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Cincuenta años del primer trasplante de médula en España: «El doctor me dijo 'eres su gemela, puedes salvarla', y no lo pensé'»

Publicado: mayo 20, 2026, 11:41 pm

Modesta Álvarez tenía solo 13 años y toda una vida por delante cuando le diagnosticaron leucemia aguda, un tipo de cáncer que se origina en las células productoras de sangre de la médula ósea que avanza rápidamente. De eso hace cinco décadas. Era abril de 1976 y en aquel tiempo las palabras del médico del Hospital de Sant Pau impactaron como una sentencia de muerte. En un primer momento le indicaron quimioterapia y aparentemente reaccionó al tratamiento, pero meses después recayó y su pronóstico empeoró en poco tiempo. Fue entonces cuando un equipo de especialistas del centro barcelonés, capitaneados por el doctor Andreu Domingo , fundador de la Unidad de Hematología Clínica del hospital, plantearon a la familia la opción de realizar un trasplante de médula, el primero en España y de los pocos que se estaban preparando en Europa. En aquel momento, solo EE. UU. tenía experiencia en este tipo de intervenciones. La primera opción fue Teresa, hermana gemela univitelina -proceden de un único óvulo fecundado- de Modesta. Lo tuvieron claro. Ella también. «Eres su hermana gemela, puedes salvarla», le dijo el doctor Domingo. La adolescente no titubeó. «Me lo explicó tan bien que ni me lo pensé. Reflexioné sobre lo que suponía el paso que había dado mucho más tarde», confiesa Teresa en una entrevista a ABC apenas 24 horas antes de que el Hospital de Sant Pau celebre el 50 aniversario de ese primer trasplante de médula ósea que marcó un hito médico y científico en este tipo de intervenciones en España y en Europa. La operación, que se llevó a cabo el 22 de mayo de 1976, fue un éxito y la paciente recibió el alta tres semanas después en remisión completa de la enfermedad. Marcó el inicio del desarrollo del trasplante hematopoyético en España en un momento en el que este procedimiento era todavía muy experimental en el mundo y situó Barcelona y al centro catalán en el podio de la medicina internacional. En este medio siglo de trayectoria, en el Hospital de Sant Pau se han realizado más de 4.000 trasplantes , consolidando uno de los programas con más solidez, experiencia y reconocimiento internacional. Pese a que Modesta mejoró notablemente tras recibir la médula de Teresa, con el paso de los meses se fue debilitando. Pese a las transfusiones continuas de sangre no mejoraba. Los especialistas plantearon entonces un segundo trasplante pero no prosperó. Con los ojos humedecidos por el recuerdo, Teresa explica que dijo no a ese segundo trasplante. «Temía que esta vez pudiera tener consecuencias en mi organismo y dije que no», confiesa a ABC. Modesta fue apagándose y ya cumplidos los 14 años falleció. Su hermana, la que le dio esa segunda oportunidad de vivir, aunque solo por unos meses, se siente satisfecha de haberla ayudado y celebra todo lo avanzado en este tipo de operaciones en los últimos años. «Tras recibir el trasplante se puso bien, recuperó el peso y le salió pelo, estaba casi normal e incluso volvió por unos meses a la escuela. Yo era optimista pero mi madre se lo tomó con más cautela. Nos propusieron salir en la televisión y dijo que esperaráramos un tiempo», dice la donante. Ella, su hermana, y su madre, que las crió sola, hicieron siempre piña. Antes del trasplante, Modesta y Teresa habían estado internas en un colegio en Alemania, país al que su progenitora marchó en busca de nuevas oportunidades. «Siempre tuvo claro que volveríamos a España», afirma Teresa, que durante muchos años ha trabajado en la Fundación Puigvert, centro ubicado en el recinto del Hospital de Sant Pau y con el que colabora en determinados procesos asistenciales. Justo en el ala norte del hospital que arropó a su hermana hasta su último aliento, Teresa se emociona comentando algunas fotografías antiguas en las que aparecen ella y su hermana en distintos momentos de su vida. «Aquí acababa de recibir el trasplante y estaba fantástica. Mire», indica a este diario. Las lágrimas vuelven a asomar a sus ojos. El doctor Javier Briones , actual director del Servicio de Hematología del Hospital de Sant Pau, destaca todo lo avanzando en estas intervenciones en los últimos 50 años. «Para empezar, los precursores hematopoyéticos ya no se obtienen de la médula sino de una simple analítica de sangre, un procedimiento mucho menos invasivo para los donantes», apunta el especialista. Explica que los donantes «llegan al hospital, se sientan en una butaca y se les realiza una extracción de sangre con un catéter, como una simple analítica, y al cabo de unas 3 o 4 horas vuelven a sus casas». El especialista el Sant Pau subraya los avances realizados también en los tratamientos que reciben los receptores para combatir las infecciones y el rechazo. «Hace 50 años a los que mostraban rechazo se les daba esteroides, no había otra opción. Ahora los que no responden al tratamiento inicial (cerca de un 30%) tienen a su alcance más arsenal terapéutico para combatirlo como la inmunoterapia o el tratamiento basado en moléculas inhibidoras de algunas proteínas implicadas en ese rechazo», dice Briones. Recuerda, asimismo, que los avances han permitido que hoy en día puedan ser candidatos a trasplantes de médula personas de hasta 70 años . «Gracias a los avances en tratamientos de estos años, en enfermedades indicadas para trasplante como la Anemia de Fanconi o las aplasias el porcentaje de recuperación es del 90% y en el caso de las leucemias agudas se sitúa en el 50%», apunta el hematólogo. Recuerda que «cada trasplante comienza con el mismo gesto: una persona que decide, de forma totalmente altruista, dar sus células de tuétano para ayudar a otra persona». Sin embargo, solo uno de cada cuatro pacientes, según el Registro de Donantes de Médula Ósea (Redmo), encuentra un donante compatible en su entorno familiar, por lo que los donantes no emparentados son clave. Cuarenta y ocho años después de ese primer trasplante a Modesta y gracias a los avances de estas últimas décadas, Maragda Guallar, de 50 años y afectada de leucemia mieloide aguda, sigue con nosotros. Recaló un día en su hospital de referencia, el Parc Taulí de Sabadell (Barcelona) aparentemente con un cuadro de hemorroides pero salió de allí con el duro diagnóstico y una ambulancia con la sirena activada. «Ese mismo día me llevaron al Sant Pau y empezaron la búsqueda de donante», explica. Fue un donante internacional, un joven alemán, quien le proporcionó su prórroga de vida. «Le estoy sumamente agradecida», dice la paciente, que fue intervenida en octubre de 2024 . En el hospital barcelonés y ataviada con gafas de sol porque la intervención le ha causado problemas severos de sequedad ocular, Maragda lanza un mensaje a las personas que hoy reciben el diagnóstico: «Les diría que esta enfermedad se cura. Que vayan a por todas y se relajen». Antes de despedirse hace un apunte final y agradece el cariño que recibió del equipo de enfermería. «Son lo mejor que me ha pasado», asevera. Irene Garcia , adjunta del Servicio de Hematología del centro, recuerda que tras transferirse las células madre del donante al receptor comienza una etapa de seguimiento y recuperación, «ya que el nuevo tuétano debe empezar a fabricar nuevas células sanas y debe controlarse que no surjan complicaciones». En 2025 en España se realizaron 3.619 trasplantes de médula ósea, 611 en Cataluña. El 95% de las donaciones de tuétano se realizan por sangre periférica. El otro 5% sigue haciéndose con punciones en las crestas ilíacas en quirófano, como en 1976.

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