Publicado: noviembre 8, 2026, 9:01 am
Perder la maleta en un aeropuerto es un miedo que tenemos todos. Facturas, te subes al avión y durante todo el vuelo confías en que, al otro lado, la cinta te la devuelva. Yo me fui a Viena con mis padres y mi hermano, cada uno con su maleta facturada. El plan era llegar, coger las maletas e ir al hotel a buscar un sitio para cenar, que en Europa la vida termina un poco antes.
Pero la maleta de mi madre no salía. Salió la mía, salió otra y la cinta se fue vaciando hasta quedarse con dos maletas dando vueltas. Dimos la maleta por perdida y nos fuimos al mostrador a contar la historia en alemán y en inglés. Allí descubrimos que llevaba una hora delante de nuestras narices. Esto me enseñó lo que habría hecho un AirTag en esa cinta.

Mi madre decía que esa no era su maleta
Con la cinta casi vacía, solo quedaban dos maletas dando vueltas y una de ellas me parecía la de mi madre. La suya era dorada, sin nada que la distinguiera de cualquier otra, y ese era el problema. La mía lleva pegatinas por todas partes precisamente para reconocerla de lejos, pero una maleta dorada lisa se parece a mil más. Ella lo tenía clarísimo: «Esa no era, no era tan dorada». Yo tampoco he viajado tanto con esa maleta como para llevarle la contraria y no iba a coger la de otra persona, así que lo dejé estar.
Aun así, algo no me cuadraba, porque me acordaba de haber visto de reojo a alguien llevarse una maleta igual. Mi teoría era que se había equivocado y se había llevado la nuestra, y que la que quedaba, parecida, era la suya. Esa persona ya estaría fuera del aeropuerto, así que tocaba avisar a la aerolínea para que la trajera de vuelta y hacer el cambio. El viaje empezaba bien, con toda la ironía. Cogimos la maleta que quedaba, sin mirarla bien, para dejarla en el mostrador, y nos fuimos a explicarlo.

La cara de la chica del mostrador
Allí, la chica nos pidió el código de barras, esa pegatinita que te dejan al facturar, y se nos quedó mirando. Hasta que nos lo soltó con toda la educación del mundo: «Pero si la maleta que tienen delante es la suya».
Era esa maleta, la que habíamos visto dar vueltas en la cinta. Mi madre decía que no era, quizá por las luces del aeropuerto, y entre todos ni siquiera nos habíamos parado a mirarla bien. Desde entonces tenemos una broma familiar para cada viaje: a ver si esta vez nos acordamos del color de la maleta.
Con un AirTag se habría resuelto en lo que tarda en abrirse la app
Yo, por mi parte, llevo siempre un AirTag. Solo tengo uno, el de las llaves de casa, y lo voy moviendo. Si me compensa llevarlo en la maleta, saco el de las llaves y lo meto ahí. Si voy con la mochila y el Mac, lo meto en la mochila. Aquel día lo llevaba en mi maleta, pero mi madre no tiene ninguno.

Si lo hubiera tenido en la suya, en el instante en que dijimos que no sabíamos dónde estaba la maleta, habría abierto la app y habría visto que la tenía delante de mí. Todo se habría resuelto en lo que tarda en abrirse la aplicación y darle a buscar. Nos habríamos ahorrado el mostrador y el sofoco.
Y hay más. Con Iberia, por ejemplo, el AirTag se integra con su plataforma y, si se pierde la maleta, puedes compartirles el enlace para que ayuden a rastrearla. Puede pasar perfectamente, porque los errores ocurren. Y el AirTag viene muy bien para estos casos. Al menos, para saber dónde empezar a buscar. Si se quedó en origen, si se equivocó de vuelo… o si está enfrente de ti.
Veinte euros que merecen la pena
Por 35 euros como precio oficial (aunque es fácil encontrar ofertas), un AirTag te da una tranquilidad que en aquel momento me habría venido de maravilla. Lo mal que lo pasé por mi madre justifica esos euros. No es un producto que te cambie la vida, pero, por lo que cuesta, merece muchísimo la pena. Además, el AirTag 2 salió hace apenas un año. Es una compra recomendadísima.
Apple AirTag (2.ª generación)
A mí me ha salvado de unas cuantas. Una vez dejé la mochila en un sofá de Ikea y otra vez se me cayeron las llaves en el portal de casa, justo el día en que tenía viaje. Siempre pasa en el peor momento, y el AirTag me ha sacado de dos o tres apuros.
Para mi madre ya tengo regalo. Voy a comprar un paquete de cuatro y así los reparto entre toda la familia. Si nos llevamos el susto de la maleta, al menos que la próxima vez no sea culpa nuestra. Ahora, al menos, siempre nos quedamos con las risas.
Imagen de portada | Unsplash
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La noticia
Perdí la maleta en el aeropuerto y estaba delante de mí. Un AirTag me habría ahorrado el mal rato
fue publicada originalmente en
Applesfera
por
Guille Lomener
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