Publicado: julio 22, 2026, 10:04 am
Empezar a invertir es una decisión clave para proteger el ahorro acumulado, generar patrimonio y lograr tus metas financieras. El problema es que muchas personas dan este paso sin un plan ni una estrategia clara y eso es el caldo de cultivo para cometer errores que pueden hacerles perder dinero o no conseguir los resultados que esperan.
No hace falta ser un experto o tener un máster para invertir, pero sí entender una serie de reglas básicas y, sobre todo, evitar errores de bulto que se comenten más a menudo de lo que pensamos. De hecho, en finanzas cuentan más los fallos que esquivas que los aciertos que tienes. Y para no caer en ellos hemos hablado con Marc Quiroga, analista financiero titulado EFA y CEFA y director académico de Método Linvest, que nos desvela los errores más habituales al empezar a invertir.
Esperar demasiado para empezar a invertir
El primer error al empezar a invertir es precisamente no empezar nunca o hacerlo demasiado tarde. Y aquí puede darse una de las dos siguientes situaciones e incluso ambas.
- Conformarse con ahorrar sin invertir: «Ahorrar es imprescindible, pero si el dinero no crece por encima de la inflación, puede perder poder adquisitivo con el paso del tiempo», explica Marc Quiroga. Eso es lo que le sucede, por ejemplo, al dinero parado en cuentas corrientes.
- No empezar a invertir por esperar el momento perfecto: «Esperar demasiado puede hacer que pierdas años muy valiosos de acumulación y crecimiento compuesto». Los números aquí son claros: perderse tan solo los 5 mejores días del mercado desde 1988 reduce el rendimiento total a largo plazo en un 38% según datos de la gestora Fidelity.
En resumen, que al invertir cuenta más el tiempo que mantengas la inversión que acertar en el mejor para entrar que, de hecho, es una de las cosas más complicadas.
Invertir sin objetivos ni plazo definido
Tener un plan es clave para invertir y todo plan necesita un objetivo. Invertir sin objetivos claros ni horizontes temporales definidos es el segundo error de bulto y uno de los más repetidos. Y es que no es lo mismo invertir para la entrada de una vivienda dentro de dos años que para la jubilación dentro de 30.»Cada objetivo exige una estrategia distinta y de capacidad de asumir riesgo dependerá del horizonte temporal de tus objetivos», resume el experto.
En este punto lo más importante es definir el perfil de inversor, que no solo depende de tu aversión al riesgo, también de cuánto tienes por delante. Esa es la diferencia entre tolerancia al riesgo (si te asustan las caídas) y capacidad de asumir riesgos, que normalmente está marcado por el plazo de la inversión y tu punto de partida. Como norma general, cuanto más corto sea el plazo, más cuidado conviene tener con la volatilidad y la liquidez.
Comprar lo que está de moda
Cuando no tienes un plan ni un objetivo, pero sí prisa por empezar a invertir es más sencillo caer en otro fallo de manual: «comprar lo que está de moda o de lo que hablan cuatro gurús en redes sociales», explica Marc Quiroga.
Al final, «invertir por tendencia o por recomendación ajena suele llevar a comprar tarde, caro y sin entender realmente el producto» y eso tiene un coste en términos de rentabilidad. Además, una cosa es saber cuándo entrar, que es lo que venden muchos perfiles en redes sociales, y otra muy diferente cuándo salir o vender. Y si no sabes cuándo hacerlo puedes quedarte atrapado y entrar en pérdidas.
Invertir sin entender bien el riesgo que estás asumiendo
Esta es una de las cosas que define al inversor primerizo. Una vez se lanza tiende a infravalorar los riesgos de la inversión y a sobrevalorar sus propios conocimientos cuando en realidad «no entiende el riesgo real de lo que compra», según Marc Quiroga. Lo que ocurre aquí es que «un producto puede parecer sencillo o seguro, pero esconder riesgos de liquidez, volatilidad, divisa, concentración o plazo».
Un ejemplo serían los planes de pensiones porque son un producto clásico. Sin embargo, apenas se habla de que son muy ilíquidos (normalmente habrá que esperar como poco 10 años para recuperar el dinero), están pensados para el largo plazo y muchos concentran la inversión en renta fija. Además, por supuesto del riesgo fiscal de no acertar en el rescate y perder en impuestos buena parte del ahorro acumulado.
Además, aquí se suma una segunda derivada: olvidarnos o no saber que el riesgo se paga. Si hay una máxima en inversión es que rentabilidad y riesgo van de la mano. «Buscar más rentabilidad implica asumir más riesgo, y desconfiar de cualquier inversión que prometa grandes ganancias con poca o ninguna posibilidad de pérdida» resume Marc Quiroga.
Concentrar demasiado dinero en una sola inversión
Este es un error que afecta tanto a novatos como a inversores experimentados. Es muy fácil enamorarse de una inversión, pero también muy peligros. Como dice Warren Buffett, la diversificación es la protección contra la ignorancia.
Diversificar implica invertir en diferentes activos para reducir el riesgo en caso de que alguno de ellos caiga. Para entenderlo mejor, si tienes una sola acción y sufre una caída del 50%, tu patrimonio se reduce a la mitad. Si tienes dos y una de ellas cae un 50%, solo pierdes un 25% de todo tu patrimonio.
A partir de ahí, también hay que evitar el error más común al diversificar, que es tener diferentes tipos de activos, pero todos dentro de un mismo país. Por ejemplo, acciones de varias empresas, títulos de renta fija e inmuebles, pero todos de España. Con esta estrategia estarías diversificando por activos, pero no de forma geográfica y una mala noticia sobre el país afectaría a toda la cartera.
Vender en pánico cuando llegan las caídas
Esto es lo que «suele ocurrir cuando no entiendes bien lo que tienes comprado o estás asumiendo más riesgo del que realmente puedes tolerar». En el momento que llegan las caídas, terminas vendiendo en pánico justo en el peor momento.
El problema de vender en pánico es doble. Por un lado, conviertes una caída temporal en una pérdida real y definitiva. Al final, la tendencia general del mercado a largo plazo es alcista, por lo que si mantienes la inversión es posible que se recupere y que esa pérdida sea solo algo coyuntural. Al vender la conviertes en algo real.
Por otro lado, una mala experiencia de este tipo puede llevarte de nuevo a la casilla de salida. Es decir, al error número uno que es no invertir por miedo.
Fijarse solo en la rentabilidad y no en lo que realmente te queda
Obtener beneficios es el principal motivo de inversión para la mayoría de personas el problema es «guiarse por la rentabilidad bruta, sin tener en cuenta los costes del producto«, que al final terminan reduciendo su rendimiento. Lo que suele ocurrir es que «una inversión puede parecer atractiva por su rentabilidad, pero las comisiones, gastos internos o costes de entrada y salida pueden reducir mucho el resultado final para el inversor».
Al final, todo coste añadido sale del mismo sitio: el dinero invertido. Por eso es importante fijarse en la rentabilidad neta de una inversión, es decir, en lo que queda después de restar gastos, incluidos los impuestos.
En este punto, «tampoco tiene sentido comparar productos distintos solo por la rentabilidad si no comparten riesgo, plazo y disponibilidad del dinero» porque sería como comprar peras con manzanas. Hay que recordar que una rentabilidad más alta puede estar compensando un riesgo mucho mayor.
No formarse mínimamente antes de tomar decisiones importantes de inversión.
Para terminar, no hace falta ser experto para invertir, pero sí entender unos mínimos: qué estás comprando, qué riesgo asumes, cuándo puedes necesitar el dinero, cuánto pagas en costes y qué puede pasar si el mercado cae.
«La falta de conocimientos básicos aumenta las probabilidades de asumir riesgos innecesarios o contratar productos que no entiendes» concluye Marc Quiroga.
