Publicado: octubre 28, 2026, 12:14 am
Hoy que la sostenibilidad planetaria es imprescindible, la bioeconomía ha dejado de ser un concepto de nicho —promovido por pioneros aislados— para consolidarse como un eje central de las políticas económicas e industriales globales. Sin embargo, el éxito de esta transición no dependerá únicamente del desarrollo de nuevas tecnologías, sino de la capacidad internacional para conectar el conocimiento, la inversión y a los actores clave a lo largo de las cadenas de valor.
Así lo destacaron Volker Sieber, presidente de la Global Bioeconomy Alliance (GBA), y David Zilberman, catedrático de la Universidad de California en Berkeley y referente mundial en economía agrícola y de recursos, durante la apertura de los trabajos magistrales en el marco del encuentro Global Bioeconomy Alliance Conference 2026 (GBA), celebrado en México.
La visión de la Global Bioeconomy Alliance
Durante la sesión inaugural, Volker Sieber planteó una pregunta fundamental para la agenda global de desarrollo: ¿cuánto dinero se destina a desarrollar tecnologías frente a lo que se invierte en conectar a las personas que las conciben, adaptan e implementan?
Si bien reconoció que la inversión en innovación tecnológica aún es insuficiente a nivel mundial, Sieber enfatizó que el verdadero reto radica en la cooperación transversal. «Sin innovación tecnológica habrá muy poco progreso. Pero sin cooperación, incluso la tecnología más prometedora jamás alcanzará su potencial y su traducción en un impacto real fallará o será demasiado lenta», afirmó Sieber.
El presidente de la GBA destacó que la bioeconomía exige rediseñar la forma en que producimos, consumimos recursos finitos y estructuramos las cadenas de valor, equilibrando el desarrollo económico con las necesidades sociales y ambientales. Asimismo, subrayó la importancia de la diversidad regional pues lo que representa un avance prometedor en México —país al que describió como bendecido por sus recursos naturales y una industria en crecimiento— no necesariamente aplica para Europa, África o Australia.
Mencionó avances clave como la actualización de la estrategia de bioeconomía de la Unión Europea, el impulso otorgado por Brasil en el marco del G20, las iniciativas de la FAO y los resultados del Global Bioeconomy Summit, y advirtió que «las estrategias no transforman las economías por sí solas; se requiere actuar». Ello exige escalamiento industrial, modelos de negocio viables, regulación adecuada, financiamiento sostenible y métodos rigurosos para evaluar la sostenibilidad real.
Soluciones biológicas para un mundo híbrido
Durante la charla: «Bio-Based Solutions for a Better World», el profesor David Zilberman ofreció una perspectiva económica e histórica sobre el cambio de paradigma global.
Zilberman recordó que la economía humana fue originariamente una bioeconomía hasta la irrupción de los combustibles fósiles y el carbón. Para abordar el presente y el futuro, propuso una aproximación pragmática e inclusiva basada en tres pilares interconectados:
- Recursos renovables y diversificados: Ampliar el rol de la agricultura para producir biocarburantes, bioquímicos y bienes de mayor valor agregado, trascendiendo la mera producción de alimentos.
- Ciencias de la vida y tecnología moderna: Integrar las herramientas biológicas avanzadas, la biotecnología aplicada, las ciencias del suelo y la computación.
- Sistemas autosostenibles y de desarrollo circular: Avanzar sin destruir el capital natural existente.
Un enfoque pragmático, híbrido y global
Zilberman advirtió contra los absolutismos ideológicos en torno al medio ambiente, precisando que las soluciones reales serán casi siempre híbridas. Ejemplificó que, aunque el objetivo global sea reducir la huella de carbono derivada del cemento, la sustitución gradual con biomateriales como el cáñamo demuestra cómo lo biológico y lo industrial deben convivir.
El especialista de UC Berkeley destacó el enorme potencial no aprovechado de los recursos marinos para países con amplios litorales como México, así como las aplicaciones de la microbiología en salud y manufactura. También habló de transformar pasivos ambientales y aguas residuales en bioinsumos y proteínas, resolviendo simultáneamente la contaminación y la escasez de recursos.
Exhortó además a diseñar marcos regulatorios ágiles y basados en evidencia. «El retraso es el costo más alto. Si una tecnología segura se posterga diez años por trabas burocráticas, pierde su oportunidad de salvar el entorno», aseveró. Por último, dijo que la bioeconomía debe articularse internacionalmente para garantizar que los beneficios económicos alcancen a los pequeños productores y a los países en desarrollo, evitando esquemas proteccionistas o exclusivos.
El reto del talento y las alianzas académicas
Ambos especialistas coincidieron en que la transición requiere formar una nueva generación de profesionales capaces de integrar disciplinas heterogéneas: biología, ingeniería, ciencias ambientales, gestión pública y economía.
Zilberman concluyó su intervención instando a las instituciones académicas como el Tecnológico de Monterrey, sede del encuentro, a romper silos disciplinarios y fronteras geográficas mediante redes de investigación global y programas de extensión directamente vinculados con las comunidades, los agricultores y la industria.
La jornada inaugural dejó en claro que la bioeconomía no es un destino futuro hipotético, sino un proceso en marcha donde la ciencia, la inversión pública y privada, y las alianzas globales son la única vía para acelerar el cambio hacia la sostenibilidad real.
