Publicado: abril 16, 2026, 4:00 am

El eco de los pasillos en el Palacio de Miraflores delató una silenciosa pero contundente maniobra de deslinde. La desaparición de la iconografÃa en el Salón Néstor Kirchner dejó de ser un simple rumor arquitectónico para confirmarse como una operación psicológica a gran escala: Delcy RodrÃguez continúa con una fase agresiva para lavar su imagen, intentando diferenciarse de su predecesor para presentarse como una figura de poder «moderada».
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Atrás quedó la pesada y dogmática escenografÃa que asfixiaba el salón en diciembre de 2025; las paredes que antes rendÃan culto al fallecido expresidente argentino amanecieron estratégicamente despojadas de su rostro. Un vacÃo visual diseñado al milÃmetro para transmitir un mensaje de ruptura y pragmatismo a los emisarios de Washington.
RodrÃguez busca desesperadamente cortar el cordón umbilical que la une al desgaste de la administración anterior. Al esterilizar los espacios donde se tejen las relaciones internacionales, ensaya una metamorfosis para ser leÃda por la comunidad internacional como una lÃder reformista, dispuesta a abandonar el radicalismo por la conveniencia de los negocios de Estado, sin embargo los venezolanos no olvidan de dónde proviene.
El objetivo es claro: suavizar las aristas autoritarias del régimen bajo el barniz de la diplomacia de guante blanco. Mientras las viejas guardias del oficialismo observan el silencioso borrado de su simbologÃa, RodrÃguez continúa su cruzada personal por reescribir su papel en la historia.



