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El año de los aranceles: cuando Trump intentó retorcer el brazo al comercio mundial y la economía respondió mejor de lo previsto

Publicado: diciembre 26, 2025, 5:20 am

La palabra del año, según la Fundación del Español Urgente (FundéuRAE), ha puesto patas arriba el comercio mundial y ha dado un vuelco al sistema que durante décadas ha regido las relaciones económicas entre las grandes potencias. Los aranceles masivos anunciados a lo largo del año por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generaron un tsunami de incertidumbre que ha impactado en la toma de decisiones de bancos centrales, gobiernos, empresas y consumidores a lo largo de los últimos meses; al tiempo que ha elevado de forma notable la tensión geopolítica con su gran rival, China.

El impacto ha sido evidente y, sin embargo, los indicadores publicados hasta la fecha apuntan a que, en líneas generales, las economías han aguantado el embate mejor de lo que podía preverse a principios de año. Ha sido así para la Eurozona, pero también para España. Si bien, la primera partía de la desventaja de que su dependencia de los intercambios comerciales con Estados Unidos es mayor. Las exportaciones del área del euro a la primera economía del mundo representaron algo más del 10% de su PIB en 2024 frente al 4,4% en el caso de España.

Pese a que la zona euro enfrenta desde agosto nuevos aranceles del 15% en la venta de una buena parte de sus productos a EEUU -y que estos impactan a sectores clave como el aceite, el vino o el jamón español-, «ha experimentado un aterrizaje suave», apuntan desde Vanguard, la mayor firma de fondos de inversión del mundo. La inflación anual cerrará en 2025 próxima al objetivo del 2% a medio plazo marcado por el Banco Central Europeo (BCE), la economía crece cerca de su potencial y la tasa de desempleo se sitúa en su nivel más bajo desde la creación del euro en 1999.

En el caso concreto de España, para la que los principales organismos han elevado la previsión de crecimiento al entorno del 3% de cara al cierre de este ejercicio, sí se perciben algunas tensiones por el lado de los precios. La tasa general de inflación apenas se moderó una décima en noviembre hasta el 3%, lo que resta competitividad al país con respecto a la Eurozona, donde se encuentran sus principales socios comerciales, y la subyacente -que tiende a reflejar tensiones más estructurales en los precios- se situó en máximos del año en el 2,4%.

La estrategia de la Casa Blanca

Desde su llegada al poder, la Administración Trump convirtió los aranceles en una «pieza central» de su política económica, explica Isabela Lara White, economista de CaixaBank Research. La Casa Blanca sostiene que son la vía para proteger las industrias nacionales y repatriar la manufactura a suelo estadounidense (incluyendo el fortalecimiento de la independencia económica en sectores estratégicos), para corregir el déficit comercial y para aumentar la recaudación y financiar con ello parte del creciente déficit fiscal que ha venido acumulando.

Esa hoja de ruta llevó al líder republicano a anunciar el 2 de abril -que llegó a bautizar como el ‘Día de la Liberación’- aranceles masivos. Afectaban a 180 países, muchos de ellos aliados naturales de Washington. Donald Trump fijó entonces un gravamen generalizado del 10% y tasas adicionales más elevadas, que calificó de «recíprocas», a aquellos países que registraban mayor superávit comercial con EE.UU. El anuncio provocó varias jornadas de turbulencias en los mercados financieros que obligaron a Trump a reconsiderar su postura y a abrir un periodo de negociación con sus principales socios comerciales.

La congelación de tasas no fue gratuita. Trump accedió a situar los aranceles definitivos en torno al 10% a cambio de concesiones, como la adquisición de gas y petróleo o las inversiones en suelo estadounidense que reclamó a la Unión Europea que, al mismo tiempo, reducirá a cero sus propias tasas sobre la mayoría de los productos industriales norteamericanos, en virtud del acuerdo sellado en verano entre las partes.

Tampoco ha sido gratuito su impacto en la economía de Estados Unidos. Hace solo unos días, el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, atribuyó a los aranceles la persistencia de la inflación en torno al 3% y el deterioro que esta provoca en el poder adquisitivo de los estadounidenses. El votante ya ha empezado a penalizar a Trump en las elecciones locales y estatales celebradas desde noviembre.

Su ‘guerra’ con China sigue otro rumbo

Como ha venido sucediendo desde el anterior mandato de Donald Trump (2017-2021), la guerra comercial con China ha seguido un rumbo diferente. Cuando el 2 de abril la Casa Blanca fijó una tasa del 34% a las exportaciones chinas, Pekín respondió de inmediato y la escalada arancelaria entre las dos mayores economías del planeta se prolongó por varios días. Los gravámenes de EEUU a los productos chinos llegaron a colocarse en el 145% y los de China a las importaciones estadounidenses en el 125%.

Hicieron falta varias rondas de negociaciones al más alto nivel (incluida una reunión entre Trump y su homólogo chino, Xi Jinping) para que las dos administraciones se dieran una tregua. En virtud de esta, la tasa media que Washington aplica a los bienes chinos se sitúa entre el 29 y el 48% y la que el gigante asiático aplica a su rival entre el 30 y el 35%.

«La economía mundial ha demostrado su resiliencia tras la estabilización de los aranceles, los estímulos fiscales que respaldan el crecimiento y el inicio de la flexibilización de la política monetaria por parte de muchos bancos centrales», apuntan desde la gestora Capital Group. Con todo, el horizonte sigue sin despejarse por completo y, de cara a los próximos meses, los economistas recomiendan prestar una atención especial a cualquier impacto adverso retardado derivado de los aranceles estadounidenses por su posible impacto a nivel mundial.

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