«El secuestro de Di Stéfano tuvo en vilo al Gobierno de Franco» - Venezuela
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«El secuestro de Di Stéfano tuvo en vilo al Gobierno de Franco»

Publicado: mayo 15, 2026, 8:30 pm

Hace 63 años, en 1963, la guerrilla militar venezolana secuestró a Alfredo Di Stéfano. El Madrid estaba invitado a jugar en Caracas un torneo amistoso y el 23 de agosto dos hombres se presentaron en el Hotel Potomac de Caracas , en el que se alojaba el equipo blanco, se identificaron como policías y le pidieron a Di Stéfano que los acompañara a comisaría para tomarle declaración por un asunto de drogas. Alfredo acababa de ser secuestrado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. Seis décadas después, el escritor venezolano Jimeno Hernández Droulers, publica ‘El secuestro de Di Stéfano, cuando la guerrilla venezolana capturó a la Saeta Rubia’ (Pepitas editorial) -¿Por qué ha escrito un libro del secuestro de Di Stéfano? -Este secuestro fue uno de los crímenes más sonados de su época. Puede que parezca nota de pie de página en la biografía de tan legendario jugador del Real Madrid, pero merecía ser contada con todo lujo de detalles. Y no solo por lo sucedido durante las horas que estuvo en cautiverio. El relato va más allá, siguiendo a tres de sus protagonistas durante esos días que los gobiernos de Betancourt y Franco se mantuvieron en vilo aguardando por el desenlace. Al enterarme que, gracias a una serie de insólitas casualidades, el futbolista, el cabecilla del comando insurgente y el reportero que dio a conocer el suceso a los medios de comunicación cruzaron destinos años después, tuve que conducirlos hasta ese punto y narrar cómo aquel episodio marcó sus vidas. -¿Cómo se gestionó ese secuestro y qué es exactamente lo que se buscaba? -Los guerrilleros pidieron algo que el presidente Rómulo Betancourt no estaba dispuesto a concederles, aunque tuvo que dar el brazo a torcer una vez que un periodista gallego, inmigrante radicado en Caracas que trabajaba como corresponsal de Marca en Venezuela, llamó a las oficinas del diario español para dar la primicia. Alfredo Di Stéfano acababa de ser capturado por las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. Sin saberlo, evitó que las cosas se salieran de las manos en un teatro que pudo llegar a mayores en términos de roces diplomáticos entre ambas naciones, pues una quería realizar un operativo de rescate y la otra cumplir con las exigencias de los secuestradores. -El secuestrador fue Paul del Río. ¿Quién era esta persona? -Paúl del Río, alias ‘Máximo Canales’, era un idealista de su tiempo. Hijo de republicanos que huyeron de la dictadura de Franco, nació en Cuba y llegó a Venezuela de pequeño, en brazos de sus padres. El tema de la política en el hogar desde su infancia fue el pan de cada día. Durante su adolescencia se convirtió en militante de izquierda y cuando alcanzó la edad de veinte ya formaba parte de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. En cuanto a las razones del secuestro no me cabe duda de que lo hizo por llamar atención al movimiento, y, claro está, brillar como figura de un golpe capaz de hacerlo famoso. -El secuestro duró 56 horas exactamente. ¿Qué pasó durante esos dos días y medio, por qué lo liberaron y qué secuelas dejó en Di Stéfano? -Se lo llevaron un sábado por la mañana, pasó un par de noches como rehén y lo soltaron el lunes a la hora del almuerzo , una vez que distintos periódicos y otros medios de comunicación habían acreditado el secuestro a las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, dando a conocer en Venezuela y el extranjero el nombre del movimiento que aspiraba derrocar el gobierno constitucional y democrático de Rómulo Betancourt. Y en cuanto a las secuelas, ser víctima de un secuestro es algo que jamás puede olvidarse por más de que uno lo intente. Todos los días temes que pueda volverte a suceder o tener que revivir algunas escenas en pesadillas recurrentes. Nadie vuelve a ser el mismo después de sufrir una experiencia tan aciaga como esa. -Años después Di Stéfano y Paul del Río volvieron a verse. ¿Cómo fue ese encuentro? -Tal como uno puede imaginar. Fue un momento incómodo para ambos y para todos los que presenciaron el reencuentro, especialmente por lo que le dijo Alfredo Di Stéfano a Paúl del Río y la manera en que lo hizo. -¿Qué relación tuvo Paul del Río con Hugo Chávez? -Llegaron a conocerse, pero yo diría que no tuvieron más relación que un mutuo y distante respeto. Paul del Río era admirador de Chávez y compartía su visión política. Lo veía como el heredero de Fidel Castro, principal cabecilla de lo que llamaban la revolución. No fueron amigos, pero el presidente Chávez llegó a valorar el talento artístico del antiguo y afamado exguerrillero. Después de todo le otorgó un par de contratos para esculpir dos monumentos de suma importancia. -¿Qué papel tuvieron en este secuestro el periodista Lázaro Candal y su esposa? -Lázaro Candal y Purita jugaron roles transcendentales. Él, sin duda, es uno de los personajes principales, pero ella, desde una esquina y a la sombra, se torna en especie de nudo en el que van juntándose hilos fundamentales en el tejido de la trama. Justo entraba esa mañana al hotel donde se hospedaba el Real Madrid y fue testigo de cuando los supuestos policías sacaron a Di Stéfano. Quince años después, cuando Lázaro era narrador de Mundiales, también influyó de una manera sutil en la historia. -Y tanto… ¿Cómo fue posible que trabajaran juntos? -Aquello fue una casualidad del tamaño de un rascacielos. En 1978, década y media después de su secuestro, Di Stéfano recibió oferta de un canal de televisión suramericano para ser comentarista en las transmisiones en vivo y directo del Mundial de Argentina, tocándole formar dupla en los micrófonos junto a Candal como narrador. -Para rizar aún más el rizo. ¿Es cierto que Lázaro conocía a Paul del Río desde niño, que tenía miedo de contarle a Di Stéfano este vínculo, y por eso nunca lo hizo? -Sigamos rizando entonces. Lázaro y su esposa Purita conocían a Paúl del Río desde que apenas era un crío. Joaquín, cuñado de Candal, trabajaba en la misma pastelería que Jesús del Río, padre del secuestrador. Se comprende que es un detalle que no quiso comentar a Di Stéfano al segundo de conocerlo, menos decir que había sido él quien dio a conocer la noticia al mundo entero apenas fue capturado por la guerrilla. Si se lo dijo, o no, ya lo tendrá que averiguar el lector.

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