Publicado: mayo 7, 2026, 11:30 pm
Ha sido su primera publicación en Instagram en lo que llevamos de este año. No hacía un post desde noviembre de 2025, pero la ocasión lo merecía, porque la princesa Eugenia de York está esperando su tercer hijo junto a su marido, el financiero Jack Brooksbank. De hecho, el propio pie de foto que ha elegido la hija del expríncipe Andrés y de Sarah Ferguson no hace ninguna referencia al carácter royal de su futuro vástago, optando por un «Bebé Brooksbank en 2026». Algo que, obviamente, tiene que ver con la caída en desgracia de sus padres, que han sido relegados a un ostracismo tal que ha acabado afectando al papel de sus hijas dentro de la familia real británica.
De hecho, al hermano de Carlos III de Inglaterra los últimos tiempos le han sido poco propicios para un mínimo de redención. O para el anonimato que también busca. Porque finalmente se ha mudado, como era una exigencia del monarca —al que le ha echado un pulso durante meses para no abandonar su anterior casa—, y, aun así, ha vivido momentos de gran tensión, como lo ocurrido durante la Semana Santa, cuando un grupo numeroso de manifestantes asaltaron su nuevo hogar, teniendo que intervenir su equipo de seguridad, consiguiendo los guardaespaldas que los disturbios no llegasen a más y abandonasen la finca sin que hubiese que lamentar ningún daño.
Y es que desde hace unas semanas, cuando fue fotografiado al volante de su todoterreno llegando con gesto serio, se puede decir que ya vive en la que ha sido designada como la casa en la que habrá de vivir, con toda probabilidad, hasta el final de sus días. Y, sobre todo, lejos del resto de los Windsor: una discreta finca dentro de los terrenos de Sandringham, en Norfolk. Su nombre, Marsh Farm.
Esta poco o nada tiene que ver con Royal Lodge, su anterior residencia, que disponía ni más ni menos que de 30 habitaciones —prácticamente una por cada año que vivió en ella junto a su exesposa—, piscina y capilla propia. El rey tenía claro que, si no quería propiciar las críticas contra él por darle a su hermano un lugar de ensueño, su futura residencia debía ser mucho más austera. Y así ha sido, aunque antes de su llegada los operarios se hayan afanado en dejarla en las mejores condiciones.
La única concesión a Andresito el Cachondo [«Randy Andy», como le apodaron sus compañeros durante su etapa militar], acaso, ha sido la reforma de los establos, para que quien fuera duque de York pueda seguir practicando la hípica, ya que la equitación es una de sus grandes pasiones, poseyendo de hecho su propia yeguada, que hasta hace no tanto permanecían en las cuadras de Royal Lodge pero que ya se encuentran en su nuevo hogar. En lo que respecta a sus servicios, el tercer hijo de Isabel II contará en su día a día con un chef privado y un mayordomo.
Asimismo, ha reforzado la seguridad instalando una nueva valla perimetral de madera de casi dos metros de altura. Eso sí, la finca ya contaba con sistemas de videovigilancia, amén de haber dispuesto que sea ampliada considerablemente la zona de exclusión del espacio aéreo, evitando que puedan sobrevolarla los drones o cualquier otro dispositivo de los paparazzis. Eso sí, la señal ha de llegar de forma idónea, porque antes de su mudanza fueron vistos varios obreros colocando Sky TV, un servicio de televisión de pago que cuesta unas 60 libras al mes —casi 70 euros mensuales—, si bien se desconoce si lo costeará el propio Andrés Mountbatten-Windsor o la corona.
A partir de ahí, la propiedad no ha cambiado demasiado, a pesar de haber estado en desuso durante cinco años, si bien Carlos III sí ha renovado parte del mobiliario en mal estado. Según informaron desde Hello!, diversos operarios de la empresa familiar Linney Cooper llegaron antes del traslado definitivo de Andrés, siendo esta compañía, con sello real, la que anteriormente se ha encargado, por ejemplo, de las moquetas del Castillo de Windsor tras el incendio de 1992 o de la susodicha Royal Lodge.
En los alrededores, se ha instalado un módulo portátil para poder almacenar objetos y tener un pequeño refugio privado, dado que Andrés es conocedor de la ubicación de Marsh Farm, en la zona costera de Norfolk, un enclave famoso por su excepcional belleza natural, por lo que no ha se ha restringido el acceso al parque por parte de los visitantes. Será una de sus desventajas, pero no la única, más allá del evidente paso de un palacio a una casa: el lugar está catalogado como zona con riesgo de inundaciones y, tal y como algunos medios locales avisaron, a la zona se acercó en el invierno personal municipal para el control de plagas, por lo que es posible que el expríncipe Andrés haya de convivir con algún que otro visitante indeseado.
