Publicado: junio 18, 2026, 2:30 am
El acuerdo interino alcanzado por Estados Unidos y la República Islámica de Irán no convence a nadie en Israel. El memorando de entendimiento, cuyos detalles han trascendido en las últimas horas, ha unido en su rechazo tanto al gobierno de Benjamin Netanyahu, la oposición y la sociedad civil. La percepción casi unánime en el país es que al no incluir restricciones inmediatas al programa nuclear —ni de misiles— de la República Islámica ni detener el apoyo de Teherán a sus milicias aliadas en la región —con Hezbolá a la cabeza—, el pacto amenaza la seguridad de Israel, que queda en una situación de vulnerabilidad. Y ha puesto en evidencia los límites de la influencia de Tel Aviv —que ha sido sistemáticamente excluido de las negociaciones— sobre la Casa Blanca.
“El único punto de acuerdo claro es la apertura del estrecho de Ormuz”, afirma a 20minutos la política israelí y profesora asociada de la Universidad Hebrea de Jerusalén Ksenia Svetlova. “Pero los otros puntos que son importantes para Israel, la cuestión nuclear, el programa de misiles balísticos y el estatus de los proxy de Irán, no están mencionados en absoluto. No estamos más cerca de la solución que lo estábamos antes de la guerra o durante la misma”, asegura.
“Desde Israel, el acuerdo se percibe como resultado de una clara posición de dominio por parte de Teherán, que fue el que puso sus condiciones a Estados Unidos”, asevera la investigadora asociada del Atlantic Council, para concluir a este medio que “Irán se ha visto reforzado y envalentonado con esta guerra y sus consecuencias, y su liderazgo es ahora incluso más extremo que antes”.
En una línea semejante se expresa el analista político y periodista israelí Ofer Laszewicki. “El acuerdo es malo para los intereses de Israel y es malo para los intereses políticos de Netanyahu. Hay que recordar que toda esta campaña para neutralizar el programa nuclear del régimen iraní ha sido la principal premisa sobre la que Netanyahu ha sostenido su carrera política en la última década”, asegura a 20minutos el director del podcast especializado en Israel y Oriente Medio Alhayam.
“Después de cómo han transcurrido los hechos, el comandante en jefe de facto del Ejército israelí es Donald Trump, y eso no es bueno para el interés de Israel”, recuerda Laszewicki. “Que un líder tan volátil, tan inestable, tan megalómano al final sea quien tenga el botón sobre dónde y cuándo y cómo se puede operar. Lo que ha quedado claro en esta guerra contra Irán es que los intereses de Israel y de Estados Unidos eran muy divergentes”, concluye el autor del libro Israel fuera de foco.
Desde Israel, el acuerdo se percibe como resultado de una clara posición de dominio por parte de Teherán, que fue el que puso sus condiciones a Estados Unidos
Lo cierto es que el primer ministro Benjamin Netanyahu se marcó tres objetivos irrenunciables al comenzar la contienda: el desmantelamiento total y definitivo de la infraestructura nuclear iraní, la neutralización de su programa de misiles balísticos y el cambio de régimen en Teherán. Ninguno de los tres se ha cumplido transcurridos casi cuatro meses del inicio de la operación militar israelo-estadounidense el 28 de febrero pasado.
Así las cosas, en lugar de certificar la capitulación de Irán, el memorando establece una tregua militar y pospone la discusión detallada sobre el uranio enriquecido para una segunda fase de negociaciones técnicas de 60 días, que debería entrar en vigor a partir de la firma este viernes del acuerdo. En su última rueda de prensa, Netanyahu aseguró que mientras él sea sea primer ministro “Irán no tendrá armas nucleares”.
Obligado por la eliminación de gran parte de su cúpula política y militar tanto en la guerra de este año como en la de junio de 2024 —empezando por el ayatolá Jamenei—, el régimen de los mulás sobrevive con una nueva generación al frente, acaso más radical. La sensación desde Israel es la de una cierta traición por parte de Trump —uno de los presidentes estadounidenses más queridos de la historia en Israel— a pesar de sus promesas de cambio de régimen tras la sangrienta operación de las fuerzas armadas de la República Islámica para aplastar la revuelta del pasado mes de enero en las calles iraníes.
Sin duda, uno de los puntos que genera mayor alarma en los círculos de seguridad de Israel es el alivio económico masivo que recibirá Irán. El acuerdo contempla la reapertura inmediata y sin peajes del estrecho de Ormuz, el levantamiento del bloqueo naval estadounidense sobre los puertos iraníes, la liberación de miles de millones de dólares en activos iraníes congelados en el extranjero y la concesión de exenciones temporales a las sanciones para permitir que Irán vuelva a comercializar su petróleo en los mercados globales.
Desde la perspectiva del Gobierno de Israel, reinyectar liquidez a la economía iraní es un error geoestratégico. En lugar de forzar la caída de un régimen debilitado tras las intensas protestas internas de principios de año, Estados Unidos le otorga un salvavidas financiero. Israel argumenta que esos fondos no se destinarán a la población, sino a reconstruir las capacidades militares dañadas por los bombardeos aliados y a refinanciar sus redes de influencia regional.
La supervivencia de Hezbolá
Con todo, el desacuerdo más explícito y cuyas consecuencias son más inmediatas se sitúa en el Líbano. El texto promovido por los mediadores exige un cese de hostilidades inmediato en “todos los frentes”, incluido el país de los cedros. Irán ha dejado claro que la tregua general está condicionada a la retirada militar total de las tropas israelíes del sur del Líbano. Por su parte, Israel ha dejado claro de boca del propio Netanyahu que mantendrá de forma indefinida sus operaciones militares y tropas en el sur del Líbano para combatir a Hezbollah, desmarcándose así del acuerdo. Al no ser parte firmante del tratado, Israel considera que mantiene intacto su derecho a la legítima defensa.
No en vano, las Fuerzas israelíes continuaban este miércoles combatiendo —y tratando de avanzar en su operación terrestre— a la principal fuerza paramilitar leal a Teherán en Oriente Medio en el sur de Líbano, concretamente en la región de Nabatiyeh y en el distrito de Tiro, a pesar de que Irán ha amenazado con “una respuesta severa” a los bombardeos israelíes.
La dureza de los choques entre las Fuerzas de Defensa e Hezbolá en suelo libanés en los últimos meses da cuenta de las renovadas capacidades militares de la fuerza más poderosa —irrenunciable hoy por hoy para Teherán— del ‘eje de la resistencia’. El nuevo acuerdo no incluye mecanismos verificables para desarmar o neutralizar a la organización, por lo que detener la campaña militar ahora significaría, para Tel Aviv, dejar la amenaza intacta a las puertas de su territorio, con decenas de miles de personas en el norte desalojadas de sus hogares desde 2024.
La quiebra de confianza con Washington
La forma en que se gestó el acuerdo representa un punto de inflexión muy tenso en las cada vez más complejas relaciones entre Trump y Netanyahu. La Casa Blanca denegó a Israel el acceso directo al borrador del memorando de entendimiento, dejando a su principal aliado en la región en la total ignorancia sobre la letra pequeña de las negociaciones.
Trump ha expresado abiertamente su frustración con el primer ministro israelí, criticando los bombardeos de las FDI en Beirut por considerar que ponían en riesgo el éxito de sus gestiones diplomáticas. Para el mandatario estadounidense, la prioridad absoluta se ha desplazado hacia la estabilización de los mercados energéticos globales, la reducción del precio del petróleo y el fin de un conflicto que amenazaba con arrastrar a la economía mundial.
Israel, por el contrario, ve este viraje como un abandono de la doctrina de “presión máxima” a cambio de un rediseño del acuerdo nuclear de 2015, el cual siempre consideraron problemático. Así las cosas, y ante la evidencia de que Washington prioriza sus propios intereses internos, la seguridad de Israel dependerá en mayor medida de sus propias capacidades, en un Medio Oriente donde su principal enemigo regional puede haber salido fortalecido.
La tormenta política interna ante las elecciones
El rechazo al acuerdo también responde a incentivos de política interna en un año electoral crítico para Israel, cuyas elecciones parlamentarias están fijadas para octubre. El espectro político israelí se ha unificado en su descontento, aunque por motivos opuestos: ministros del ala dura como Itamar Ben Gvir (Seguridad Nacional) y Bezalel Smotrich (Finanzas) han desautorizado públicamente el documento.
Por su parte, la oposición moderada y de centro-izquierda como Yair Lapid, Naftali Bennett y Yair Golan han utilizado el acuerdo para atacar duramente la gestión de Netanyahu. Lapid acusó al primer ministro de canjear la prometida “victoria total” por un “fracaso absoluto”, subordinando la seguridad nacional de Israel a las decisiones unilaterales de Washington.
“A las puertas de unas elecciones en el mes de octubre lo que ha quedado en evidencia es que la estrategia de guerra sin fin diseñada por Netanyahu no funciona»
En definitiva, a pocos meses para las elecciones y acorralado políticamente, el impasse deja a un Netanyahu herido que tendrá que esperar antes de desafiar a Trump y actuar por su cuenta en el frente libanés e iraní. “A las puertas de unas elecciones en el mes de octubre lo que ha quedado en evidencia es que la estrategia de guerra sin fin diseñada por Netanyahu no funciona”, concluye el escritor y periodista Ofer Laszewicki.
“Primeramente, Israel va a esperar y ver para asegurarse de que este acuerdo es en realidad estable: 60 días no es demasiado tiempo”. “En dos meses, antes del fin del verano, veremos si el acuerdo es viable y si nos lleva a un lugar nuevo, a una substancia real. Pero creo que será muy difícil desarrollar en este tiempo algún acuerdo razonable que sea satisfactorio para Israel”, concluye la ex diputada y profesora de la Universidad Hebrea de Jerusalén Ksenia Svetlova.
Entrevistado por The New York Times, el ex director de The Jerusalem Post Yaakov Katz recordaba que una de las consecuencias del acuerdo para Israel era el regreso a su posición estratégica anterior al 7 de octubre, día en que el ataque de Hamás en el sur de Israel desencadenó la guerra en Gaza. Y aseguraba que sus tres grandes rivales, Irán, Hamás y Hezbolá, se encuentran en disposición de sentirse ganadores de la contienda que se libra en la región camino de los tres años.
A juzgar por lo precario y volátil del acuerdo —Trump advirtió este miércoles ya de una vuelta a las andadas—, de mantenerse la negativa de las tropas israelíes a abandonar el sur del Líbano y la continuidad de sus ataques selectivos contra las milicias proiraníes, el memorando de entendimiento corre el riesgo de convertirse en un breve paréntesis diplomático antes de una inevitable reactivación de los combates a gran escala en Oriente Medio. Las próximas semanas, y el verano es siempre escenario propicio para las turbulencias en esta parte del mundo, dictará sentencia.
