Publicado: noviembre 30, 2025, 8:00 am
Los trastornos alimenticios son más comunes de lo que podemos imaginar. En España más de 400.000 personas han sido diagnosticadas con alguna de las enfermedades que conforman la denominación (anorexia, bulimia, vigorexia, etc.). Sin embargo, se trata de afecciones que pasan por alto con facilidad o cuyos síntomas son notorios cuando ya es muy tarde. De hecho, el 75 % de las personas que los padecen no buscan ayuda profesional.
Las mujeres jóvenes representan la población de riesgo. Y es que en Europa hasta un 4 % de mujeres puede sufrir anorexia nerviosa, mientras que, en España, la prevalencia de TCA en mujeres oscila entre el 4,1 % y el 6,4 %, según Quirón Salud. Además, uno de cada 20 adolescentes españoles, sufren de alguno de los principales trastornos, tal y como indican los datos de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG).
Todo parte de la salud mental
Hoy, 30 de noviembre, se celebra el Día Internacional de la lucha contra los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), en un momento en el que, precisamente, los TCA han sufrido un incremento notable. La presión estética, las redes sociales que exponen cuerpos perfectos, la popularidad de las cirugías plásticas, y los altos estándares autoimpuestos, crean en la salud mental de los jóvenes una mella.
La anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa, el trastorno por atracón o el trastorno evitativo/restrictivo de la ingesta, no se explican solo por la relación con la comida o el peso, son enfermedades que implican pensamientos intrusivos, emociones intensas, conductas compulsivas y lo peor, la distorsión de la propia imagen corporal.
¿Cómo identificar comportamientos de riesgo?
Lo primero es poder diferenciar un estilo de vida aparentemente saludable y los indicios de que algo malo está pasando en la salud mental de nuestros seres queridos. Esto se debe a que muchos trastornos del TCA comienzan de la preocupación excesiva por lo ‘sano’, la urgencia de hacer dietas rígidas, entrenar más de lo que el cuerpo nos permite e incluso en pequeños gestos con la comida que pueden pasar desapercibidos.
Uno de los primeros gestos o señales tempranas de la anorexia o la bulimia puede ser el evitar comer enfrente de familia o amigos. La premisa es sencilla, parte del querer ocultar aquellos cambios en la relación con la comida o el sentimiento de culpa o miedo que implica alimentarse. Con estas sensaciones vienen también los cambios en el humor, irritabilidad, depresión, ansiedad notoria, aislamiento, etc.
Evitar comentarios o discursos ‘dietistas’
A veces un solo comentario puede enviar a alguien dentro de un espiral de ansiedad, culpa y disgusto por su propio cuerpo. Muchas veces estas palabras vienen de seres queridos lo que aumenta aún más el efecto que puede tener sobre alguien que está sufriendo un trastorno alimenticio, o para quienes están a punto de saltar en el.
«Estás más delgada» o todo lo contrario, «come un poco más» o «un poco menos», y la presión añadida pone en riesgo a los jóvenes, en especial, a la mujeres.
