Publicado: junio 10, 2026, 6:30 am
Hay selecciones que llegan a un Mundial con ilusión. Otras, con talento. Algunas, con grandes estrellas. España aterriza en Estados Unidos con algo todavía más difícil de conseguir: una costumbre. La de no perder. Cuando el balón eche a rodar para la selección de Luis de la Fuente frente a Cabo Verde el próximo lunes, habrán pasado 815 días desde la última derrota española. Más de dos años sin conocer el sabor amargo de una caída. Treinta partidos consecutivos invicta. Ninguna de las 48 selecciones que participarán en el Mundial 2026 presenta una hoja de servicios semejante a la de La Roja La cifra impresiona por sí sola. Pero adquiere otra dimensión cuando se coloca en perspectiva histórica. España jamás había llegado a una Copa del Mundo con una racha tan larga sin perder. Ni siquiera la selección de Luis Aragonés alcanzó estos registros antes de Alemania 2006. Tampoco la generación campeona del mundo en Sudáfrica 2010. Ni la de Julen Lopetegui que desembarcó en Rusia 2018 sin haber perdido un solo partido bajo su dirección. La actual selección ha llevado el listón más arriba que ninguna otra. Los 30 encuentros sin derrota superan ampliamente los 22 de 2006, los 20 de 2018 y los 12 de 2010. Nunca España había encadenado una secuencia tan larga antes de disputar un Mundial. La última vez que cayó fue el 22 de marzo de 2024. Aquel amistoso frente a Colombia, resuelto con un 0-1 en Londres, aparece hoy como una fotografía lejana y casi anecdótica. Desde entonces, España ha construido una racha de 22 victorias y ocho empates entre partidos oficiales y amistosos, una trayectoria que la ha consolidado como una de las grandes referencias del fútbol internacional. Buena parte de ese recorrido lleva la firma de Luis de la Fuente. El seleccionador riojano llegó al cargo rodeado de dudas y encontró muy pronto una tormenta. Su derrota ante Escocia (2-0) en marzo de 2023, apenas en su segundo encuentro oficial, abrió un debate prematuro sobre su continuidad y la conveniencia de su elección para el banquillo de La Roja. Tres años después, la realidad ofrece una respuesta contundente. De la Fuente suma 30 victorias, nueve empates y solo dos derrotas en 41 partidos al frente de la selección. Más significativo aún es que únicamente una de esas derrotas llegó en competición oficial. La de Glasgow ante Escocia. La otra, frente a Colombia, fue un amistoso que no dejó heridas visibles. De hecho, España reaccionó pocos meses después conquistando la Eurocopa con una autoridad que reforzó su condición de potencia emergente. Los números, sin embargo, no ganan partidos en un Mundial. La historia de la selección también está llena de advertencias. La España de 2010 llegó a Sudáfrica con una notable racha de doce encuentros sin perder y debutó cayendo contra Suiza. La de 2018 aterrizó en Rusia invicta y vivió el terremoto de la destitución de Lopetegui a dos días del estreno. Los precedentes recuerdan que el fútbol suele desconfiar de las estadísticas. Pero también es cierto que pocas veces una selección española había transmitido una sensación de estabilidad tan sólida. El bloque está definido, la idea de juego consolidada y las alternativas perfectamente reconocibles. España no solo gana. Sabe cómo quiere hacerlo. Por eso, más allá de la racha, lo que explica la condición de favorita que acompaña a la campeona de Europa es la sensación de equipo terminado. Un grupo que ha encontrado una identidad reconocible y que acumula resultados al mismo ritmo que confianza. Los datos reflejan una evolución inédita. Antes de cada Mundial, España llegó con las siguientes rachas de partidos sin perder: cuatro encuentros en 1934 y 1950; siete en 1962, 1978 y 1982; ocho en 1986; apenas uno en 1966, 1990 y 2002; dos en 1994, 1998 y 2022; diez en 2014; doce en 2010; veinte en 2018; veintidós en 2006. Ninguna se acerca a los treinta que exhibirá ahora la selección de De la Fuente. No garantiza nada. Ninguna racha lo hace. Pero cuando España salte al césped en Atlanta, llevará consigo la mejor carta de presentación de todo el Mundial. Y también la mejor de su propia historia.
