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'Starfield' aterriza en PS5 y reabre el debate sobre la fórmula Bethesda

Publicado: mayo 5, 2026, 12:00 pm

Hay algo casi literario en la llegada de ‘Starfield’ a PS5. No tanto por lo que implica a nivel industria —que también—, sino por la sensación de que este universo, concebido como el gran salto de Bethesda hacia las estrellas , encuentra ahora un nuevo público que lo observa con la mezcla exacta de asombro y escepticismo que acompaña a las obras ambiciosas. Como si el viaje, en realidad, no hubiera hecho más que empezar. Porque ‘Starfield’ no es solo un videojuego: es una promesa. La promesa de la exploración sin límites, de la vastedad del espacio convertida en mecánica, del mundo más allá del planeta Tierra entendido no como decorado, sino como experiencia. Y, sin embargo, también es un espejo. Uno que devuelve la imagen más reconocible —y discutida— de Bethesda: su fórmula inconfundible, casi inmutable, aplicada en un juego tras otro . Esta vez, en un lienzo de ciencia ficción . Y es que, en esencia, ‘Starfield’ es un juego de Besthesda en estado puro. Misiones que se ramifican en historias secundarias, diálogos con múltiples opciones, facciones de distintos tipos, decisiones morales que rara vez son blancas o negras, y una estructura que invita a perderse, a obviar la trama principal, durante decenas de horas sin una dirección clara. Para quienes han recorrido ‘Skyrim’ o cualquiera de los ‘Fallout’, la sensación es inmediata: esto ya lo hemos vivido . La diferencia es estética, no estructural. Donde antes había fantasía medieval o yermo postapocalíptico, ahora hay trajes espaciales, naves que parecen sacadas de ‘Star Wars’ y corporaciones interestelares. Pero el esqueleto es el mismo. Y eso, lejos de ser un defecto inequívoco, plantea una pregunta interesante: ¿hasta qué punto la repetición puede ser una virtud? Para muchos jugadores, la respuesta será afirmativa. Es mi caso lo es, porque en el último mes, y pese a estar jugando a algún que otro título , no me he despegado de ‘Starfield’ en ningún momento. Porque la fórmula Bethesda, con todas sus costuras visibles, sigue ofreciendo algo que pocos estudios logran replicar: la ilusión de un mundo que existe más allá del jugador. Un mundo imperfecto, a veces torpe en sus sistemas, pero profundamente absorbente e inmersivo. En ‘Starfield’, esa ilusión se amplifica gracias al contexto espacial. La idea de poder desviarse de la ruta principal para aterrizar en una galaxia desconocida, en un planeta remoto, aceptar un encargo menor y acabar envuelto en una trama inesperada sigue teniendo una fuerza difícil de negar. Y eso, sumado a que un gran número de los 1000 planetas del juego están generados de manera procedural, permite que mi aventura por ‘Starfield’ sea completamente distinta a la tuya. No obstante, también es cierto que esa misma estructura acusa el paso del tiempo. Hay mecánicas que se sienten ancladas en otra generación, animaciones que no terminan de estar a la altura de la ambición visual, y una cierta rigidez en la interacción que contrasta con la libertad que el juego pretende ofrecer. Es, en cierto modo, una paradoja: cuanto más se expande el universo de ‘Starfield’, más evidentes se vuelven sus límites . Y el Creation Engine ya empieza a mostrar señales de que necesita una jubilación cuanto antes. Su lanzamiento en PS5 no altera esta naturaleza, pero sí la resignifica. Para un público que no tuvo acceso al juego en su lanzamiento original, ‘Starfield’ puede sentirse como una novedad plena, una experiencia que combina escala y detalle con una identidad muy marcada. Para quienes ya conocen la obra, en cambio, este desembarco funciona casi como una relectura: una oportunidad de revisitar sus virtudes y sus carencias con la perspectiva que da el tiempo. Además, la llegada del título a la consola de Sony viene junto a una nueva actualización ‘Free Lanes’ , que cambia cómo se entendían los vuelos espaciales entre planetas de un mismo sistema, y añade más inmersión y nuevos eventos aleatorios; y el DLC ‘Terran Armada’ , con una nueva cadena de misiones, enemigos y armas por descubrir y disfrutar. No son añadidos que cambien el juego por completo y hagan que quien detestó el título en su lanzamiento en 2023 lo vaya a amar ahora, pero sí que van a hacer las delicias de los que ya le dedicaron cientos de horas al título. Quizá por eso resulta más adecuado acercarse a ‘Starfield’ no como una revolución, sino como una continuidad. Como un capítulo más en la evolución —o persistencia— de una forma de entender el videojuego que prioriza la libertad sobre la precisión, la amplitud sobre la densidad, la experiencia sobre la perfección técnica. Y en eso los chicos de Besthesda son unos maestros. En última instancia, su llegada a PS5 no cambia lo que ‘Starfield’ es, pero sí amplía el alcance de lo que propone. Y eso, en un medio donde la escala suele confundirse con la profundidad, no es un detalle menor. Porque, con todas sus contradicciones, el juego sigue ofreciendo algo cada vez más raro: la sensación de que el viaje importa tanto como el destino. Aunque ese viaje, en el fondo, nos lleve por caminos que ya conocemos.

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