Publicado: junio 24, 2026, 6:30 pm
A medida que publicar vídeos a internet dejó de ser percibido como un simple hobby al que dedicar el tiempo de ocio para consolidarse como una industria en sí misma, capaz de generar ingresos millonarios para agencias, marcas y creadores de contenido, paralelamente se extendió la creencia popular de que los llamados «influencers» viven rodeados de lujos y todo tipo de comodidades.
Esto se debe en gran medida a la imagen idílica que muchos de ellos proyectan habitualmente en sus perfiles públicos, mostrando en redes sociales sus escapadas y experiencias de ensueño a lo largo del año, sus estancias en alojamientos exclusivos y, en general, exhibiendo un estilo de vida que, a simple vista, está al alcance de pocos bolsillos.
Con el fin de desmontar esta idea aparentemente errónea y de enseñar esa parte no tan agradable de su sector, Mailen Borda Aberastain Oro, una emergente influencer que también se dedica a la enseñanza, publicó hace unos días un breve vídeo en el que se quejaba, precisamente, de esa idea de que «ser influencer es todo lujo y comodidades».
Para ello, la también profesora de inglés se grabó a sí misma en la parte trasera de un vehículo mientras se cambia de ropa bajo la presión de cumplir con sus compromisos profesionales y personales. «Pero lo haría una y otra vez», expresaba ella en su post, dejando caer su pasión por seguir desarrollando su carrera como influencer.
Lejos de suscitar empatía hacia el esfuerzo y la dedicación de sus compañeras de sector, el viral vídeo, que ya supera los dos millones de visualizaciones en TikTok, recibió una oleada de indignación entre los usuarios, que llevó a la joven a desactivar los comentarios a las pocas horas de su publicación para desvincularse de las críticas.
No obstante, en otras redes sociales como X no tardó en surgir un debate paralelo que ponía el foco en la supuesta necesidad de los creadores de contenido de justificar los ingresos que obtienen en redes sociales haciendo hincapié en la dedicación, constancia y esfuerzo que realizaría en su día a día para cumplir con sus compromisos.
«Lo de que las influs intenten hacer como que están picando en la mina cuando esto es cualquier día normal de una tía que trabaja un viernes por la mañana y tiene que ir a una boda por la tarde… ¡No puedo más!», expresaba la popular usuaria de X @elojoquetodolov, una de las primeras voces en opinar al respecto.
Aunque, por el momento, Mailen ha evitado pronunciarse públicamente al respecto, la polémica ya está servida entre numerosos usuarios que coinciden que se trata de una situación que, a todas luces, no desmonta los prejuicios en torno a su «vida de lujos» o que refleja las complejas condiciones laborales del sector.
«No sé qué pretendía, ¿que la vistan tres sirvientes como a María Antonieta?» , «ya quisiera yo ganar dinero con mis incomodidades» o «definitivamente el trabajo más duro de todos los tiempos» son solo algunas de las reacciones.
