Publicado: octubre 26, 2026, 5:09 am
Nada ilustra mejor la epidemia inflacionaria que hemos vivido en estos últimos cinco años que una visita al supermercado. Aunque los precios de los alimentos están subiendo bastante menos de lo que ha sido habitual estos años, es difícil salir de hacer la compra sin pensar en lo caro que está todo.
En septiembre, los alimentos se encarecieron un 2,7% en comparación con el mismo mes del año pasado, bastante por debajo del resto de precios del consumo, que se dispararon un 4,9%. De hecho, es una de las partidas que más contenida se ha mantenido desde que estalló la guerra en Irán. Si esto es así, entonces, ¿por qué se siente que ir a hacer la compra es tan caro?
Para encontrar la razón hay que girar la vista a toda la montaña que la inflación ha ido acumulando estos años. Desde diciembre de 2021, el precio de los alimentos se ha incrementado un 31,8%, muy por encima de lo que lo ha hecho el coste de la vida en su conjunto (18%). Y también lejos de lo que lo han hecho los salarios. La compensación bruta por empleado tal y como la mide el Banco Central Europeo (BCE) se ha incrementado en España en ese periodo un 20,7%. Es decir, que el precio de los alimentos ha subido 11,1 puntos más que los sueldos. O lo que es lo mismo, un 54% más.
Esto se traduce en que el poder adquisitivo de las nóminas en cuanto a la cesta de la compra se ha reducido notablemente. Además, hay determinados alimentos que han subido por encima de ese 31,8% general de la categoría. Es el caso de los zumos (56,1%); el azúcar, la confitería y los postres (46,2%); el café (40,6%), los lácteos (37,8%), las frutas (35,7%) o las hortalizas (33,7%).
Un artículo reciente en el blog del BCE se hacía eco de esta situación a nivel europeo. Replicando su metodología a los países de la UE con información disponible, España aparece como el cuarto en el bloque europeo donde más poder de compra han perdido las nóminas respecto a la cesta de la compra. Solo en Dinamarca, Italia y Estonia los consumidores han perdido más capacidad adquisitiva alimentaria que en España. Aunque el análisis debe tomarse con cautela, dado que no hay información desagregada para países como Alemania o Francia.
Además, el BCE advertía de la importancia que tiene el precio de los alimentos en la percepción general que tienen los consumidores sobre la inflación. La comida y la bebida tienen un peso importante en el presupuesto familiar. En concreto, se llevan un 16% del consumo de una familia promedio, algo más en las familias de menos ingresos. Además, son precios que los hogares conocen bien porque ven su evolución prácticamente todas las semanas cada vez que van a hacer la compra y se actualizan con frecuencia.
Si a esto le añadimos que los alimentos se han encarecido más que el resto de lo que consumimos, es lógico que muchos hogares perciban que los precios del consumo han subido más de lo que realmente lo han hecho, pues identifican la subida en el coste de la vida con lo que ven en el supermercado.
La consecuencia: un recorte en el gasto
La gran subida en los precios de los alimentos en los últimos años ha provocado que muchas familias tengan que reducir su consumo ante la pérdida de poder adquisitivo. La Encuesta de Presupuestos Familiares del INE refleja que el año pasado el gasto en alimentos (una vez descontado el efecto de la inflación) estaba todavía un 11,5% por debajo de su nivel en 2021.
Si entramos al detalle, llama la atención cómo el presupuesto que destinamos a pescado se ha reducido un 20% desde el año 2021, el gasto real en café ha caído un 19%; en hortalizas, un 15,6%; en frutas, un 12,5% y en carne, un 10,5%.




