Publicado: junio 24, 2026, 10:30 am
En el mundo de los entrenadores para gustos los colores. Los hay del más variado pelaje, desde los grandes conquistadores de títulos a través de la gestión de vestuarios repletos de estrellas hasta los más esforzados estrategas, tenaces motivadores capaces de motivar a grupos cargados de limitaciones en pos de la supervivencia. En este crisol de los banquillos abundan los experimentados en el trabajo diario en los clubes pero no hay tantos especialistas en el fútbol de selecciones nacionales, menos todavía en el caso de los combinados más alejados de la élite, para los que el gran triunfo es llegar a un Mundial y competir de tú a tú en la cita más esperada. Entre esta clase de técnicos, de la que el legendario Velibor ‘Bora’ Milutinovic ejerce como ejemplo paradigmático, ha encontrado su sitio en el fútbol el portugués Carlos Queiroz. Su última hazaña, conseguir que Ghana secase a Inglaterra, una de las grandes candidatas al título, y se garantizase el pase a la ronda eliminatoria del campeonato después del triunfo por la mínima, en el descuento, frente a Panamá. La selección africana, cuartofinalista en Sudáfrica 2010 después de rozar las semifinales en la recordada eliminatoria frente a la Uruguay de Luis Suárez, Forlán y compañía, sigue la estela de aquel equipo liderado por Asamoah Gyan, el último de las Estrellas Negras capaz de superar la fase inicial de un Mundial. Sus virtudes, muy definidas, pasan por una enorme resistencia defensiva, capaz de mantener su puerta a cero en los dos primeros partidos del torneo. Lograrlo frente a Panamá tiene su mérito, pero anular a los Kane, Bellingham, Saka y compañía parece ya una tarea hercúlea, que habla muy bien de la pizarra de Queiroz, consumado experto en fabricar conjuntos graníticos para hacer frente a adversarios a priori bastante más cualificados. En ataque cuenta con Antoine Semenyo, estelar refuerzo invernal del Manchester City, que no es poca cosa. También con Iñaki Williams, pero lo suyo es plantear defensas numantinas, con Thomas Partey como ancla en el centro del campo, bajo el propósito de resistir fases de agudo dominio del rival, como ocurrió frente a los Three Lions, que acumularon más del 70% del control del balón sin premio alguno. Es el sello propio de Queiroz, que de esto de los Mundiales ya sabe un rato. Es su quinta cita planetaria consecutiva, después de las que vivió como seleccionador de Irán en Catar 2022, Rusia 2018 y Brasil 2014, sin superar la fase de grupos a pesar de competir, y de su debut en estas lides, al frente de la Portugal de Cristiano Ronaldo que se topó en octavos de final de Sudáfrica 2010 con el potencial de una España a la postre campeona. Compensa el curioso dato que le sitúa como el técnico con más partidos sin marcar en la historia de los Mundiales, ocho, con una fiabilidad defensiva proporcional. Desde aquella experiencia con los crepusculares Galácticos de la temporada 2003-04, cuando lo que prometía un curso triunfal acabó tornando en pesadilla, con un final de campaña en el que el Real Madrid perdió la final de la Copa del Rey contra el Zaragoza, naufragó en cuartos de la Champions frente al Mónaco de Morientes y se hundió en el epílogo de la Liga hasta el cuarto puesto, Queiroz no ha vuelto a ejercer como entrenador principal en un club. Regresó junto a Alex Ferguson, como ayudante del escocés en el Manchester United, el mismo cargo que había dejado para atender la llamada de Chamartín, y tras aquella etapa regresó a la senda del fútbol de selecciones, que previamente le había aupado desde las categorías inferiores del balompié luso, con los títulos mundiales sub-20 de 1989 y 1991, hasta la absoluta portuguesa (1991-1993), para después asumir la dirección técnica de los Emiratos Árabes Unidos (1998-1999) y de Sudáfrica (2000-2002). Otra vez Portugal (2008-2010), Irán (2011-2019 y 2022), Colombia (2019-2020), Egipto (2021-2022), Catar (2023), Omán (2025-2026) y ahora Ghana adornan la trayectoria de este auténtico especialista en la competición de combinados nacionales, que en Estados Unidos, México y Canadá iguala la marca de Milutinovic (cinco Mundiales consecutivos), aunque con tres selecciones distintas en lugar de las cinco del serbio. De momento ya está en la siguiente ronda, los dieciseisavos, pero las Estrellas Negras del portugués amenazan con seguir frustrando a rivales poderosos a través de la pizarra de su experimentado director de orquesta.
