología sigue después de la emergencia. «En ese momento ayudamos a las personas a comprender y elaborar lo vivido, normalizamos muchas de las reacciones que pueden aparecer en los días o semanas posteriores e identificamos a quienes presentan señales de mayor vulnerabilidad y necesitan una intervención especializada», explica así la psicóloga.
En este proceso también entran familiares, intervinientes y comunidades afectadas, ya que «el impacto de una catástrofe va mucho más allá de las víctimas directas», relata Pérez Uria. El apoyo, la escucha y el respeto siguen después de la tragedia con el «objetivo es favorecer una recuperación saludable, prevenir la cronificación del sufrimiento y facilitar que las personas recuperen, poco a poco, su funcionamiento cotidiano y su proyecto de vida», concluye la psicóloga.
