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De la admiración a la rivalidad: cómo Madring escenificó el fin del idilio entre Fernando Alonso y Carlos Sainz

Publicado: septiembre 15, 2026, 3:27 pm

«Yo estoy aquí por este», decía Carlos Sainz señalando a Fernando Alonso ante un público enfervorecido en la Monumental, la icónica curva peraltada de Madring . Lo hacía minutos antes de que arrancara la carrera que, a la postre, decepcionó y en la que ellos mismos fueron protagonistas por un contacto entre ellos que hizo llevar a esos mismos fans las manos a la cabeza. La entrada del túnel de la polémica curva 5 de Madring fue el escenario del último encontronazo entre dos pilotos que estaban llamados a ser una suerte de padre e hijo deportivo, maestro y aprendiz, rey y heredero. Es inevitable pensar que sin Alonso no hubiera llegado Sainz a la Fórmula 1 y que la presencia del madrileño en la parrilla también se puede considerar una parte del legado del asturiano . Sainz nunca ha ocultado que se dio cuenta de que quería encaminar su carrera profesional hacia la Fórmula 1 en la visita a Montmeló durante el Gran Premio de España de 2006 , cuando conoció a Alonso. Aquel encuentro y aquella foto, sacada por el periodista Carlos Miquel, se convirtió en una imagen icónica con la llegada del madrileño a la Fórmula 1 en 2015. Alonso empezó a ejercer como una suerte de mentor, se les veía juntos en la parrilla y no era extraño que incluso se acompañaran para viajar por los diferentes circuitos del calendario. Veinte años después, también en el Gran Premio de España pero en Madrid, saltaron chispas entre ambos. Antaño, el asturiano era más que un amigo en el hogar del hoy piloto de Williams y de su padre, un Carlos senior que le introdujo incluso en el mundo de los rallies para llegar a debutar en el Dakar. Poco a poco, conforme la estrella de Alonso se iba convirtiendo en un largo camino hacia lo inevitable y el brillo de Sainz iba creciendo, el trato se ha ido enfriando hasta un trato correcto y respetuoso, pero ni mucho menos íntimo como antes. No es extraño que entre dos pilotos de Fórmula 1, como en cualquier deporte, lo que empieza como una relación de admiración se convierta en una rivalidad directa. Hay infinidad de casos, desde los antiguos Lauda contra Hunt , pasando por el clásico Prost contra Senna o Hamilton contra Alonso o contra Rosberg . No es nada extraño que dos pilotos, algunos de ellos compañeros, se traten de todo menos de amigos. Si hay que situar un punto de inflexión de la rivalidad entre ambos hay que viajar en el tiempo una década, hasta Estados Unidos en 2016 . Allí, en el trazado de Austin, un joven Carlos defendía con uñas y dientes el quinto puesto en su Toro Rosso frente a un veterano Alonso en su McLaren. El asturiano lanzó un ataque al límite por el interior, impactando lateralmente al madrileño y provocándole un pinchazo lento. Lo que para Alonso fue un simple lance de carrera para enmarcar, para Sainz supuso la primera y dura demostración de que en la pista las amistades son muy relativas. La verdadera fricción llegó cuando ambos contaron por fin con maquinaria para pelear en la zona noble durante la temporada 2023. El Gran Premio de Australia dejó una de las imágenes del año cuando, en una caótica resalida final, el Ferrari de Sainz apuró la frenada en la primera curva y provocó que el Aston Martin de Alonso trompease. La sanción de cinco segundos posterior dejó a Carlos fuera de los puntos , y este reaccionó calificando la decisión de los comisarios como «la mayor injusticia de la historia del deporte». Apenas unas semanas después, en la sprint del Gran Premio de Azerbaiyán, Alonso acusó por radio a Sainz de cerrarle drásticamente el espacio a alta velocidad asegurando que lo había empujado contra el muro. La guerra psicológica continuó en el Gran Premio de Austria, donde el asturiano se dedicó a señalar constantemente a dirección de carrera cada una de las salidas de pista del madrileño para forzar una penalización. Temporada 2024, Gran Premio de China . Shanghai fue el escenario de una escalada total tanto en el asfalto como en los despacho. Durante la carrera sprint, una feroz lucha cuerpo a cuerpo por el podio terminó con un toque en la curva nueve que provocó el abandono de Alonso por pinchazo y una sanción para el asturiano de diez segundos. Horas después, en la sesión de clasificación, Sainz sufrió un accidente que provocó una bandera roja pero logró reiniciar su monoplaza y regresar a boxes. Aston Martin presentó entonces una protesta oficial ante la FIA exigiendo la anulación de sus tiempos, reclamación que finalmente fue desestimada. El punto culminante de esta tensa relación se ha vivido en el debut de Madring como escenario del Gran Premio de España. En la curva cinco del trazado madrileño, Sainz cerró la trayectoria estrangulando al bicampeón contra las protecciones a más de 300 km/h y rompiendo el alerón delantero del Aston Martin. Alonso explotó por la radio afirmando que su compatriota lo había echado contra el muro, y después ante los medios se lamentó de que no era la primera vez que lo hacía y que tenía suerte de haber salido vivo. Por su parte, Sainz, penalizado con cinco segundos tras la acción, se defendió públicamente acusando a Alonso de usar la radio de forma manipuladora para condicionar a los comisarios deportivos. Aunque después de la carrera ninguno de los dos quiso ahondar en la polémica, es bastante evidente que las risas y abrazos de hace años quedan muy lejos. Y trasciende la pista. El progresivo acercamiento mediático hacia el lado de Sainz frente a Alonso ha hecho que este, entre otros motivos personales, se niegue a hablar ante los micrófonos de DAZN, el canal que retransmite las carreras en España y donde, para más inri, trabaja su pareja Melissa Jiménez. Queda por ver qué consecuencias tiene este encontronazo en Madrid. La próxima cita del campeonato del mundo de Fórmula 1 es el Gran Premio de Azerbaiyán, en Bakú, donde cualquier fallo también acaba contra los cercanos muros. La situación de Williams y Aston Martin hace prever que Alonso y Sainz volverán a encontrarse luchando por las migajas cercanas a los puntos, y con total probabilidad podrían volver a toparse uno con el otro. Y entonces, quizá, las ascuas de Madring vuelvan a avivarse sobre la bandera española.

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