Publicado: abril 24, 2026, 3:00 am

«El mundo se ha vuelto más peligroso». Esta esa una de las frases más repetidas en Europa en los últimos tiempos y esta semana la ha dicho el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, que ha puesto sobre la mesa un plan para disponer «del Ejército más fuerte de Europa», según sus propias palabras. En este sentido, Berlín sabe que necesita alcanzar el medio millón de soldados, pero también mejorar sus capacidades de resistencia y destinar cada vez más fondos a temas militares. El objetivo es, dijo el ministro, disuadir a Rusia, que está consiguiendo debilitar a la OTAN y «desconectar» a Estados Unidos de sus aliados europeos.
En un momento en el que la Alianza Atlántica pasa por su peor época, el Gobierno alemán asume que tiene que dar un paso adelante. Ahora mismo, el ejército alemán -la Bundeswehr- cuenta con unos 186.000 militares en activo, alrededor de 860.000 reservistas y más de 80.000 empleados civiles, situándose entre las fuerzas armadas más grandes de Europa; su presupuesto de defensa para 2026 supera los 108.000 millones de euros, lo que lo convierte en uno de los más altos del mundo, y el país está en pleno proceso de expansión con el objetivo de alcanzar hasta 260.000 soldados activos en la próxima década dentro de una estrategia de refuerzo militar ligada a la OTAN. La idea es pasar, sin ir más lejos, a 500.000 tropas en activo de aquí al 2035, es decir, en menos de diez años.
Rusia es «la principal amenaza» para Europa, sostuvo Pistorius. No solo por sí misma, sino también por su influencia en la Administración Trump ahora mismo, y la estrategia de Berlín en estos términos no se limita a lo militar; lo civil también entra, como se ve en la medida para recuperar en cierto modo el servicio militar (en un formato casi obligatorio, por así decir). Hay que contar también con que en el país los cuarteles de Alemania han registrado cifras récord de reclutamiento en un contexto de creciente incertidumbre laboral. El Ejecutivo de Friedrich Merz ha implementado, ante el caos global, un servicio militar de seis meses para los jóvenes y aunque participar en él no es obligatorio, sí lo es el registro para los hombres nacidos a partir del año 2008.
La luz roja en Alemania lleva tiempo encendida, con un país sumido en una crisis económica importante y con la fortaleza industrial tocada por culpa de una transición que no se ha hecho. Hay una ‘militarización’ de la sociedad y Berlín no lo esconde. «Rusia se está preparando, mediante su rearme, para un enfrentamiento militar con la OTAN y considera el uso de la fuerza militar como un instrumento legítimo para imponer sus intereses», volvió a avisar el ministro de Defensa.
El país germano ha pasado de reducir su número de soldados y flexibilizar su política militar a querer aumentar todo drásticamente. «A corto plazo aumentaremos nuestra capacidad de defensa y resistencia. A medio plazo aspiramos a un aumento de capacidades significativamente más amplio. Y a largo plazo lograremos la superioridad tecnológica», añadieron desde el Ejecutivo.
En el marco de la OTAN, eso sí, Alemania no es uno de los líderes ahora mismo. Según el informe de 2025 de la Alianza, el país alcanzó el 2,39% del PIB en gasto en defensa, muy por debajo todavía de la meta del 5% pactada en la cumbre de La Haya el pasado verano tras la presión de Estados Unidos. Los germanos son el duodécimo aliado en esa cifra, a la altura de Turquía y Reino Unido, dos socios de mucho empaque. Polonia, Lituania y Letonia son quienes más invierten y solo los polacos están por encima del 4%. Es decir, el peso defensivo de Occidente está recayendo sobre todo en los países Bálticos, que además son quienes más se acercan a la nueva meta.
Alemania, en realidad, ve como el sostén defensivo de Europa se desentiende, y asume que tiene que dar un paso adelante. Y es que la presión de Trump a los demás no se aplica a Washington: ha reducido la inversión en defensa en el último año, situándose en un 3,19% y siendo el único miembro de la Alianza que ha bajado la cifra (la aportación total a la organización ha pasado del 64% al 60%). Esto se da un momento de máxima tensión de Trump con la propia OTAN, a la que ha augurado «un muy mal futuro» porque los países no le han apoyado en su ofensiva sobre Irán.
El giro que pretende ofrecer Berlín sí puede ser un buena noticia para la autonomía estratégica europea, pero para ello hacen falta fondos: volviendo a los datos de la OTAN, Alemania ha experimentado un crecimiento histórico en su inversión militar, alcanzando un gasto estimado de 106.899 millones de euros en 2025 por lo que un crecimiento de ese tipo unido por ejemplo al papel de Estonia, Letonia, Lituania, y sobre todo Polonia, así como Dinamarca o Países Bajos, podría dar una foto optimista para la UE. Es más, ya se habla incluso de una «OTAN europea» dados los planes de Trump de retirar su apoyo a los aliados.
En general, del total presupuestado dentro de la organización atlátnica, Alemania destina actualmente un 29,57% a la adquisición de equipamiento mayor y un 25,16% a gastos de personal. Además, el Gobierno de Friedrich se ha sumado a proyectos multinacionales clave, como la cooperación para el almacenamiento de materias primas críticas para la industria de defensa, concluye el informe publicado hace algunas semanas.
Alemania quiere ser el motor de Europa, como lo ha sido históricamente, y ahora parece hacer suya también la frase de Emmanuel Macron de que «para ser fuerte hay que ser temido». Eso se traduce, a ojos de Berlín, en más y mejor despliegue militar. «El Ejército más fuerte de Europa» suena muy bien como lema, pero ahora Berlín ya está metido de lleno en un plan para hacerlo realidad.
