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Dos cornadas de Haaland acaban con Brasil

Publicado: julio 5, 2026, 6:30 pm

La sed es la sensación que domina a la muchedumbre ‘amarelha’ que toma el estadio Nueva York/Nueva Jersey en los octavos de final. No es tanta la sed de cerveza, refrescos o agua de otra tarde tropical en el valle del Hudson. Es sed de Mundial. Brasil, la gran potencia histórica del fútbol, no bebe de la Copa del Mundo desde hace casi un cuarto de siglo, desde 2002, el Mundial de Japón y Corea del Sur . En las últimas cinco ediciones, un equipo europeo les ha echado del torneo. Incluida la humillación del 1-7 contra Alemania en su casa, en 2014. Este domingo, con la ‘Seleçao’ con menos brillo de estrellas que se recuerda, se topa con otro equipo europeo: Noruega. ¿Cómo se quita la mancha que te han dejado los europeos? Con otro europeo: Carlo Ancelotti. Pero el experimento no funciona: lo desbarata un Haaland que se va del partido con doblete y que mantiene a Noruega en su sueño futbolístico. Brasil se impone en la grada desde el primer minuto, muy superiores a los noruegos, que parecen más una tribu que una nación vikinga. Pero no se imponen tanto en el juego. Los de Ancelotti se sienten cómodos dando la iniciativa a Noruega. Casi les cuesta un revolcón nada más empezar. Berg, el escudero de Odegaard en el centro del campo, manda el balón a la red brasileña tras centro de Sorloth. Pero el grandullón del Atlético de Madrid partió en fuera de juego. Todavía es mayor el susto, poco después, para Noruega. El central Ajer barre sin sentido a Cunha dentro del área y regala un penalti a Brasil. Es la primera muestra de los agujeros defensivos de los noruegos, que tienen la fiereza concentrada en su estrella, Haaland. «Este no falla nunca», dice alguien sobre Guimaraes, que agarra la pelota en los once metros. Brasil no había fallado un penalti en un Mundial en cuarenta años. Pero Nyland, de lo mejor de Noruega en el torneo, acierta el lanzamiento a la derecha y rechaza la pelota con una estirada magnífica. Un bajonazo para la torcida ‘canarinha’ y para el partido, que cae en la intranscendencia. Brasil entrega la posesión a Noruega, que tampoco sabe muy bien qué hacer con ella. Hay más intensidad en la grada cuando la gente baila al ritmo de ‘Macarena’ durante la pausa de hidratación. Pese al sopor, ambos pueden adelantarse. La tiene Vinícius , después de un regalo de Odegaard, que pierde la pelota en un regate en su propia área. Poco después, el mismo Odegaard tiene la ocasión de resarcirse, pero su disparo se estrella contra Becker. Haaland se va al vestuario sin apenas haber tocado el balón. Eso no es noticia en él, no le hace falta. Lo nuevo es que no provoque peligro. La batalla con Gabriel, el central brasileño del Arsenal, es tremenda. Gabriel resiste, por ahora. Ancelotti mueve piezas en la segunda parte. Mete a Endrick, muy reclamado por la grada, que se pierde de manera bochornosa un mano a mano con Nyland. Y saca, sobre todo, a Neymar. Es el minuto 66 y el técnico italiano, que busca el más difícil todavía en su aventura brasileña, apuesta por el ‘enfant terrible’ del fútbol brasileño. La grada ‘amarelha’ cae en la locura. Es la menos europea de las decisiones que puede tomar Ancelotti para salvar el barco: que su redentor sea el talentoso pero irregular y deteriorado Neymar. Ancelotti acelera en los cambios. Han entrado también Danilo y Éderson. Contra Japón, en dieciseisavos, su movimiento del banquillo es decisivo para remontar. Aquí el efecto no se produce. La salida de Neymar solo provoca aclamaciones en la grada, ningún impacto positivo. Noruega mantiene el dominio, sin ocasiones. Haaland solo necesita una. Y le llega. Y la mete. Schjelderup, que ha salido en la segunda parte, mete un centro al área. Haaland le gana la posición con fuerza a Gabriel y conecta de cabeza, imposible para Becker. Brasil lo intenta pero se topa con Nyland, héroe de nuevo con una parada primorosa a un balón que salió de la bota de su compañero Ajer. Se juega el tipo, pero la salva en escorzo. Pero Haaland vuelve a por más. Recibe en la frontal, de nuevo de pase de Schjelderup. No se lo piensa y manda un misil cruzado y bajo. Se ha soltado literalmente la coleta. Firma un doblete, para un total de siete goles en el Mundial. Brasil vuelve a sufrir su maldición europea. Tampoco Ancelotti salva la depresión mundialista de la ‘canarinha’. La cara de Brasil es un Neymar envejecido, sin piernas ni magia, que se mete en tanganas y que anota un gol de penalti injusto en el último suspiro. A él y a su país se les ha olvidado el fútbol.

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