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Por qué Argentina sufre un alza importante de casos de hantavirus: así afecta el cambio climático a su población de ratones colilargos

Publicado: mayo 10, 2026, 6:00 am

Hace una semana la palabra ‘hantavirus’ en España era una completa desconocida. Sin embargo, siete días después se ha convertido en el término del momento. La llegada del crucero MV Hondius en el que se produjo un brote de esta enfermedad que ha dejado tres fallecidos ha puesto al país en alerta. Por un lado, por el recuerdo todavía fresco de la pandemia. Y por otro, por el desconocimiento de un virus que, en países como Argentina, lugar desde el que partió el crucero, sí es desde hace años un viejo conocido y que en los últimos años ha sufrido un importante aumento de los contagios.

El hantavirus es una enfermedad presente en muchas regiones del mundo, incluidas algunas zonas de Europa. La infección se produce tras el contacto con la orina, la saliva y la materia fecal de un ratón colilargo. Este no es un ratón común, sino que es un pequeño roedor silvestre que tiene nueve centímetros de cuerpo y casi 21 centímetros de cola. El nombre de esta enfermedad viene del río Hantan, en Corea, donde se descubrió. Sin embargo, el virus ha desarrollado variantes en todo el mundo, entre las que está la cepa de Andes, responsable del brote en el crucero y que se encuentra principalmente en Chile y el sur de Argentina.

En este último se convive desde hace décadas con la enfermedad, aunque se volvió mucho más presente para sus ciudadanos desde el caso del brote en la localidad patagónica de Epuyén a finales de 2018. En aquella ocasión el cumpleaños de una menor de 15 años fue el foco de un contagio que terminó con más de una treintena de infectados, de los que 11 terminaron falleciendo. Actualmente Argentina es el país que más casos de hantavirus tiene de toda la región y uno de los que más del mundo. Desde enero de 2026 se han registrado 42 casos y el Ministerio de Salud ha informado en su último Boletín Epidemiológico Nacional que la actual temporada muestra una circulación mayor a años anteriores «por encima del umbral de brote». Desde junio del año pasado se han producido 101 casos, de los cuales 32 fallecieron, lo que marca una tasa de letalidad del 31,7%, superior a la de años previos.

Varias cepas y un aumento de los contagios

En el país se han identificado cuatro áreas de riesgo: Noroeste (Salta, Jujuy y Tucumán), Noreste (Misiones, Formosa y Chaco), Centro (Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos) y Sur (Neuquén, Río Negro y Chubut). Es en esta última región donde se encuentra la cepa Andes, que a diferencia, por ejemplo, de la cepa que está en Asia, que mata por cuadro hemorrágico, la variante andina lo hace por colapso de corazón y pulmón. El virus puede tener hasta un 40% de mortalidad, pero el área de contagio de una persona que tiene está enfermedad es mucho más reducida. “En las cuatro zonas geográficas donde está este virus hay distintos genotipos virales y distintos tipos de reservorios de roedores. Además, la letalidad y las manifestaciones clínicas también son un poco distintas”, reconoce a 20minutos Raúl González Ittig, investigador del CONICET y profesor de genética en la Universidad Nacional de Córdoba.

Este biólogo especializado en roedores explica que la probabilidad de contagio interpersonal es poco probable y solo en casos de contacto muy estrecho y directo, pero que es precisamente la cepa Andes la única con “evidencia actual” que puede provocar la infección entre humanos y no solo de ratón a humano. González Ittig apunta que la variante presente en Uruguay y la provincia de Buenos Aires — por donde también pasó la pareja de holandeses considerada ‘caso cero’ del contagio en el crucero MV Hondius—  tiene muy poca evidencia de que sea transmitida de persona a persona, pero que se sabe de un caso en el que se cree que sí se produjo de esta manera. Con todo, la investigación que está llevando a cabo la Organización Mundial de la Salud junto con varios países señala a la variante Andes como la presente en el contagio del buque que salió de Argentina.

Este barco partió de la ciudad de Ushuaia, donde las autoridades sanitarias locales insisten en que no fue en su región donde se produjo el contagio. González Ittig recuerda que la especie reservoria de ratones colilargos sí está en Tierra del Fuego, la provincia donde está Ushuaia, pero que la falta de registros históricos de esta enfermedad en esa zona y los tiempos de incubación de esta enfermedad hacen dudar de que fuera allí. De hecho, el director de Epidemiología de Tierra del Fuego, Juan Facundo Petrina, aseguró este viernes que era casi imposible que el contagio se hubiera provocado en Ushuaia, y apuntó directamente al viaje que hizo a Chile esta pareja o a otras zonas del sur de Argentina donde se han producido contagios recientemente.

Y es que el propio Ministerio de Salud de Argentina ya emitió hace meses una alerta por el aumento de hantavirus, aunque curiosamente los lugares donde se está produciendo de manera significativa en relación a otros años no es en el sur, sino la zona centro y algunos focos significativos en el noroeste. Aunque no está del todo claro el motivo exacto de este incremento de casos, los expertos apuntan a dos elementos: el cambio climático y el aumento de la exposición de los seres humanos al hábitat de estos roedores. El investigador del CONICET apunta a los cambios extremos de clima que se dan desde hace varios años, cuando se han producido sequías y, a su vez, lluvias intensas que, por un lado obliga a los roedores a salir de sus ambientes naturales a buscar comida y, por otro, las precipitaciones aumentaron la cobertura vegetal y le dio alimentos a los ratones. Algo que ha provocado un aumento de la población de roedores colilargos en el país.

Los contagios tienen picos estacionales entre noviembre y marzo porque hace más calor, hay más alimento para los roedores y la gente hace más actividades al aire libre

También para Elena Obieta, médica infectóloga y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, el cambio climático es un factor dentro de este aumento de los contagios, pero apunta igualmente a la modificación por parte de los humanos del hábitat de los roedores. “La gente construye en sitios donde interfiere con el hábitat natural de los roedores y eso también crea un aumento de la exposición de los seres humanos a estos animales”, dice Obieta, que añade que estos contagios “tienen picos estacionales entre noviembre y marzo porque hace más calor, hay más alimento para los roedores y la gente hace más actividades al aire libre”.

¿Se puede hacer algo para frenar el aumento de casos?

Para ambos expertos el aumento de los contagios debe preocupar a las autoridades, pero “sin generar una situación de pánico”, insiste Obieta. Además, González Ittig recuerda que el propio Boletín Epidemiológico de Argentina usa un concepto que puede traer confusión, que es el de “brote” para el aumento de casos. “Como son muchos, en la sumatoria total de la estadística da que hay un aumento, pero en realidad brote es cuando hay una sucesión de casos localizados geográficamente y todos relacionados entre sí, mientras que aquí lo que hay en realidad son casos aislados”, explica el investigador, que agrega que “no se está en una cifra alarmante porque no dejan de ser 100 casos, que no son pocos, pero en un país que tiene 45 millones de habitantes y que tiene una de las extensión de terreno más grandes del mundo”.

Con todo, esta semana el Gobierno argentino, en reunión con las autoridades de salud de las provincias, ha pedido que se intensifique la vigilancia epidemiológica y recordó la importancia de sensibilizar a los equipos de salud para mejorar la sospecha y detección de casos ante síntomas compatibles con esta enfermedad. Es precisamente en las provincias del sur donde más trabajos de difusión y prevención hay, lo que ha llevado a que los casos no sean tan elevados como en otras partes del país. “Las personas de algunas zonas no están habituadas a que haya hantavirus”, lo que lleva a que no se tenga el cuidado necesario cuando se está en ambientes con presencia de esta enfermedad, no se tomen las medidas de limpieza que se requiere o que no se apliquen los protocolos médicos necesarios cuando aparece alguien con esos sintomas, dice González Ittig.

Hay que controlar la población de roedores, eliminar o limitar los basureros a cielo abierto, que son el festival para alimentar a los roedores

Para Elena Obieta, “si no se hace nada es probable que cada año siga aumentando el número de casos”. Es por ello que la médica infectóloga afirma que, entre muchas medidas, el aumento de la vigilancia epidemiológica pasa por “controlar la población de roedores, eliminar o limitar los basureros a cielo abierto, que son el festival para alimentar a los roedores, y tener sistemas sanitarios capaces de diagnosticar a personas que tengan hantavirosis para dar el tratamiento oportuno y así reducir su tasa de mortalidad”, ya que, como recuerda, no hay vacuna para esta enfermedad.

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