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Los indicios de financiacion irregular del PSOE engordan antes de que declare Ábalos bajo la amenaza de 24 años de cárcel

Publicado: mayo 3, 2026, 6:07 am

Es el santo grial de todo partido político en este tiempo de polarización máxima: destruir al rival consiguiendo demostrar (o que al menos que parezca demostrado) que tiene cuentas B, que maneja dinero negro y que, por tanto, se salta las reglas y no es de fiar. Que la corrupción no son cuatro manzanas podridas, en fin, sino algo sistémico: una decisión consciente del partido en cuestión.

No es descartable que al votante-masa esto le importe poco a la hora de introducir el papel en la urna -no pocos analistas sostienen que el efecto más dañino de las andanzas de Ábalos sobre Sánchez es el tema féminas, por cómo afecta al voto femenino, y no los dineros-, pero este, entre otros, es el juego a día de hoy.

Y lo cierto es que la posibilidad de una financiación irregular del PSOE con Koldo como insólito correveidile, algo siempre contemplado como hipótesis y como Ítaca final por la UCO, sale de la fase oral del juicio del caso Mascarillas con más visos de credibilidad de lo que entró.

No sólo por la declaración de Víctor de Aldama. El empresario y conseguidor, «nexo corruptor» de todo el tinglado para los guardias civiles, ha capitalizado la foto que el PSOE dijo que nunca existiría -la de su encuentro con el presidente en el Teatro de La Latina de Madrid en un domingo de 2019- explicando que Pedro Sánchez le dijo allí mismo: «Muchas gracias por todo, sé perfectamente lo que estáis haciendo». Para el partido, obviamente.

Aldama cuantificó en su oceánica declaración del miércoles la cantidad que el PSOE habría ingresado con las comisiones que la trama le habría entregado: 1,8 millones de euros. También que Koldo le pidió «hablar con empresarios» para conseguir dinero para el partido «a cambio de adjudicaciones», y lo cierto es que cuesta imaginar, escuchando la ligereza de bar con que Koldo, Ábalos, Cerdán y otros actores como Pardo de Vera hablan de contratos de decenas de millones, que parte de ese dinero no fuera a Ferraz. Esta es la posición de los investigadores, que siguen analizando cada indicio para conseguir el mapa del tesoro.

Tiene la capacidad de resolverlo Ábalos, para quien llega el turno de declaración este lunes, después de que el jueves, cuando terminó el turno de su ex asesor -todavía fiel- Koldo, el abogado del ministro dijese que su defendido no se encontraba en condiciones de declarar, tras muchas horas ya en el TS. Mañana ya es su hora, con esos 24 años de posible condena sobre él, una losa que puede refrescarle la memoria, la mala memoria sobre su relación con Sánchez, todavía amenazado en su Rubicón.

El PP ya lo pasó con la contabilidad B del ex tesorero Luis Bárcenas y el pintoresquismo que actualmente, ya es casualidad, se juzga también, sólo que en la Audiencia Nacional en el caso Kitchen: el cura loco que secuestra a su familia para encontrar los papeles, el chófer que le espía y, de fondo, los contratos amañados de Gürtel y la sede de la calle Génova pagada en dinero B, con sobres, ocultándolo todo a Hacienda, que ya se sabe somos casi todos.

Lo cierto es que toda aquella corrupción, y financiación irregular, sí movió ruedas de molino, al menos parlamentariamente, aunque eso quede ya en el Cretácico Superior (es decir, en 2018): cuando Pedro Sánchez le ganó la moción de censura a Mariano Rajoy y, con la bella bandera de la regeneración democrática entre los dientes, consiguió ser investido presidente del Gobierno mientras su antecesor bebía para olvidar en un restaurante junto a Las Cortes, y el bolso de su vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, le sustituía valientemente en su escaño.

Lo de ahora es diferente. Ocho años como ocho siglos después, machacado pero siempre al ataque, Sánchez se ha afilado más que nunca, los disgustos y la delgadez le han dado un innegable aire reptiliano, vale. Pero para ser el primer presidente de la democracia con dos manos derechas, porque eso fueron Ábalos y Santos Cerdán, encarcelados por aceptar sobornos, está como una rosa.

El PSOE ya pasó por aquí, con las prerrománicas Filesa, Malesa y Time Export, dinerito gratis sin declarar para el partido en torno a 1990, que produjo condenas en 1997 y no poco desgaste al aura de Felipe González… Pero aquello también fue muy distinto. En el 97 el Supremo admitió que no se había podido demostrar el amaño de contratos, pero sí la financiación irregular. Y la política, en todo caso, estaba lejos de ser la picadora de carne en que se ha convertido. Lo de ahora, junto a Filesa, es como comparar a la montaña con el ratón.

La política es muy cara. La captura de almas nunca es barata, y en tiempo de fragmentación de voto menos. Los partidos, engrasadas empresas de poder, saben cómo traducir en papeletas dentro de urnas hasta el último céntimo que invierten. Y de financiación de partidos se ha hablado esta semana en el Supremo. Sobre todo, lo hizo Aldama. Donde no estaría toda la pasta, por cierto, es donde sospecha él, que mencionó en sala que quizás las comisiones se habría disfrazado de donaciones -lo difícil no es robar, dicen siempre los guardias, sino disfrutar lo robado-, cuando en realidad en 2019 y 2020 el PSOE no ingresó más de un millón en ese concepto, aunque el salto de un ejercicio a otro, de 275 mil euros a 837 mil resulte chocante. También dijo Aldama, y es complicado descartarlo, que siempre se le dijo que «Sánchez era el número 1» en la trama, pero también González tenía que ser por fuerza el «señor X» de los GAL y Rajoy saber que Bárcenas tenía 48 millones de euros de comisiones en Suiza, y nada de eso se consiguió probar -por más que González acompañara a Vera y Barrionuevo hasta la puerta de la cárcel de Guadalajara, y Rajoy legara a la posteridad el estoico y rajoyesco «Luis, sé fuerte»-.

«Koldo me dice», cuenta Aldama su versión del tema, «que me van a presentar constructoras que trabajan ya para el Ministerio y tenemos que ver cómo ayudarles. Se habla de la palabra ayuda, pero realmente no es ayuda, sino una fórmula para financiar al partido. Le pregunto cómo se hace eso y me responde que no me preocupe porque ya les pedirán a ellos que hagan alguna donación».

Más: «Me dicen que eso no se puede facturar, por eso me piden ser un nexo, porque tienen que pagar en efectivo. Entiendo que no es una donación al uso y que estamos haciendo algo ilegal. No me siento del todo cómodo, pero tampoco incómodo. Soy empresario y busco la oportunidad».

Koldo, por su parte, este jueves despejó todos los balones muy lejos del área, o lo intentó, tras esa barba alejada de conferirle, visualmente, cualquier estabilidad: «Yo lo que hacía era rellenar la agenda del señor ministro a las necesidades que podía tener cada persona, y en mi tiempo libre intentaba agendar todo lo que podía ser de interés para la Secretaría de Organización del PSOE». En su tiempo libre, dijo.

Pero los indicios hallados por la UCO, apoyados en los miles de audios grabados subrepticiamente por el propio alter ego de Ábalos, son tercos. Un presunto ejemplo de los muchos que salpimentan la pléyade de causas que conforman el llamado caso Koldo: en septiembre de 2015, un directivo de Acciona llegó a proponer una reunión de Juan Ignacio Entrecanales, vicepresidente, con un modesto y anónimo empresario vasco, un tal Antxon Alonso. No hay prueba de que se diese ese encuentro, pero ayuda a entender la dimensión de la trama que desde Acciona, un gigante de la construcción presente en 35 países y que cotizaba y cotiza en el Ibex, se planteasen verse con Alonso, habitual de los baretos de Pamplona con varios negocios fallidos a las espaldas, que acababa de registrar una sociedad que no tenía más que un trabajador y que, sin experiencia ninguna, en los años siguientes iba a pillar 90 millones de euros en contratos públicos. Luego resultó que en Servinabar se acurrucaba también, como socio oculto, Santos Cerdán, quien desde 2018 pasaría a ser uno de los hombres clave de Pedro Sánchez en el control… del PSOE.

El partido se defiende de todo asegurando que «cada euro» está «auditado» -y menciona incluso al Tribunal de Cuentas, que como se sabe no entra en las tripas contables de los entes que examina, pero mentarlo queda apañado en los canutazos a Efe-. Sin embargo, su ex gerente, Mariano Moreno, quedó bastante desarbolado a su declaración del martes cuando la abogada de Koldo, Letizia de la Hoz, le enseñó impresos de gastos que desacreditaban completamente el orden en las cuentas que él aseguraba. Y más aún cuando Koldo admitió este jueves que, contra lo que Moreno aseveró, en Ferraz le adelantaban «chistorras», la golosa palabra en clave de los conjurados para referirse a los billetes de 500 euros.

Al final, quienes más directamente ha hablado en el TS de financiación irregular del PSOE son Carmen Pano y su hija Leonor, lo que nos lleva a otro gran caladero de indicios, uno de nombre aburrido: el caso Hidrocarburos.

En resumen, Pano, que pagó el chalet que se le iba a regalar a Ábalos a cambio de una luego abortada licencia para importar y vender gasolina, declaró ante la corte lo que lleva diciendo dos años: que llevó a Ferraz 90.000 euros en dos tandas, en bolsas de papel metidas en bolsas de plástico, y que ese todo dinero (el del chalet y el de Ferraz) era de Claudio Rivas, con quien se reunió con varios políticos del PSOE, gracias a Koldo y Aldama. Aparte de que Pano no gana nada contando semejante cosa… ¿Por qué tendría visos de credibilidad una posible financiación irregular del partido proveniente de los empresarios de hidrocarburos? Pues porque el fraude de IVA, la práctica ilegal por la que tanto Pano como Rivas están encausados en la Audiencia, produce en muy poco tiempo ganancias cienmillonarias y difíciles de trazar.

Para que el lector lo entienda, lo explicaremos como el propio Antonio Balas, el teniente coronel de la UCO que ha dirigido las investigaciones, lo enseñaba hace 10 años a los pocos periodistas que, cuando aún hablaba con periodistas, tenían el placer de recibir de primera mano su magisterio: montas una empresa, pones al frente a un testaferro, vendes gasolina cobrando el IVA, luego no lo declaras a Hacienda, cierras la empresa en un año y corres lo que te dejen correr 30 millones de euros en los bolsillos.

El fraude con gasolina, en fin, produce cantidades ingentes de dinero líquido, y Pano siempre ha asegurado que ofició de correo durante un año entre Claudio Rivas y la trama de los aldamas, moviendo centenares de miles de euros… Aunque después de esas dos veces en Ferraz se negó a volver allí. Por si acaso, además de sobornar a Ábalos con un chalet de lujo en La Línea de la Concepción, y comprar un yate también para engrasar… estaba financiando irregularmente al PSOE.

La financiación ilegal: la kriptonita partidista que ha provocado, entre otras causas, la judicialización de la política. ¿Le reserva el destino un papel protagonista en lo que le queda de legislatura a Pedro Sánchez? Urge esperar.

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