Publicado: julio 9, 2026, 2:30 am
Hay que tener cuajo para que te gusten los ayatolás, los clérigos fanáticos que cuelgan a homosexuales y disidentes de las grúas más altas de Irán, pero hace apenas unas pocas semanas Donald Trump describÃa asà la situación del estrecho de Ormuz: «El tráfico marÃtimo a través del estrecho de Ormuz ya ha aumentado, el mundo generará billones de dólares y el mercado de valores seguirá al alza. La única diferencia es que se trata de un actor muy volátil, muy duro y, francamente, muy inteligente. Tienen en cierto modo una cultura primitiva, pero es una cultura primitiva genial. Son personas muy inteligentes y muy buenos negociadores».
A esta «cultura primitiva genial», y tras los ataques de la Guardia Revolucionaria a tres buques en Ormuz, Trump le acaba de anunciar que se ha acabado la frágil tregua alcanzada, lo que ha hecho que se desplomaran las bolsas mundiales y que la opinión del presidente estadounidense haya cambiado radicalmente. Son, han dicho, «personas enfermas, violentas y crueles; son unos mentirosos, algo les pasa; están locos».
En una de las pelÃculas más inquietantes de la historia del cine, La noche del cazador, el malvado predicador interpretado por Robert Mitchum llevaba tatuada la palabra love, amor, en una de sus manos, y hate, odio, en la otra. Trump tiene también un escaso repertorio de adjetivos, positivos o negativos, pero siempre en grado superlativo. En El arte de la negociación, su libro autobiográfico escrito antes de ser presidente, mantiene que su éxito se debe a que juega con las expectativas: «La gente quiere creer que algo es lo mejor, lo más grande, lo más espectacular. Yo lo llamo la hipérbole verdadera. Una forma de exageración inocente y una forma muy efectiva de promoción».
Lo mejor es tomarse de esta manera la andanada que ha lanzado contra España en la cumbre de la OTAN: «España es un socio pésimo», ha dicho ante la arrobada mirada del director general de la organización, Mark Rutte, antes de lanzar la amenaza de que cortará toda relación comercial con nuestro paÃs. El caso es que España es un «socio pésimo» más de palabra que de obra, ya que el gasto en Defensa ha aumentado exponencialmente desde 2019, es decir, con los gobiernos de Pedro Sánchez. El presidente español, ciertamente, ha plantado cara al estadounidense con declaraciones rotundamente crÃticas contra el ataque a Irán o abanderando la condena del «genocidio» en Gaza. Pero más paÃses están ya en el punto de mira de Trump: Francia, Alemania o incluso la Italia de Giorgia Meloni, caÃda en desgracia por defender a León XIV y marcar perfil propio. En la lista de réprobos se encuentran Zelenski o Corina Machado; en la de ‘amigos’ coyunturales, Delcy RodrÃguez o Vladimir Putin… Igual que sus odios pueden ser volátiles, tampoco es recomendable que nadie te quiera como Trump.
Populista de manual, el presidente basó su ascenso en el enfrentamiento permanente: las élites contra el pueblo; la candidata que odia frente al lÃder que ama a la gente… La lucha de Estados Unidos contra Europa, que escenifica estos dÃas en la cumbre de Ankara, es una muesca más. Y ojalá que se quede en una de sus «hipérboles verdaderas».
