Jugando con fuego. Del golfo de Tonkin al estrecho de Ormuz - Venezuela
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Jugando con fuego. Del golfo de Tonkin al estrecho de Ormuz

Publicado: mayo 9, 2026, 3:30 am

En los últimos días, la prensa internacional se viene haciendo eco con creciente frecuencia de los incidentes que se producen entre buques de guerra norteamericanos y fuerzas de la Guardia Revolucionaria Islámica iraní en torno al disputado estrecho de Ormuz. El tiempo corre muy deprisa y, por mucho que lo niegue el presidente Trump, el doble bloqueo de la vital ruta marítima parece dañar al régimen teocrático menos que a la popularidad del magnate y a las expectativas electorales del partido republicano en el próximo mes de noviembre.

En los medios norteamericanos se publica estos días que la CIA, en un informe confidencial, estima que Teherán puede aguantar el bloqueo de sus puertos al menos cuatro meses. La agencia, evidentemente, ya no es lo que era. No se trata solo de que lo confidencial se haga público con pasmosa regularidad, sino de la pobreza del análisis. ¿Cuánto lleva Cuba resistiendo el bloqueo económico de los EEUU? Irán es mucho más grande, tiene sus propias fuentes de energía y una larga frontera terrestre —o a través del Caspio, un mar interior— con vecinos poderosos que le respaldan. Me parece a mí que los guardianes de la revolución, a quienes les va la vida en ello, están dispuestos a aguantar estrecheces todo el mandato de Trump, convencidos de que, si la guerra continúa hasta ese momento, su sucesor, ya sea demócrata o republicano, habrá centrado su campaña en la promesa de sacar al mundo del lío en que le ha metido el voluble magnate.

Es la prisa de Trump, más que la lógica militar, la que obliga a la US Navy a presionar a la Guardia Revolucionaria acercando al estrecho de Ormuz a sus buques de guerra, un riesgo que parece innecesario desde el punto de vista táctico. Y es aquí donde alguien con cabeza —no lo va a hacer su amigo Witkoff, ni tampoco su yerno Kushner— debería recordarle al presidente lo que ocurrió hace algo más de seis décadas en las aguas que rodean Vietnam.

El 31 de julio de 1964, un destructor norteamericano, el USS Maddox, patrullaba en aguas internacionales del golfo de Tonkin —aguas que Hanoi consideraba suyas, pero con tan poco fundamento como Teherán reclama como propio el estrecho de Ormuz— cuando fue interceptado por tres lanchas torpederas norvietnamitas. Por hacer la historia corta, el ataque fracasó. Por su naturaleza, el poder naval no se presta mucho a milagros y son muy raras las ocasiones en que David triunfa sobre Goliat en la alta mar. Sin embargo, convenientemente manipulado por la administración del presidente Johnson, el breve e inconcluyente forcejeo sirvió de pretexto para la escalada que condujo al desastre que fue la guerra del Vietnam para los EEUU y para el mundo.

En Irán, parece obvio que Trump prefiere «hacer un Nixon» —el presidente que ordenó la retirada norteamericana— que un Johnson. Pero quizá haya olvidado que los pretextos se usan porque funcionan. El ataque al USS Maddox, a pesar de que el buque no sufrió ninguna baja, enardeció al pueblo norteamericano —quizá porque los buques de guerra se consideran parte del territorio nacional— y dio a Johnson la libertad de movimiento que él buscaba. Seis décadas antes, el hundimiento del USS Maine en La Habana, falsamente atribuido al Gobierno de Madrid, había unido a la prensa y a la opinión pública para exigir una guerra contra España… a pesar de que el presidente McKinley abiertamente prefería la vía diplomática a una contienda con una potencia debilitada pero europea.

Aunque Donald Trump se crea por encima de todos sus predecesores, él no está más a salvo del efecto bola de nieve que McKinley. Un mal día en la oficina de alguno de los destructores que se aproximen demasiado a la costa de Irán puede provocar una escalada que quizá le convenga al magnate a corto plazo —aumentarían las escasas voces a favor de la guerra— pero que muy pronto se volvería contra él. Aunque solo fuera por esa razón, alguien de su equipo debería pedirle que dejara de jugar con fuego. Claro que, si lo hiciera, lo más probable es que terminara despedido, pero esa es otra historia.

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