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Valoraciones extremas y 675.000 millones en busca de nuevos compradores ¿Aguantará Wall Street?

Publicado: junio 20, 2026, 3:00 am

Wall Street sigue comprando acciones y eso tiene algo de sorprendente. El S&P 500 cotiza cerca de 40 veces sus beneficios normalizados según el PER de Shiller (mide cuánto paga el mercado por los beneficios medios de los últimos diez años, ajustados por inflación), un nivel que históricamente solo ha aparecido en algunos de los momentos más exigentes para la bolsa estadounidense. Y no es el único indicador que apunta en esa dirección.

El conocido indicador de Buffett, que compara el valor total de la bolsa estadounidense con el tamaño de la economía, supera el 220%. El precio sobre ventas del S&P 500 ronda las 3,7 veces y Bank of America señala que el índice cotiza por encima de sus niveles habituales en 17 de las 20 métricas de valoración que sigue de forma regular.

La bolsa estadounidense lleva años conviviendo con advertencias sobre valoraciones elevadas. Sin embargo, esta vez empieza a aparecer un ingrediente nuevo que podría poner a prueba el apetito de los inversores.

Muchas acciones en camino

Goldman Sachs calcula que podrían llegar al mercado hasta 675.000 millones de dólares en operaciones relacionadas con acciones. La cifra incluye nuevas salidas a bolsa, ampliaciones de capital, colocaciones secundarias y ventas de participaciones por parte de compañías ya cotizadas.

No todo son títulos recién creados, pero todo pasa por el mismo filtro: tiene que haber alguien dispuesto a comprarlos. Y eso supone un cambio importante respecto a lo que ocurrió durante buena parte de la última década.

Mientras millones de inversores seguían canalizando dinero hacia fondos indexados, ETF, planes de pensiones y grandes gestoras, muchas empresas hacían justo lo contrario. Utilizaban su caja para recomprar acciones y reducir el número de títulos en circulación. Al mismo tiempo, el capital riesgo retiraba compañías de bolsa y las nuevas salidas al mercado no siempre compensaban esa reducción de la oferta. La consecuencia fue una dinámica muy favorable para la bolsa, ya que había más dinero buscando acciones que acciones buscando dinero.

Los beneficios empresariales explican una parte importante del espectacular comportamiento de Wall Street durante los últimos años. Los tipos bajos y el dominio de gigantes como Nvidia, Microsoft, Apple o Amazon hicieron el resto. Pero la escasez de papel tuvo más importancia de la que suele reconocerse.

De menos a más acciones

Cuando el número de acciones disponibles disminuye mientras la demanda sigue creciendo, las valoraciones pueden estirarse durante mucho más tiempo de lo que parece razonable. Ahora ese equilibrio empieza a moverse y la inteligencia artificial tiene mucho que ver.

La construcción de la próxima generación tecnológica exige cantidades enormes de capital. Centros de datos, chips, redes eléctricas, fibra óptica, sistemas de refrigeración y nuevas infraestructuras energéticas. Todo ello requiere inversiones multimillonarias mucho antes de que los ingresos futuros estén garantizados.

Por primera vez en años, algunas empresas que destinaban miles de millones a recomprar acciones empiezan a competir por financiación para construir la siguiente fase del ciclo tecnológico. El mercado deja de recibir dinero de las compañías y vuelve a convertirse en el lugar al que muchas acuden para pedirlo.

SpaceX ha sido el ejemplo más espectacular de ese cambio. La compañía vendió acciones a 135 dólares y terminó captando alrededor de 85.700 millones de dólares. La demanda superó los 250.000 millones y convirtió la operación en una de las mayores vistas jamás en Wall Street.

Los inversores estaban dispuestos a pagar caro porque no estaban comprando algo fácil de comparar con el resto del mercado, pero otra cosa muy distinta es absorber una oleada de salidas a bolsa, ampliaciones de capital y colocaciones secundarias de decenas de empresas diferentes, algunas con modelos de negocio menos consolidados y muchas menos historias que contar.

En una bolsa barata, la avalancha de nuevas acciones suele encontrar acomodo con relativa facilidad, pero en una bolsa que ya cotiza cerca de 40 veces beneficios normalizados, cada operación tiene que convencer a compradores que ya parten de valoraciones históricamente elevadas. Por eso algunos analistas han vuelto a mirar de reojo al año 2000.

Bank of America ha señalado que varias métricas de valoración se encuentran en niveles comparables a los observados durante la burbuja puntocom. La comparación no implica necesariamente repetir aquel desenlace, pero sí recuerda algo que el mercado suele olvidar durante las fases de mayor entusiasmo. Una tecnología revolucionaria y una buena inversión no siempre son la misma cosa.

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