Publicado: mayo 3, 2026, 8:30 pm
A estas alturas, ya toda España entiende que los modelos municipales, metropolitanos y autonómicos de Cataluña y Madrid son opuestos. Porque en realidad es una lucha clásica: liberalismo contra socialismo. Este antagonismo ha acarreado disputas políticas en torno a diversos asuntos : el modelo de financiación singular cedido a Esquerra, acusaciones de ‘dumping’ fiscal, la fuga de empresas a la capital tras el procés, disputas lingüísticas… Pero no todo queda ahí. Esta polarización entre gestiones también se vislumbra de manera más indirecta en las competiciones que han tenido lugar en ambas urbes en los últimos años. La pujanza actual de Madrid por acoger los eventos más rentables económicamente y llamativos popularmente es evidente: NFL, Fórmula 1, Copa Davis, finales de Champions… En contraste, aunque sigue contando con espectáculos prestigiosos -el Trofeo Conde de Godó o el Gran Premio de Montmeló- y dando espacio a algunos nuevos -salida del Tour de Francia 2026-, Barcelona acumula una serie de derrotas destacables: una candidatura pirineica a los Juegos Olímpicos de Invierno 2030 decaída por desacuerdo con el Gobierno de Aragón; una Copa América de vela agridulce por las acusaciones de mimar al elitismo; y 18 años de ausencia de la selección nacional de fútbol, recientemente rotos. Apostar por eventos al más puro estilo americano o por otros más de nicho y con menor tasa de público presencial es una decisión electoral. Todo está en qué aspectos del acontecimiento prefieren priorizar los Ejecutivos según las preferencias de su población. Un barómetro reciente de Llorente y Cuenca revela que el índice de percepción social del turismo anual fue de 6,3 en la Comunidad de Madrid y, en cambio, de 4,4 en Cataluña. «Algunos eventos tienen un componente mediático central, pero en otros lo que importa más es el número de participantes o el número de asistentes. Y hay eventos no tan mediáticos, como la Madcup de fútbol base en Madrid (67,8 millones), que generan tanto como el partido de la NFL (70) o el Godó de Barcelona (entre 60 y 65)», explica Carlos Cantó, CEO de la consultora SPSG. El argumento económico ha sido decisivo en el caso de Madrid, y así lo expresa a ABC su consejero de Cultura, Turismo y Deportes, Mariano de Paco: «Los grandes eventos generan actividad, empleo y retorno fiscal. Manejamos una previsión de ingresos para este año de 1.000 millones de euros gracias a la llegada de la F1, la NFL, el Mundial de Fórmula E y los más de 400 eventos que se celebran anualmente en la región». Esta apuesta por la luz y el color ha acarreado detractores que acusan a la Comunidad de centrarse en asuntos menores ante los problemas actuales, como el mercado del alquiler y la saturación de los servicios públicos: «Creemos que la clave está en el equilibrio y la buena gestión, y eso es siempre lo que pretendemos, con resultado generalmente muy positivo, aunque haya un segmento interesado en estigmatizar estas iniciativas para contrarrestar los logros de esta región», añade el consejero. Este planteamiento de captación económica plantea un reto a la Ciudad Condal: «La competencia con Madrid es un estímulo sano que nos obliga a superarnos, pero Barcelona no necesita que nadie la empuje: tiene una trayectoria y una capacidad organizativa demostrada y crece por su ambición y por su capacidad de innovar», comenta a este periódico el concejal de Deportes del Ayuntamiento de Barcelona, David Escudé. Estas diferencias en la táctica deportiva -brazo relevante de la estrategia política- de ambas capitales jamás habían generado perjuicios directos entre ellas hasta el anuncio oficial en 2024 de Madring, el Gran Premio de Madrid de Fórmula 1, con contrato anual hasta 2035. El Circuit de Barcelona anunció en febrero de este año que el GP catalán, tras ser un fijo desde 1991, pasará a celebrarse una vez cada dos años entre 2027 y 2032, alternándose con el GP de Bélgica. Pese a las coincidencias temporales de ambas noticias, fuentes cercanas a Madring explican que ellos informaron en todo momento al Estado central de las etapas del proyecto, siempre bajo confidencialidad, y que es potestad de la Administración estatal informar o no a los gobiernos autonómicos y locales, pero «con Cataluña no hubo ningún problema», declaran. «La Fórmula 1 ya tenía pensado este cambio respecto del circuito de Montmeló, independientemente de la llegada de Madrid. No hubo oposición de las autoridades catalanas, tampoco por la pérdida de la denominación de Gran Premio de España», aseguran las mismas fuentes, que insisten en un aspecto esencial: «Desde que Liberty Media entró en la F1 hay otro concepto de negocio. Ahora prima la figura del fan y abrir la disciplina a otras oportunidades de negocio, como el documental ‘Drive to survive’, de Netflix». Desde el ayuntamiento catalán no desmienten esta información: «No hubo una negociación directa entre nosotros y Madrid. Estas decisiones las toman los responsables de la F1 y las administraciones autonómicas. Nosotros hemos defendido siempre los intereses del Circuit y de la marca Barcelona, trabajando con la Generalitat y el Circuit para garantizar su futuro». Dicen ver como una «noticia positiva» la llegada de la Fórmula 1 a la capital y defienden que «no es el fin de la F1 en Cataluña, ni muchísimo menos». Además, ambas administraciones han tenido que andar con pies de plomo en los últimos años por la creciente presión social -más sonora que nunca por el poder amplificador de las redes sociales- ante la organización de estas grandes citas. En Barcelona se hizo presente con un cariz más político. Tras la violencia contra el equipo Israel-Premier Tech en la etapa final de la Vuelta a España, Barcelona vio temblar su recibimiento de la salida del Tour de Francia en julio de 2026. El ayuntamiento condal pidió el veto de los equipos israelíes y las presiones obligaron a estos ciclistas a reconvertirse en el NSN Cycling Team, equipo de la empresa suiza cofundada por Andrés Iniesta. «Expresamos claramente que no queríamos que equipos que compiten bajo la bandera israelí participaran, de la misma manera que se hizo con Rusia. Se trata de defender unos valores coherentes con la posición del consistorio respecto al conflicto en Gaza. El deporte no puede ser neutral cuando existen graves violaciones de los derechos humanos», justifica el concejal Escudé. En Madrid, estos reclamos sociales han aparecido a través de las quejas vecinales por el ruido, que, si bien han condicionado conciertos como los de Bad Bunny o Aitana, que terminaron en el Metropolitano, no parecen haber propiciado un replanteamiento en cuanto al deporte: «Madrid ha demostrado que puede ser una ciudad activa y atractiva sin renunciar a ser habitable. Trabajamos por llevar la actividad a lo largo de toda la región y para extender los beneficios a todos los municipios», apunta el consejero De Paco a este respecto. Fueron justamente estas externalidades negativas las que empañaron la Copa América de vela en Barcelona. De ahí que los gobiernos traten de buscar eventos que contribuyan a la desestacionalización del turismo para que este no se concentre siempre en las mismas épocas del año. Así lo expone el consultor David Cantón: «Si se hace un evento en una semana, cuando ya el nivel de ocupación de los hoteles, Airbnb y restaurantes es del 90%, el impacto del evento es sustantivo, pero resta… No solo hay que medir el impacto en valor absoluto, sino el incremento de impacto con respecto a los mismos días en años que no hay ese evento». No obstante, tiene claro que el evento idóneo para cualquier administración son los Juegos Olímpicos. Todo el mundo recuerda a Freddie Mercury y Montserrat Caballé en esa icónica actuación en Montjuic en 1988; los Juegos, cuatro años después, cambiaron la ciudad para siempre: «Fue el catalizador del desarrollo de Barcelona desde el punto de vista mediático; antes Barcelona no estaba en el mapa mundial ni mucho menos, y también a nivel de infraestructuras: en lo deportivo el Palau Sant Jordi, por ejemplo, y en lo general las Rondas, el Front Marítim…», describe Cantón. Sin embargo, a día de hoy en ese plano se posiciona con más seriedad -aunque sin oficialidad- la capital de España, con intenciones de presentar candidatura, según confirma el consejero: «Madrid tiene todas las condiciones para aspirar a unos Juegos Olímpicos, pero sin un apoyo claro, público y sostenido del Ministerio es muy difícil avanzar con la seriedad, la credibilidad y la seguridad que exige el Comité Olímpico Internacional». Ir de la mano del ministerio dirigido por Milagros Tolón es fundamental, pues los recursos del Estado son imprescindibles para un evento de esta magnitud, pero la ruptura entre Sol y Moncloa viene de atrás: «Creemos sinceramente que el ministerio no estaría a la altura de un proyecto de esta dimensión. Lo hemos visto con la candidatura para el Mundial de Fútbol 2030, donde se ha demostrado la falta de una implicación real, liderazgo político y un compromiso claro por parte del Gobierno de España para posicionar a nuestro país», cierra el consejero.
