Publicado: mayo 28, 2026, 5:30 pm
Kyle Adler se ha reencontrado tras más de 35 años con su madre biológica, Ana María Navarrete en Santiago de Chile. Este hombre de 36 años fue uno de los miles de niños que fueron secuestrados durante la dictadura de Augusto Pinochet y uno de los cientos que se han reunido con sus familias biológicas gracias al rastreo de ADN y a organizaciones que ayudan a los chilenos adoptados a investigar su pasado. «Ha sido revelador descubrir quiénes son mi gente», declaró Adler. «Siento el amor, la compasión, el cariño… Es maravilloso volver a tener una familia«, manifestó.
La familia estadounidense que adoptó a Adler en 1990 lo crio en un suburbio de Chicago. «Mis padres no me robaron; no me pusieron el nombre de Kyle por malicia. Me veían como querían que fuera, y le pusieron mucho amor», dijo Adler sobre sus padres adoptivos, Mike y Connie Adler. Él cree que ninguno de los dos conocía las circunstancias de su adopción y dijo que, inicialmente, ninguno apoyó su decisión de encontrar a su madre biológica antes de que fallecieran en 2022.
Según contó, creció siendo una persona muy ambiciosa que, en su edad adulta, buscaba darle más sentido a su vida. «De repente me encontré en una situación en la que no sabía qué hacer. Sabía que era adoptado y en ese momento pensé: necesito encontrar a mi madre«, indicó.
La madre biológica de Adler, Ana María Navarrete, era una joven soltera de 19 años que trabajaba en una pescadería en la ciudad de Coronel, a unos 533 kilómetros al sur de la capital. Ella lo había llamado Marcos Antonio Navarrete. Como solo podía permitirse una habitación para ella, contrató a una mujer que acogió a Adler en su casa cuando era bebé y lo cuidó. Navarrete lo visitaba siempre que no estaba trabajando.
Un día, la cuidadora le contó que una pareja estadounidense se lo había llevado después de que un sacerdote local hiciera los arreglos necesarios para un bebé «que necesitaba una familia». «Y ella los dejó que se lo llevaran», declaró Navarrete a la agencia Associated Press, furiosa y avergonzada. La AP no pudo verificar de forma independiente esta información.
Un policía le dijo que probablemente el bebé había sido sustraído como parte de una extensa red de adopciones fraudulentas en la que participaban agencias de adopción, funcionarios de inmigración, jueces, enfermeras e incluso médicos. Según Navarrete, nadie rindió cuentas y los años que siguieron fueron los «peores» de su vida. Al carecer de apoyo familiar, dijo que finalmente renunció a la idea de recuperar a su hijo.
«En Chile no existía justicia para los pobres, y aún no existe», afirmó Constanza Del Río, fundadora y directora ejecutiva de Nos Buscamos, una organización sin fines de lucro con datos en línea de miles de casos. El Gobierno estima que más de 20.000 niños fueron sustraídos de sus familias. Los niños de las poblaciones pobres e indígenas fueron blanco de la represión durante el régimen de Pinochet, entre 1973 y 1990, afirmó Jimmy Lippert Thyden González, quien también fue adoptado ilegalmente y se convirtió en abogado de derechos humanos. «Fue un intento de eliminar y erradicar a la clase pobre. Fue una forma de erradicar a la población indígena, a la población sin educación», dijo.
A principios de 2017, Adler se topó con el grupo de Facebook ‘Nos Buscamos’ mientras buscaba en Google el término «búsqueda de madre biológica chilena», según contó. Fue entonces cuando le envió un mensaje a Del Río. En tres meses, Del Río confirmó la historia del origen de Adler y organizó una reunión virtual. Inicialmente, Adler se sintió devastado al descubrir que había sido adoptado ilegalmente, lo que le provocó una crisis de identidad que lo llevó a someterse a años de terapia.
En 2025, Adler finalmente se sintió preparado para obtener respuestas. Una prueba de ADN proporcionada por la plataforma genealógica MyHeritage, empresa global de historia familiar con sede en Israel, confirmó la coincidencia entre Adler y Navarrete, de 56 años y residente de Santiago, y «lo hizo oficial», dijo.
Adler y su madre se reencontraron dos días después del 56 cumpleaños de ella. Las lágrimas corrían por las mejillas de Adler cuando salió por la puerta de llegadas internacionales en Chile. Madre e hijo vestían de blanco cuando Navarrete corrió a abrazarlo. El hijo, alto y de cabello oscuro, se inclinó para esconder su rostro en el cabello de su madre. «Estoy muy feliz de por fin conocerlo, mi sueño finalmente se ha hecho realidad«, dijo Navarrete.
El emotivo reencuentro dio lugar a una semana muy provechosa en la que visitaron la playa de Coronel, el hospital donde nació Adler y la casa de donde lo sacaron. Recuperaron una copia de su certificado de nacimiento original y conoció a uno de sus cuatro hermanos. En Miami, ya había conocido a otra hermana y a su hija. De vuelta en Santiago, ambos disfrutaron de los recuerdos que Adler había traído como regalo: un diploma de graduación enmarcado, fotografías de su infancia y un par de zapatos de bebé que sus padres adoptivos habían guardado. Adler no habla español y se comunica con su familia con la ayuda de un traductor.
