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La crisis de los fertilizantes ya debilita al campo: menos nutrientes, menor producción y precios más altos para el consumidor

Publicado: mayo 20, 2026, 6:08 am

La escalada de los fertilizantes desde el estallido del conflicto en Irán en marzo ya está apuntando los primeros impactos sobre la producción del campo español y europeo. La explicación que hacen organizaciones agrarias como Asaja, COAG y UPA es que con unos precios elevados –  la urea ya se paga por encima de los 700 euros la tonelada, por ejemplo – los productores están muy tentados de reducir su uso, con lo que disminuyen los nutrientes del suelo y, a la postre, merma la producción de alimentos. Esto puede tener su reflejo en la cesta de la compra a finales de año, incluso este mes, según otras fuentes. Bruselas ha presentado este martes el Plan de Acción de Fertilizantes, que abre la puerta a ayudas directas a los agricultores y a fomentar la producción europea.   

La nueva hoja de ruta comunitaria recuerda que Oriente Próximo concentra entre el 20 y 30% de las exportaciones globales, especialmente de amoniaco, urea y el azufre. Este último necesario para la producción de los fertilizantes fosfatados. El Observatorio Europeo de Fertilizantes estima que, en abril, los nitrogenados (que tienen en el nitrógeno el principal o único ingrediente) acumularon una subida del 75,2% en sus precios respecto a 2024, pasando de 298 a 522 euros la tonelada. 

Mantener la rentabilidad, ¿misión imposible? 

«Si el agricultor se plantea tirar la mitad del fertilizante, vamos hacia una menor producción y un incremento de la especulación. Lo que aumentará el precio al consumidor», alerta el representante COAG en el Comité Económico y Social Europeo (CESE) Jaume Bernis. Desde la Coordinadora de Organizaciones de Agricultores y Ganaderos (COAG) apuntan que muchos agricultores están planteándose reducir el abonado entre el 40 y 60%. Lo que disminuirá drásticamente los kilos por hectárea, es decir, el rendimiento de las explotaciones.

«Si el agricultor se plantea tirar la mitad del fertilizante, vamos hacia una menor producción y un incremento de la especulación. Lo que aumentará el precio al consumidor», Jaume Bernis (COAG) 

Según estimaciones de esta organización agraria, en base a referencias oficiales, lo anterior supone hasta un 45% menos de producción por hectárea en cereal y hasta un 35% en el olivar tradicional. Fuentes de COAG recuerdan que, en el caso de cereales como el trigo y la cebada, el nitrógeno juega un rol fundamental en la productividad. Por ejemplo, si se redujera la fertilización en una explotación media de secano de trigo blando, se pasaría de los entre 4.000 y 4.500 kilogramos por hectárea a 2.300 – 3.000 kilos y, en el caso de la cebada, caería de entre 3.500 y 400 kg/ha a entre los 2.000 y 2.700 kilos por hectárea. Además, en estos días se está sembrando maíz que exige mucho fertilizante «pasa sacarle le máximo rendimiento». 

«El problema no es la campaña de 2025» 

El presidente Asaja León, Arsenio García Vidal, habla de «un momento crítico» para el cereal y que la siembra «está siendo carísima». Para el representante de esta asociación agraria el problema es que «el mercado se puede resentir y pagarlo el consumidor».En su opinión, el problema está en cuántas personas se pueden quedar por el camino y, añade, que el agricultor se está viendo obligado a lograr un equilibrio recortando gastos ante el encarecimiento de los fertilizantes y el gasóleo. «Los precios de venta son muy bajos, en relación con lo gastamos: al final lo que se necesita es una rentabilidad entre gastos e ingresos», resume García Vida. 

Para el secretario de Relaciones Internacionales de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA), José Manuel Roche, «el problema no es la campaña de 2025, sino cuando en octubre – noviembre de 2026 abonemos» y advierte que el impacto de la escalada de los fertilizantes puede empezar a ser evidente para el consumidor a partir de la próxima semana «cuando vea que está pagando más por algunos productos». En su opinión, el agricultor esta optando por «dosificar» los fertilizantes con el riesgo de que los rendimientos sean mucho más menores.

«El problema no es la campaña de 2025, sino cuando en octubre – noviembre de 2026 abonemos», advierte el secretario de Relaciones Internacionales de UPA José Manual Roche 

El olivar tradicional, vulnerable 

Bernis (COAG)  añade que, en el caso del olivar tradicional de secano, «el incremento de costes para 20 hectáreas es de 2.000 euros por el aumento de precios de los fertilizantes». Esta organización agraria estima que, una explotación tradicional de secano, pasará de producir una media de 4.000 kg por hectárea a caer hasta los 2.600- 3.000 kilos la hectárea si la reducción del del abonado alcanza el 60%. Las fuentes consultadas también avisan, que si el agricultor reduce la fertilización durante varias campañas seguidas por los sobrecostes, el deterioro se cronificará. 

¿Hay alternativas a los fertilizantes clásicos» 

Los agricultores españoles consumieron hasta 4,42 millones de toneladas de fertilizantes en 2024 (más de 3,2 millones fueron importados), según el Ministerio de Agricultura. Solo de los nitrogenados simples se consumieron 2,15 millones de toneladas. ¿Hay alternativas?  El representante de COAG, propone también aumentar la flexibilidad de la Directiva de Nitratos para aumentar el uso de purines y digestato (defecaciones ganaderas) más allá del límite de 170 kg N/hectárea para llevar a los 250. «Hay países como Dinamarca, Países Bajos, Alemania que han tomado este camino», lamenta Bernis quien sostiene que en muchos casos todavía no hay la suficiente disponibilidad de fertilizantes orgánicos. 

«Sin ayudas directas (al agricultor) lo va a pagar el consumidor. Lo peor es cuántos se van a quedar por el camino y lo que va a pasar, a largo plazo, si desaparecemos», Arsenio García Vidal (Asaja León) 

García Vidal, de Asaja León, señala que queda tiempo para que se generalicen las alternativas orgánicas. «Sin ayudas directas (al agricultor) lo va a pagar el consumidor. Lo peor es cuántos se van a quedar por el camino y lo que va a pasar en el mercado, a largo plazo, si desaparecemos», advierte. Desde UPA, Roche, exige «medidas rápidas» y propone la suspensión completa del ‘Mecanismo de Ajuste en Frontera del Carbono’ (CBAM, en inglés), que estiman puede suponer un ahorro de 39.000 millones de euros para los agricultores europeos en 7 años. Además apuesta porque el Sistema de Créditos al Carbono (ETS, en inglés), que permite a las empresas compensar sus emisiones, sirva para apoyar al campo.   

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