Publicado: junio 7, 2026, 8:30 pm
En 2030, cuando, si todo sigue su curso normal, el Real Madrid vivirá las próximas elecciones a la presidencia, Enrique Riquelme será un cuarentón. Tendrá 41 años y, en buena lógica, en su mochila acumulará una carga personal, profesional y deportiva mucho más pesada y curtida que la que ha portado durante las dos últimas semanas. Y entonces, si quiere, podrá intentar de verdad el salto definitivo a la presidencia del club blanco. Aunque suene paradójico, se lo ha ganado este domingo pese a la derrota en las urnas. El resultado obtenido en las elecciones del 7 de junio es mejor del esperado tras una apresurada campaña electoral e impensable antes de que Florentino Pérez convocase por sorpresa los comicios en aquella esperpéntica rueda de prensa del pasado 12 de mayo . Nadie sospechaba siquiera la existencia de una alternativa al todopoderoso y veterano directivo merengue. Y ahora la hay. Aunque, evidentemente, ni él ni nadie de su candidatura lo dijera, no se engañaban. Riquelme no se veía ganador, pero tampoco esperaba perder por el aplastamiento presagiado a diario por los más acérrimos florentinistas. Por eso las miras electorales del nuevo candidato iban más allá. Y lo ilustró con precisión en el lema de su campaña: «Legado y futuro». «Legado», porque el empresario alicantino, consciente de que se enfrentaba a la abrumadora y difícilmente igualable herencia del considerado mejor presidente de la historia del Real Madrid, quiso hacer un guiño de respeto dirigido sobre todo a los socios veteranos, colectivo de enorme peso e influencia en todo proceso electoral. Y en algunas mesas, esos veteranos le han apoyado más de lo que cabría esperar en votantes de corte conservador. Con todo, la palabra clave en la cabeza del presidente del Grupo Cox, era y es «futuro». Riquelme lleva cocinando a fuego lento su aterrizaje en el sillón de Concha Espina. Amagó, sin dar, en 2021 , y ahora, pese a la precipitación, decidió dar el paso que considera definitivo. Contar con el apoyo de tantos socios es el mínimo aval necesario para liderar con legitimidad moral el control de la gestión de Florentino durante su nuevo mandato e incluso, si así lo requieren los hechos, ejercer una oposición más o menos dura, algo nunca visto durante los últimos lustros de poder absoluto de Pérez. Para empezar, tal y como ha reiterado hasta la saciedad durante la campaña, Riquelme intentará impedir la anunciada entrada de una empresa externa a la que Florentino venderá el 5% (de momento) del capital social del club. Y si no consigue evitarlo, primero criticará con dureza y después vigilará de cerca dicha operación financiera. Por supuesto, también estará muy atento a lo que ocurra en el césped y en el vestuario. Uno de los caballos de batalla del candidato durante la campaña fue el modelo deportivo, algo vital después de dos años malos. Traduciendo, que el presidente del Real Madrid debe dedicarse a gestionar el club sobre todas las cosas. Sus votantes lo han valorado. Riquelme aboga porque sea un director deportivo —Raúl González era su elegido— quien fiche al entrenador y a los jugadores del equipo. Y considera que el presidente debe darle al técnico plena potestad y total apoyo en sus decisiones, tácticas y disciplinarias, en el campo y en el vestuario. Dentro del mismo plano deportivo, el empresario alicantino insistirá en que se mire hacia la cantera con la intención fundamental de aprovechar un indiscutible potencial que él considera infrautilizado en beneficio del propio Real Madrid. En 15 días, Riquelme y su equipo de confianza han sido capaces de edificar una alternativa creíble dosificando anuncios con nombres como los de Haaland, Rodri , Raúl, Hierro Casillas o Klopp, algunos cogidos con pinzas y sin que ninguno de ellos diera la cara públicamente por el candidato. Ni siquiera aparecieron acompañándole en una foto. Él se echó la campaña sobre los hombros, y recorrió periódicos, televisiones y radios arañando voto a voto. Y el domingo, aproximadamente un tercio de los madridistas que acudieron al pabellón de baloncesto de la Ciudad Deportiva de Valdebebas le dieron un primer voto de confianza, nunca mejor dicho, para explorar la senda del cambio y la renovación.
