Publicado: octubre 9, 2026, 3:00 am
La élite del turismo mundial, responsables de las grandes cadenas hoteleras y navieras de cruceros, se dio cita este jueves en La Valeta (Malta) para poner en común el rumbo al que se dirige su negocio. Lo hicieron con motivo de la vigesimosexta edición de la cumbre global del Consejo Mundial de Viajes y Turismo (WTTC, por sus siglas en inglés) que este año ha estado condicionada por la incertidumbre geopolítica que rodea al sector. Un hito que muchos de los directivos prefirieron dejar pasar durante sus intervenciones, pero que copó las conversaciones cuando se apagaron los focos.
Si en algo coinciden fuentes del entorno de estas cadenas es en la reducción de los márgenes que está provocando el alza de costes energéticos derivado de la guerra en Oriente Próximo. Un hecho que será latente en los balances que estas compañías, principalmente las de transporte, presenten al cierre del ejercicio. Esta tesis se alinea con la compartida por la alianza turística Exceltur días atrás, cuando descartó un freno en los ingresos del sector en España pese a advertir de unos márgenes cada vez más tensionados por la inflación.
Este escenario es aún más desafiante para compañías como MSC, que afrontan un incremento sustancial de los costes al hacer negocio con activos pesados. «Con la inflación, los materiales y la energía, un barco contemporáneo puede costar hasta 2.000 millones de dólares (1.785 millones de euros al cambio actual)» reconocía el responsable de los cruceros del grupo, Pierfrancesco Vago, en su intervención durante la cumbre. Para el ejecutivo italiano, no obstante, el verdadero reto está en «diseñar hoy un barco, que lleva 5 años, para cómo se divertirá la gente en 15 años, porque amortizar tanto capital lleva más de 30».
Desde el prisma hotelero, las cifras reveladas durante el Davos del turismo -como se conoce a esta cumbre en el argot- invitan al optimismo. Según la organización, la actividad turística crecerá un 2,5% a escala global en 2026, a pesar de la escalada bélica en Oriente Próximo. Un 3,1% en el caso del mercado europeo, aupado por el ‘efecto refugio’ del conflicto. Detrás de estos datos hay un golpe de timón de grandes cadenas hoteleras como IHG, que ha apostado por la diversificación geográfica para mitigar los riesgos geopolíticos. «Hay volatilidad. Hay una guerra aquí, un conflicto allá, una crisis aquí (…) pero cuando estás en 50 países, se compensa» reconoció el CEO de la cadena, Elie Maalouf mientras explicaba que el 60% de las 330.000 habitaciones que la compañía tiene en desarrollo están al este de Europa, en países como Turquía, Oriente Medio, India, el Sudeste Asiático, China o Japón.
Hay quienes ponen el foco en la diversificación y hay quienes prefieren escudarse en la preparación para capear el temporal. Es el caso de la estadounidense Marriott, cuyo responsable para EMEA, Neal Jones, asumió el cargo con la guerra en la región ya en marcha. Desde su perspectiva, «la resiliencia no ocurre simplemente durante una crisis, se construye antes”. Para el directivo, es «la nueva normalidad» y «una competencia empresarial que necesita estar arraigada en la organización», algo que, a su juicio, no todas las compañías han asumido todavía, porque algunas siguen «algo a la defensiva». La cadena lo traduce en planes de crisis que ensaya con simulaciones, la última con su cúpula directiva sobre una amenaza cibernética.
