Publicado: agosto 15, 2026, 7:02 pm
Vaya inicio de LaLiga 2026/2027 en el Sánchez-Pizjuán. El Sevilla tuvo que remontar ante un Rayo Vallecano (2-1) que ha cambiado de líder, pero sigue siendo un hueso durísimo de roer, para sumar sus primeros tres puntos de la temporada en un partido con mucha polémica: tres penaltis, uno anulado y otro muy justo, una expulsión, que dejó a los de Luis García Plaza con uno menos en los últimos minutos, y bronca final entre ambos equipos.
Todavía en pleno proceso de confección, con una plantilla muy renovada en la que todavía faltan muchos refuerzos, como reclamó el entrenador del Sevilla tras el partido, y una convocatoria plagada de canteranos, dos de ellos —el centrocampista Nico Guillén y el extremo Miguel Sierra— en el once inicial, se presentó el Sevilla a su primer compromiso liguero, en el que recibía el nuevo proyecto rayista. Eso sí, a medias: el equipo de Beñat San José aterrizaba en la capital andaluza con el grueso del grupo que llegó a la final de Conference League el año pasado, pero sin sus dos caras nuevas, el extremo georgiano Giorgi Tsitaishvili y el central albano Marash Kumbulla, inéditos en pretemporada por su tardía llegada.
La ilusión de la nueva temporada duró en el templo sevillista menos de cinco minutos. Eso fue lo que tardó el Rayo en ponerse por delante en el marcador. Y no tanto por mérito propio, sin desmerecer el esfuerzo de la presión de Álvaro García, sino más bien por un error garrafal de Sangante, uno de los fichajes. Y es que el central se durmió al recibir un balón rechazado y el delantero franquirrojo le robó la cartera, dejando por el camino a Vlachodimos, para hacer el primero a puerta vacía.
Gran contratiempo para los locales. Y extra de confianza para los visitantes. Porque el gol dio al Rayo la oportunidad de plantarse bien sobre el terreno de juego, sin hacer concesiones para que los nervios afloraran en el rival, y en busca de otra acción de ataque que pudiese darle el segundo. Lo logró pasada la media hora, pero el tanto de Isi Palazón no subió al marcador por una falta previa. Eso sí, era un buen resumen de lo que se veía sobre el césped: los de Beñat San José estaban mucho mejor, ávidos en la presión y muy agresivos en ataque, mientras el Sevilla todavía se veía perdido n la creación y descolocado en fase defensiva.
Pero todo cambió en una jugada aislada, al borde del descanso. Agoumé encontró a Isaac Romero en el borde del área y el delantero, que había controlado muy forzado el balón, se fue al suelo tras una obstrucción de un Augusto Batalla que había abandonado su portería para tratar de frenar el peligro. Penalti claro para el árbitro, pero no tanto para el VAR, que llamó a De Burgos Bengoetxea para que lo revisase. El paso por la pantalla hizo cambiar de opinión al colegiado, que anuló la pena máxima y dejó la primera gran polémica de LaLiga.
También un cambio de dinámica en el Sevilla, que para entonces ya dominaba el juego pero no encontraba las ocasiones y que se fue al descanso después de que Isaac Romero mandase alto un testarazo que fue su despedida. En la segunda parte, saltó al campo otra cara nueva en su lugar, el escocés Robbie Ure, que solo había completado un entreno con el grupo. Junto a él, Peque. Los dos le cambiaron la cara al equipo.
Se vio un Sevilla más intenso, en esa misma línea de dominio del tramo final del primer tiempo, y a los cinco minutos de la reanudación tuvo premio: Miguel Sierra estuvo más atento que Álvaro García para intentar cazar un rechace y el delantero terminó cometiendo penalti. Jon Guridi fue el encargado de transformarlo en el empate para empezar un nuevo partido, en el Beñat San José intentó reaccionar con la entrada de Camello y Alemao.
Siguió apretando el equipo hispalense, en busca del segundo. Pero el Rayo aguantó el asedio, a la espera de su oportunidad, que llegó cuando el paso de los minutos desgastó a los sevillistas: a cinco minutos del final, rozó el 1-2 con una falta tremenda de Lejeune que obligó a aparecer al portero del Sevilla, y después en el saque de esquina posterior, en el que Alemao remató forzado.
Los nervios terminaron de entrarle a los de Luis García Plaza con la expulsión de Kike Salas, que vio la roja directa por una durísima entrada sobre De Frutos. Pero no fue, ni mucho menos, una condena para el Sevilla, que se vino arriba en la prolongación y rascó otro penalti, con Ure como protagonista: el escocés recortó ante Peque, tras recibir el cuero de un Peque conducía una contra, y Lejeune le golpeó abajo en el pie, un contacto mínimo que fue suficiente para que el árbitro señalara penalti.
Ya no estaba Guridi en el campo, así que fue Peque el que asumió la responsabilidad. No perdonó el centrocampista sevillista desde los once metros para darle los primeros tres puntos de la temporada a un Sevilla que todavía tiene trabajo por delante.
