Publicado: junio 21, 2026, 6:30 am
Fue una triste despedida de ‘La Quinta del Buitre’ en su última gran cita mundialista. Una generación de futbolistas que habÃa marcado la década de los 80 con cinco Ligas consecutivas y un estilo de juego que contribuyó a suscitar grandes expectativas. El Mundial de 1990 en Italia volvió a defraudar a los aficionados que confiaban en esta hornada de jugadores del Real Madrid , nacida en el seno del Castilla, el filial del equipo blanco. VestÃan en esta ocasión la camiseta nacional seis ilustres representantes de ‘La Quinta’. Eran Chendo, SanchÃs, MartÃn Vázquez, Pardeza, Michel y Butragueño, que acudió a Italia con 26 años y la leyenda de sus cuatro goles en Querétaro a Dinamarca. Otro madridista más joven los acompañaba: Fernando Hierro. Todos ellos formaban la base de una selección en la que también estaban Zubizarreta, Andrinua, Fernando, Gorriz, Bakero, Roberto y Julio Salinas, de calidad contrastada en sus clubes. La Roja cayó en octavos frente a Yugoslavia tras ganar la fase de grupos y volvió a casa con la sensación de impotencia y frustración. Flotaba en el ambiente la idea de una maldición porque España habÃa sufrido una mezcla de mala suerte y resultados adversos en las cuatro ediciones consecutivas en las que habÃa participado. El seleccionador en Italia era Luis Suárez, Balón de Oro y vieja estrella del Inter, que habÃa sucedido a Miguel Muñoz tras el fiasco de la Eurocopa de 1988. Sólo permanecerÃa tres años en el cargo, que fueron una verdadera pesadilla. Suárez era un hombre prudente, educado y poco amante de las polémicas. Nunca pudo hacerse con las riendas de un equipo sometido a un escrutinio constante de los medios. La clasificación llegó con dificultades en un grupo disputado con Irlanda, HungrÃa, Irlanda del Norte y Malta. España no convenció, pero quedó primera pese a un desempeño mediocre. En su mejor partido, derrotó 4-0 a HungrÃa en el Sánchez Pizjuán . Siguiendo la tradición, el debut en Italia fue decepcionante. Empató (0-0) en un encuentro soporÃfero en Udine, sin apenas disparos a puerta. Las crÃticas fueron durÃsimas. Dolidos por las crónicas, los jugadores saltaron al campo para reivindicarse frente a Corea del Sur. España ganó 3-1 con goles de Michel, en estado de gracia. En el tercer y último partido de la primera fase, España derrotó a Bélgica por 2-1, sellando su clasificación para octavos. Los belgas habÃan sido los verdugos de la Roja en el Mundial de 1986. España salió como favorita frente a Yugoslavia en Verona. Tomó la iniciativa desde el saque de centro y dominó a los balcánicos, encerrados en su área. Butragueño disparó al palo y Salinas falló un gol cantado. En el minuto 78, Stojkovic recibió un balón al borde del área, recortó a un defensa y batió a Zubizarreta. Seis minutos después, Salinas remachó un balón a puerta vacÃa. El partido se perdió en la prórroga cuando Stojkovic, el cerebro yugoslavo, marcó de una falta en la que Michel dejó un hueco en la barrera al agachar la cabeza. El balón superó por unos centÃmetros a los defensores y cayó a plomo con un efecto diabólico en las redes de la porterÃa sin que Zubizarreta pudiera llegar a tocarlo. España atacó a la desesperada en los últimos minutos, pero el gol no llegó. Es cierto que la Roja habÃa hecho méritos para pasar a los cuartos, pero la derrota no fue injusta porque los yugoslavos fueron tácticamente superiores y aprovecharon sus pocas ocasiones. Un Suárez impotente fue expulsado del banquillo. En las semifinales, Argentina, que habÃa eliminado a Yugoslavia, logró superar a Italia por penaltis. Alemania derrotó a Inglaterra también por el mismo procedimiento. En la final, los alemanes se impusieron por 1-0 a Argentina. Fue un Mundial que no rayó a la altura del anterior en México donde se disputaron partidos que han pasado a la historia del fútbol. En esta ocasión, el tacticismo se impuso sobre las individualidades y España perdió la enésima ocasión de demostrar su teórico poderÃo.
