Publicado: mayo 9, 2026, 6:23 pm
El mundo entero contiene la respiración ante el brote de hantavirus que se ha registrado en el crucero MV Hondius, que ya se dirige a Tenerife para desembarcar a sus pasajeros. Pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha insistido en que el riesgo es bajo, se trata de un virus de mucha gravedad.
Prueba de ello son los testimonios de las personas que han pasado la enfermedad y han sobrevivido a ella. Según los expertos, el hantavirus tiene una mortalidad alta, de entre el 33% y el 60% en casos graves.
El diario británico Daily Mirror ha recogido los testimonios de tres personas que pasaron el hantavirus y que tuvieron sÃntomas graves, y que pudieron sobrevivir a la enfermedad.
«Como un cuchillo»
Uno de ellos es el entrenador austrÃaco de fútbol Ralph Hasenhüttl, que contrajo el virus en el año 2012. Al principio, el técnico atribuyó sus sÃntomas al agotamiento tras una extenuante ruta en bicicleta de montaña, pero pronto le quedó claro que algo andaba muy mal.
«Me fui a la cama y fue entonces cuando empezó el dolor de cabeza. SentÃa como si tuviera una aguja clavada. Después empecé a notar un fuerte dolor de espalda. SentÃa como si tuviera un cuchillo en la espalda«, dice el entrenador al Mirror.
Los médicos le contaron más tarde que su hÃgado y sus riñones se estaban expandiendo rápidamente debido al virus, ejerciendo una presión insoportable sobre sus otros órganos.
«Estuve inconsciente durante mucho tiempo y no sabÃa cuándo volverÃa. Los latidos de mi corazón me despertaban por su intensidad; sentÃa un fuerte golpe en el pecho», dice Hasenhüttl, que estuvo ingresado en la UCI.
«Tienes que esperar a que tu cuerpo genere anticuerpos y luego tener esperanza de sobrevivir. Era solo cuestión de esperar. Intenté alejar los malos pensamientos porque me sentÃa joven, sano y fuerte. Pensaba: ‘¿Por qué deberÃa morir por un virus?», reflexiona.
Posteriormente descubrió cómo contrajo el virus, y fue de la manera más inocente: ocurrió al barrer el polvo de su patio, el cual inhaló.
«Lo confundieron con leucemia»
Otro testimonio es el de Shaina Monteil, una californiana que tenÃa solo cinco años cuando, mientras jugaba al aire libre con sus hermanos una tarde de verano, inhaló sin saberlo polvo contaminado con hantavirus. Al principio, su madre pensó que solo tenÃa gripe, pero la situación se agravó rápidamente.
Shaina, ahora maestra de escuela de 38 años, le contó al Mirror: «Mi madre me llevó al médico y me recetaron antibióticos, pero solo empeoré. Vomitaba mucho y la situación progresó hasta el punto de que estaba muy débil y no podÃa ir a la escuela. Recuerdo tener dolores de cabeza muy fuertes, me dolÃa mucho el estómago y tenÃa una erupción cutánea por todo el cuerpo».
Fue entonces cuando comenzó la hemorragia. Tras ser trasladada de urgencia al hospital, los médicos notaron pequeñas manchas de sangre (petequias) bajo la piel de Shaina y, en un principio, la diagnosticaron erróneamente con meningitis y luego con leucemia.
«Me pusieron en una planta con niños que no iban a sobrevivir. HabÃa niños a mi alrededor que no podÃan moverse. Pensaban que yo tampoco iba a salir adelante. VenÃan muchos médicos, me tomaban fotos y recogÃan datos, pero nadie sabÃa qué me pasaba», sigue recordando.
Afortunadamente para ella, un joven médico que habÃa asistido recientemente a un congreso médico reconoció el conjunto especÃfico de sÃntomas como hantavirus, y Shaina pudo recibir el tratamiento que tanto necesitaba para salvar su vida. «Fue como un milagro. Lograron tratarme; era muy doloroso y tenÃa el cuerpo hinchado y dolorido al tacto, pero funcionó», dice.
Incluso décadas después de su recuperación, Shaina sigue atormentada por los recuerdos de su encuentro cercano con la muerte y vive con un miedo terrible a la enfermedad. «Incluso después de recuperarme, siempre tuve miedo de volver a contagiarme y desarrollé miedo a morir. TenÃa mucho miedo de no llegar a cumplir 10 años», dice.
Limpiando los platos de comida del gato
El tercer caso es el de Debbie Zipperian. CorrÃa 2011 cuando esta mujer estaba limpiando los platos de comida para gatos de un viejo gallinero en su rancho de Montana (EEUU). Tan solo una semana después, Debbie comenzó a experimentar sÃntomas como agotamiento, dolor de cuello y de espalda, que los médicos inicialmente atribuyeron a la gripe o la neumonÃa.
Tras tres visitas al médico, a Debbie le diagnosticaron el peligroso virus. Para entonces, la mujer sufrÃa alucinaciones y estaba confusa, y aunque sus recuerdos de esa época no son claros, su marido le contó después que habÃa estado «histérica como una gata rabiosa» y que los médicos tuvieron que sujetarla.
«Tuve dos paros cardÃacos y no pudieron intubarme porque mi estado era demasiado errático, y tampoco pudieron sedarme», dice esta mujer, a la que le quedaron secuelas neurológicas y de columna vertebral permanentes. Tuvo que «aprenderlo todo de nuevo», incluso a caminar, concluye.
