Publicado: mayo 20, 2026, 8:30 pm
En el catastrófico mosaico de abusos que impulsa la cada vez más profunda crisis de nuestras democracias, la degradación de la política exterior acumula estos días un patético protagonismo desde Estados Unidos a España. No solo se trata del recurrente empeño por forzar la política exterior a través del interesado embudo de la política doméstica, siempre tóxica, chapucera y cortoplacista. Sino que, dentro de este acelerado proceso de degradación diplomática, la política exterior ha empezado a convertirse en instrumento para negocios muy, muy particulares. No solo en lo periférico, como podría ser Azerbaiyán o incluso Guinea Ecuatorial, en todos y cada uno de nuestros grandes frentes internacionales –desde Marruecos a Venezuela pasando por la República Popular de Huawei– el Gobierno… Ver Más
