Publicado: junio 16, 2026, 5:30 am
Belfast, junio 2026. París, noviembre 1938. La historia siempre tiene sus rimas. A veces, compone poesía. Otras, trama capítulos negros.
El 7 de noviembre de 1938, Herschel Grynszpan supo que toda su familia había sido deportada de Alemania. En apenas dos días, toda la comunidad judía de origen polaco, unas 17.000 personas, fueron expulsadas y forzadas a abandonar todos sus bienes. Grynszpan vivía en París, tenía 17 años e, invadido por la rabia, se dirigió a la embajada alemana y disparó al primer diplomático que vio: Ernst vom Rath. El hombre tardaría dos días en morir. Suficiente para que Goebbels trazara su terrorífica campaña: Grynszpan representaba al judaísmo internacional. Vom Rath, al pueblo alemán. Por tanto, el atentado en París era la obra del judaísmo internacional para derribar al pueblo alemán.
En ‘El chivo expiatorio de Hitler’ (Galaxia Gutenberg, 2020), el historiador Stephen Koch relata cómo la noche del 9 de noviembre, al saber Goebbels que Vom Rath había muerto, tomó la palabra en un banquete que presidía: “Camaradas, no podemos permitir que este ataque del judaísmo internacional quede impune. Hay que contraatacar. Debemos informar a nuestro pueblo, y la reacción debe ser despiadada, directa y rentable”. Así empezó la Noche de los Cristales Rotos. Ardieron las sinagogas, los locales judíos fueron destrozados, la violencia estalló en las calles y las violaciones y asesinatos se perpetraron ante la pasividad de las autoridades.
El lunes pasado, un refugiado sudanés atacó con un cuchillo a un hombre en una calle de Belfast. Los vídeos son escalofriantes. Partidos ultras de allí y de aquí los compartieron con consignas antiinmigración. El algoritmo alentó su difusión y Elon Musk llamó a la lucha. A las pocas horas, una multitud ocupaba las calles. Casas y vehículos de personas migrantes fueron pasto de las llamas. Decenas de familias tuvieron que ser rescatadas. Al menos 27 ciudadanos han perdido definitivamente sus hogares.
Hace más de 80 años, el asesinato cometido por un joven de 17 años se convirtió en la ‘prueba’ de la maldad del judaísmo. Ahora, la saña de un refugiado sudanés se utiliza para señalar la peligrosidad de todos los inmigrantes. Pero, ¿cuál es la realidad? La tasa de criminalidad en Irlanda del Norte ha alcanzado su nivel más bajo desde 1998. Por el contrario, los delitos e incidentes de odio racista han llegado al punto máximo. Esa es la verdad. La única verdad. El resto, la trama de un capítulo negro que se difunde en las pantallas e incendia las calles.
