Publicado: junio 16, 2026, 9:30 pm
La llegada del fenómeno climático El Niño a Asia-PacÃfico ha puesto en alerta a la región, ante posibles sequÃas y alteraciones climáticas, que en episodios anteriores causaron graves daños a los suelos, cultivos y actividad pesquera. Este martes, Tailandia y Australia han confirmado que la zona ha entrado oficialmente en la fase de El Niño, que se espera persista hasta principios de 2027 y que podrÃa ser más intensa de lo habitual, con temperaturas más elevadas, menos precipitaciones y un invierno más templado.
Este acontecimiento meteorológico es un evento natural, recurrente cada 3 a 7 años, que altera los patrones climáticos al calentar las aguas del PacÃfico, según define la Organización Meteorológica Mundial (OMM), aunque, con un planeta cada vez más cálido, sus efectos tienden a agravarse.
En el Sur y Sudeste Asiático, la fase más intensa coincide con la temporada del monzón, responsable de buena parte de las lluvias anuales que garantizan las reservas de agua, pero que, con la llegada de este fenómeno, suelen debilitarse al reducirse considerablemente las precipitaciones.
«Dado que este periodo aporta la mayor parte de las lluvias anuales, un monzón débil puede provocar escasez de agua» y en consecuencia «menor producción agrÃcola, problemas de seguridad alimentaria y un estrés socioeconómico generalizado», detalla el investigador indio Akshay Deoras, que asegura que «paÃses como Bangladesh, Nepal o Filipinas están particularmente expuestos».
De esta lluvia dependen especialmente la agricultura y la pesca, dos sectores clave para las economÃas en desarrollo de la región y esenciales para su proyección comercial, que encuentran en el arroz su mayor sustento.
El agricultor camboyano Bun Soeun aún recuerda las consecuencias del último episodio. En 2023 sus arrozales se secaron y la tierra se agrietó, frenando el crecimiento de los cultivos, que «no sobrevivieron por la falta de agua para el riego». Ahora teme que, con el nuevo episodio de El Niño, sus cosechas vuelvan a «reducirse entre un 50 y un 60%».
«El sector agrÃcola de Camboya aún no ha alcanzado un nivel de desarrollo suficiente y los agricultores como yo todavÃa dependemos en gran medida de las lluvias. Si llueve, sobrevivimos; si no, sufrimos», describe. «La elevada dependencia del sector primario y de las lluvias estacionales, junto con el riesgo de escasez de agua y el deterioro ambiental, sitúan a gran parte de la región en una posición especialmente vulnerable que, en algunos paÃses, se ve agravada por la deforestación y la degradación del suelo», indica asimismo la organización ecologista indonesia Auriga Nusantara.
Las organizaciones denuncian medidas obsoletas
Aunque El Niño es un fenómeno recurrente y sus ciclos permiten anticipar escenarios de sequÃa y estrés hÃdrico, agricultores como Bun y organizaciones locales denuncian que las medidas de prevención son obsoletas, afectando a millones de personas que dependen de unas lluvias cada vez más impredecibles.
En este sentido, organizaciones como Auriga Nusantara sostienen que «antes de que se produzca un fuerte fenómeno de El Niño, los Gobiernos deben priorizar las medidas de preparación», entre ellas, mejorar los sistemas de alerta, garantizar las reservas de agua, adaptar la agricultura a la sequÃa y reforzar la respuesta ante incendios y posibles episodios de escasez alimentaria.
Su impacto, sin embargo, va más allá del campo. El aumento de las temperaturas y las olas de calor puede tensionar los sistemas sanitarios, alterar la actividad turÃstica, afectar a la pesca por los cambios en los ecosistemas marinos o poner bajo presión al sector energético, especialmente en los paÃses que dependen de la generación hidroeléctrica.
En el caso de la pesca, «el aumento de la temperatura del mar» empuja a muchas especies «hacia aguas más frÃas y alejadas de la costa», obligando a los pescadores, especialmente a los de bajura, a «recorrer mayores distancias, asumir un mayor gasto de combustible y afrontar un aumento de costes» en un sector ya de por sà vulnerable, explica el presidente de la Asociación de Pescadores Tradicionales de Indonesia, Dani Setiawan.
Es por ello que la cientÃfica australiana Andréa Taschetto advierte de que, una mala gestión de El Niño, puede provocar «una serie de reacciones desafortunadas e interconectadas con efectos significativos» en muchas partes del mundo. La investigadora recuerda que tanto la fase cálida (El Niño) como su contraparte la frÃa (conocida como La Niña) seguirán siendo fenómenos naturales inevitables, pero que con el aumento de las temperaturas globales «generan una mayor incertidumbre sobre su impacto en el clima futuro».
