Publicado: abril 20, 2026, 10:08 am
La guerra en Irán cumple este lunes 50 días en mitad de un alto el fuego precario y con el estrecho de Ormuz todavía bloqueado pese a que el viernes parecía que por fin volverían a circular barcos. Mes y medio que ha dejado la economía global patas arriba, con precios más altos, peores perspectivas de crecimiento y una enorme volatilidad en los mercados.
La principal vía por la que la guerra se ha trasladado a la economía ha sido a través de los precios de la energía y, más concretamente, los del petróleo. El barril de Brent llegó a rozar los 120 dólares a finales de marzo cuando Trump amenazó con eliminar a la civilización iraní si el país no reabría el estrecho de Ormuz. Un ultimátum que finalmente no llevó a cabo, pero que abrió el paso a una delicada negociación que todavía se mantiene.
Desde ese momento, la escalada en los precios del crudo se ha ido revirtiendo progresivamente, aunque con fuertes oscilaciones por los cambios constantes en el tono de Trump. La noticia de la apertura del estrecho de Ormuz por parte de Irán provocó una fuerte bajada en el precio del petróleo, hasta los 90 dólares por barril. Sin embargo, desde el viernes Irán a vuelto a atacar naves en el corredor marítimo y mantiene el tráfico bloqueado.
Los precios del crudo todavía están lejos de los niveles previos a la guerra. En concreto, un 24% más caro de lo que estaba antes del conflicto. La volatilidad en el mercado ha sido tal que cinco de las diez mayores subidas históricas del petróleo en una sola sesión se han registrado en los últimos 50 días. Y también cinco de las mayores bajadas, en concreto, las dos más fuertes desde que hay registros.
La escalada del crudo se trasladó rápidamente a las gasolineras, donde los precios llegaron a dispararse a niveles próximos a los de la guerra en Ucrania en el caso del diésel. Las subidas de precio llevaron al Gobierno a aprobar una drástica rebaja fiscal que se ha trasladado al surtidor, aunque en el caso del diésel se ha revertido parcialmente.
La guerra también ha incrementado los precios del gas, dado que el estrecho de Ormuz es también un corredor clave en el tránsito marítimo del gas natural licuado. Los precios de esta materia prima, que influye decisivamente en la factura de la luz, han llegado a duplicarse. Aunque, afortunadamente, el punto de partida era históricamente bajo. La coincidencia del conflicto con la llegada del buen tiempo ha permitido evitar una situación peor.
Sin embargo, aunque los vaivenes han sido muy bruscos, tanto los precios del petróleo como los del gas no han llegado a marcar los máximos históricos vistos en crisis anteriores. En el caso del petróleo, se han alcanzado niveles similares a los que se vieron durante la guerra en Ucrania, aunque por ahora no de forma tan prolongada.
La gran diferencia está en el gas, cuyo precio mayorista se ha disparado, pero que incluso en el peor momento del conflicto ha estado seis veces más barato que en el máximo alcanzado durante la guerra en Ucrania.
Más inflación
Los efectos de la guerra han empezado a trasladarse ya a la cesta de la compra aunque, por ahora, focalizados en los productos energéticos. El Índice de Precios de Consumo (IPC) saltó hasta el 3,4% el pasado marzo por el efecto de la guerra en Irán, que se suma a la inercia que ya presentaban algunos productos como los servicios o ciertos alimentos antes del conflicto.
Por el momento, el impacto está focalizado en los combustibles. El temor es que si la crisis energética se prolonga, la subida de precios se acabe contagiando a otros productos como ya sucedió en los primeros compases de la guerra en Ucrania. Si esto ocurriese, la lucha de los hogares por recuperar poder adquisitivo sufriría un nuevo revés.
El conflicto ha llevado a los organismos que hacen previsiones macroeconómicas a revisar sus expectativas de crecimiento a la baja y a elevar las de inflación. Así lo han hecho, por ejemplo, el Banco de España, la Airef, el FMI o la OCDE.
Los mercados se recuperan
Uno de los elementos que más llaman la atención sobre las consecuencias económicas del conflicto es la reacción de los mercados. Aunque las bolsas reaccionaron con caídas generalizadas ante los ataques, los principales mercados ya se han recuperado o incluso muestran registros superiores a los anteriores a la guerra.
En el caso de Estados Unidos, los dos principales índices -el Nasdaq y el S&P500- están ya un 7 y un 3,9% por encima de lo que se registraba el 27 de febrero. El IBEX 35 ya ha recuperado el terreno perdido y el Eurostoxx apenas está un 1,3% por debajo de los niveles precrisis.







