Publicado: julio 17, 2026, 3:00 am

El Gobierno británico espera que la FIFA abra una investigación después de que jugadores de la selección argentina desplegaran una pancarta reivindicando la soberanía sobre las islas Malvinas tras derrotar a Inglaterra (1-2) en la semifinal del Mundial. Se sabía que esta segunda semifinal iba a ser un partido especial por lo futbolístico (la mano de Dios y otros episodios) y lo político (la guerra de las Malvinas y la histórica reivindicación argentina).
El gesto de los futbolistas «fue totalmente inapropiado», dijo el ministro británico de Ciencia, Innovación y Tecnología, Peter Kyle, durante una entrevista con la BBC, quien subrayó que la política debe mantenerse «al margen» del fútbol. «Espero que la FIFA lleve a cabo una investigación exhaustiva», declaró Kyle.
Para el partido, las autoridades de seguridad de los Estados Unidos y la FIFA habían prohibido entrar en el estadio de Atlanta con banderas o insignias «políticas», incluyendo aquellas con reivindicaciones relativas a las Malvinas. Pero, tras su triunfo, los jugadores argentinos exhibieron una pancarta con la leyenda ‘Las Malvinas son argentinas’. Hacían alusión al archipiélago del Atlántico sur por el que Argentina y el Reino Unido se enfrentaron en una guerra en 1982.
El 5 de enero de aquel año, la Junta Militar argentina tomó la decisión de realizar una acción militar para recuperar las Islas Malvinas, bajo control del Reino Unido desde su ocupación en 1833. El 2 de abril de 1982 tuvo lugar la invasión argentina a las Malvinas. Fue una guerra no declarada que duró 74 días.
Ocupadas por Reino Unido desde 1833
Las Malvinas se hallan dentro de la plataforma continental de América del Sur, rodeadas por el mar que Argentina denomina mar Argentino. Son apenas 12.000 km², los que forman dos islas principales y otras 200 menores.
El primero en desembarcar en las islas fue el marinero inglés John Strong, en 1690. Luego, desde 1820, las islas estuvieron bajo soberanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata (la proto Argentina). En 1833, Reino Unido ocupó las Malvinas a las que llamaron Falkland.
En 1965, Naciones Unidas aprobó la Resolución 2065, que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre argentinos y británicos sobre las Islas Malvinas. La ONU invitó a ambos gobiernos a iniciar negociaciones para encontrar una solución pacífica teniendo en cuenta los intereses de los habitantes del archipiélago, sin éxito.
1982, un mal momento para ambos países
En 1982, Gran Bretaña se encontraba en una difícil situación económica. La primera ministra, Margaret Thatcher, cerraba minas y desmantelaba el estado del bienestar, de modo que su popularidad no dejaba de caer. Malas perspectivas, sabiendo que en 1983 había elecciones. En ese contexto a la «Dama de hierro» le llegó de Argentina un sobresalto que en realidad fue para ella la mejor de las noticias.
En Argentina, el contexto era el del descontento con la Junta Militar, que había llegado al poder en 1976, y con las medidas económicas que había adoptado. El 30 de marzo de 1982 una masiva movilización hacia la Plaza de Mayo de Buenos Aires, convocada por la mayor central obrera del país, fue violentamente reprimida por la policía.
Pero los argentinos, que venían de un periodo de feroz represión, reaccionaron con euforia patriótica ante la ocupación de «sus» Malvinas. Es lo que esperaban los militares, que buscaban distraer a la población con la idea de que el verdadero enemigo estaba fuera y de que nada uniría más al pueblo que una guerra contra otro país.
¿Y si España hacía lo mismo que Argentina?
- Durante la guerra de las Malvinas, Thatcher estaba preocupada por la vulnerabilidad de Gibraltar ante una posible invasión española. Aunque miembro ya de la OTAN y serio aspirante en 1982 a entrar en el Comunidad Europea, España había condenado como un «error histórico» el uso de la fuerza por parte británica en la Guerra de las Malvinas. En aquellos días, Thatcher pensó que España haría lo mismo que Argentina, que iba a invadir Gibraltar. No es interpretación o impresión personal de algún testigo del paso de la primera ministra por Downing Street. Es lo que años después han desvelado documentos oficiales.
Aquel conflicto armado no declarado fue por la soberanía no sólo de las Malvinas, sino también por las Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Reino Unido, con una maquinaria militar mucho mayor y mejor engrasada, tuvo además el respaldo de la OTAN.
Durante aquellas diez semanas de guerra, el estado de ánimo de los habitantes de Argentina varió al ritmo de las noticias provenientes del Atlántico Sur. Lo que el pueblo llegó a saber estuvo rigurosamente controladas por el régimen de facto.
Tras 74 días, todo terminó con la rendición argentina el 14 de junio, después de que Reino Unido recibiera el apoyo de Chile y Estados Unidos. Murieron cerca de mil personas y las islas volvieron a control británico.
El desenlace no hizo más que agudizar el rechazo popular a la dictadura militar más cruenta de la historia de Argentina. La derrota precipitó la caída de la dictadura cívico-militar y el inicio de recuperación del Estado de derecho democrático.
En el otro bando, la victoria contribuyó a la reelección de Thatcher en las elecciones de 1983. La guerra que los militares argentinos provocaron para salvar su régimen, en realidad acabó salvando a la «Dama de hierro».
