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Desayuno con diamantes o la “mala suerte” de ZP

Publicado: junio 17, 2026, 3:00 am

Hoy miércoles y mañana jueves serán dos días muy importantes para José Luis Rodríguez Zapatero y para miles de españoles que ansían oír la versión y las explicaciones que puede dar el expresidente acerca de sus trabajos de comisionista y también del origen de esas famosas joyas encontradas en su despacho y valoradas en un millón trescientos mil euros.

Que te pillen traficando -presuntamente- con extrañas comisiones por el caso “Plus Ultra” es un problema considerable; pero que te pillen con un buen puñado de joyas en tu caja fuerte que no están acreditadas y que superan el millón de euros, después de decir tu portavoz que valían unos 50.000 euros, te deja algo malparado y retratado de tal manera en el imaginario colectivo que es muy difícil volver a disfrutar de una imagen impoluta ante la mayoría de la opinión pública.

Las lágrimas derramadas por el mito caído siempre son de cocodrilo, y se mueven en un triple esquema habitual: primero, negación de los hechos. ¡Pero si es un hombre muy afable y tranquilo! Luego, la impotencia ante la evidencia. La culpa es de los norteamericanos, de los jueces fachas, de los periodistas vendidos. Por último, la aceptación exculpatoria y cínica. Ha cogido algo de dinero, de acuerdo, pero todos lo hacen. Además, ZP es un buen socialista que tiene muy poco y está dispuesto a dar mucho.

Hay políticos que pasan por la historia dejando una ley, una reforma o una estatua. Zapatero ha conseguido algo más difícil: dejar una permanente sensación de polémica y mala suerte. Su llegada a la Moncloa en 2004 estuvo marcada por la conmoción de los atentados del 11-M y su inesperada victoria electoral frente a Mariano Rajoy. Su estancia en el poder y su salida también marcaron momentos de grandes conflictos: una crisis económica devastadora condenó al PSOE a perder las elecciones frente a un PP que logró la mayoría absoluta.

Si algo ha demostrado Rodríguez Zapatero es que posee un talento singular para encontrarse, una y otra vez, en el centro de historias que parecen escritas por guionistas aficionados a las paradojas. Periódicamente, aparece en debates internacionales, controversias nacionales o teorías conspirativas de salón que le atribuyen una influencia casi sobrenatural. Es una especie de Forrest Gump de la política española: siempre termina cerca de cualquier acontecimiento relevante, pero sin dejar de atraer grandes conflictos para sí mismo y alrededores.

Quizá la explicación más sencilla sea también la más humana. La mala suerte de Zapatero no consiste en que le ocurran más cosas que a los demás, sino en que cada cosa que le ocurre se convierte inmediatamente en noticia, e incluso en desgracia. En política hay dirigentes que dejan el escenario y desaparecen entre bastidores. Él sigue siendo un personaje que genera titulares, algunas simpatías, muchas críticas y bastantes sospechas. Y eso, visto desde cierta distancia, tiene algo de castigo y algo de privilegio. Porque en España, donde el olvido suele llegar tan rápido como la fama, quizá la verdadera mala suerte sea no dejar de ser nunca noticia.

El hombre que medió en medio mundo, que viajó a Venezuela, a Cuba, a China, a no sé cuántos rincones más en nombre de la paz y el diálogo, volvía luego a casa -o al menos a su despacho- cargado de souvenirs que habrían hecho llorar de envidia a la mismísima Audrey Hepburn mientras desayunaba su croissant y observaba desde el escaparate las maravillosas joyas de Tiffany’s. La diferencia, es que la novela de Truman Capote tiene un final mejor. La de Zapatero aún está en pleno rodaje, con el juez Calama como director de escena.

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