Publicado: junio 28, 2026, 9:00 pm
Durante los primeros años del automóvil conducir era una experiencia bastante más incierta de lo que hoy imaginamos. El conductor debía atender al camino, controlar el vehículo, esquivar baches, vigilar a peatones y, además, adivinar lo que sucedía detrás de él. La carretera era un territorio de sorpresas y una de las más incómodas era no saber quién venía por detrás hasta que ya era demasiado tarde. En ese contexto el espejo retrovisor no fue una excentricidad ni un lujo técnico: fue una respuesta práctica a una carencia muy concreta. Los primeros automovilistas aprendieron pronto que girar la cabeza para mirar hacia atrás era una maniobra torpe y peligrosa. Cada vez que lo hacían, abandonaban durante unos segundos la escena… Ver Más
