Publicado: septiembre 14, 2026, 10:11 pm

A sus 91 años, la actriz María Galiana afronta la vida con aplastante realismo y con la voluntad de continuar aprendiendo y trabajando, aunque reconoce que la vejez la obliga a aceptar cambios y que la «decrepitud física» es lo que más le cuesta asumir. «Me molesta muchísimo morirme, me molesta una barbaridad. Es horroroso», subraya en una entrevista con EFE.
Galiana (Sevilla, 1935) dice que no se hace demasiadas ilusiones sobre lo que se puede esperar de la vida. «Esperar cosas es una estupidez», afirma la actriz, que ni busca ni cree en la felicidad. «La felicidad no existe. Existe la satisfacción del deber bien hecho y, en todo caso, estar serena y en paz», asegura, convencida también de que no pensar en uno mismo es muy importante porque «no te desilusiona».
Lo último que yo pensaba en mi vida era que me iba a consagrar como abuela
A pesar de haber ganado un Goya por Solas (1999) y ser consciente del cariño que despertó en el público por su papel en la serie Cuéntame cómo pasó, confiesa a EFE que cree haber desperdiciado su carrera como intérprete. «El tiempo que yo llevo como actriz, para mí lo he desperdiciado. Veintidós años haciendo de abuela en televisión… ¡vaya un papel! Lo último que yo pensaba en mi vida era que me iba a consagrar como abuela. ¡Madre mía! Qué ajeno a mi personalidad«, subraya.
La actriz, que ha recibido este domingo el Premio de Honor del Festival Internacional de Cine Iridiscente de Guadix (Granada), asegura que lo que más le hubiera gustado habría sido hacer cine e interpretar personajes como Gertrudis, la madre de Hamlet; la mujer de Otelo y Madre Coraje. Tras décadas dedicada a la televisión, dice que ahora hace teatro «para compensar» y que estudiar los textos dramáticos es lo que hoy la mantiene «viva y despierta».
Hay una deriva a la maldad, claramente, contra la que hay que luchar como sea
Galiana, que se reivindica como una mujer libre e independiente gracias a su formación académica, critica que en el cine español los personajes secundarios son meros soportes sin trama propia y que la falta de mujeres guionistas ha perpetuado que los papeles femeninos de más edad sean prácticamente invisibles.
De hecho, sitúa parte del problema en que quienes escriben las historias son en su mayoría hombres, ante lo que reclama una mayor presencia de mujeres entre quienes dirigen y protagonizan las películas. «En el cine español yo te puedo dar una lista enorme de protagonistas masculinos: Javier Gutiérrez, José Coronado, Antonio de la Torre, Luis Tosar, Javier Bardem… Y, por contra, femeninas hay una que ha hecho una película y le han dado un premio, pero no hay un grupo de mujeres que estén trabajando y que sean las cabeza de cartel de la película», lamenta.
Al hablar de los valores que han guiado su vida, Galiana destaca sobre todo la responsabilidad, la importancia de tomarse las cosas en serio, el honor y la humildad. Cuenta que le preocupa especialmente la pérdida de respeto y de compasión en la sociedad, en especial el acoso escolar y la facilidad con la que algunos alumnos pueden convertir a un compañero en objeto de sus ataques. «Hay una deriva a la maldad, claramente, contra la que hay que luchar como sea», afirma.
También lamenta la dificultad actual para convivir con quien piensa diferente y reivindica una actitud que considera cada vez menos frecuente: «Tú piensas eso, yo pienso lo otro, vale, vamos a tomar un café», cuenta.
La enseñanza me dio mi vida
Pese a su larga trayectoria como actriz, Galiana asegura que su vocación siempre ha sido la enseñanza, una profesión que nunca sintió que tuviera que abandonar por la interpretación. «La enseñanza me dio mi vida», afirma. Hoy observa con preocupación la relación de los jóvenes con el aprendizaje. A su juicio, tienen una menor curiosidad por el mundo que les rodea y un excesivo interés por alcanzar notoriedad, en buena parte a través de las redes sociales y de los influencers.
Frente a esa necesidad de aparentar, ella reivindica la curiosidad y el aprendizaje. «La memoria se ha confundido con aprenderse las cosas como un papagayo, pero no, la memoria es tener en tu cabeza cosas que han ocurrido. Estudiar es importante, vital», insiste, convencida de que, mientras pueda, continuará aprendiendo
