Publicado: abril 4, 2025, 2:30 pm
Pues sí, a muchos les parecerá que exagero, pero cuanto más recuerdo la imagen de Donald Trump anteanoche alardeando de estar liberando a los Estados Unidos de la opresión a que los tienen sometidos el resto del mundo, más me reafirmo en esta impresión, es decir que me atrevo a considerar una catástrofe universal, tan dolorosa como indignante al mismo tiempo. Los economistas, los juristas, los diplomáticos y los políticos de todos los países y de todas las ideas y capacidades, irán desmenuzando en los próximos tiempos la gravedad de semejante vileza al servicio de su creencia de salvador de los más privilegiados a costa de empobrecer y condenar su futuro a los más desfavorecidos.
Mientras todos lamentamos semejante desprecio al resto de la humanidad y nos lleva de partida a preguntamos de qué hay que liberar a los Estados Unidos. Trump ha empezado por estimular, nuestra indignación con su desprecio y vileza, ya reconocidos desde muchos antes de ocupar la Casa Blanca de Washington y ahora, con tantos poderes en sus manos, dispuesto a vengarse no sabemos de qué y a castigarnos con decisiones mentirosas y crueles. He vivido allí seis años, siguiendo la actualidad diaria y admirando tanto al pueblo norteamericano en su variedad étnica, sus libertades –culturales, religiosas o sociales –y su estabilidad política, garantizada siempre por una Constitución redactada hace más de doscientos años y actualizada con varias decenas de enmiendas, y respetada por todos. Sabemos que es la principal potencia militar y económica, que impone una autoridad internacional, con todo el poder que ejerce, pero nunca escuché allí el absurdo de ser un país oprimido por nadie.
Trump no sólo ha puesto con su creencia de que es el propietario del Planeta, y su egolatría sin límites, la frágil estabilidad mundial patas arriba, como suele decirse, y verle anteanoche anunciar la euforia con que se enorgullecía informando de su condena a todos los demás al afrontar una etapa de nuevos problemas, incluido el peligro alarmante de una tercera guerra mundial, y pasando por el incremento, desde hoy mismo, de medidas que generan más muertes, desgracias y problemas graves ante el inminente encarecimiento de las medicinas, alimentos y tantos otros productos y servicios de primera necesidad que causarán incluso el aumento de las muertes por hambre. Mientras veía como anunciaba la guerra de los aranceles y le escuché nombres de países, como Bangladesh, donde cada día fallecen centenares de personas esclavizadas por la miseria y el hambre, llegué a la conclusión de se trata más que de un reincidente y engreído matón condenado por delincuencia, el malvado que lidera la historia de sátrapas de nuestro tiempo.
Repasando el recuerdo de muchos personajes siniestros, desde Hitler, Stalin o Pol Pot, entre los más recientes, o Calígula, Herodes o el Gengis Kan, y tantos otros Trump se incorpora desde hoy, ya como el sucesor más malvado del siglo XXII. Sus predecesores fueron siniestros asesinos y opresores en países, regiones o incluso continentes, pero la maldad de Trump, si por algo se caracteriza, es que no tendrá límites geográficos: se extiende a toda la Tierra y afectará a miles de millones, tantos miles de millones de dólares como es su propia ambición sin escrúpulos junto a la de algunos de los secuaces que le animan en su egolatría y en la creencia de es que el dueño y el libertador que nos quiere castigar exigiendo devoción y reverencia.