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Pedro Riesco: «El grupo humano de este Rayo siente el barrio, y eso es un punto muy fuerte»

Publicado: mayo 25, 2026, 11:22 pm

Pedro Riesco (Madrid, 1969) creció viendo construir el estadio de Vallecas frente a su casa y dando patadas al balón en Teniente Muñoz Díaz, justo detrás del muro. Fue socio y peñista antes que canterano y héroe del ascenso de 1992, por lo que cuesta encontrar un jugador tan identificado con lo que representa el Rayo Vallecano. Como un rayista más, vive ilusionado las horas previas a la final de la Conference League , el partido que puede darle al club el primer título de su historia. —Llega un día histórico para el Rayo. ¿Qué se le pasa por la cabeza? —Me acuerdo de cuando era un crío y, con siete años, me hice socio para ver al Rayo ‘matagigantes’. Y, a partir de ahí, muchos recuerdos. Yo creo que se valorará todavía más cuando pasen los años. En 102 años de historia es la primera vez que el club va a jugar una final europea. Es momento de disfrutarlo. Creo que todavía hay que pellizcarse un poquito para darse cuenta de que es real. Soñar es gratis y, una vez llegados a este punto, lo mejor que puede hacer el equipo es ganar la final y terminar de rematar la faena. —Le vimos hasta emocionarse cuando se logró la clasificación. —A ver, me emocioné porque, evidentemente, me sale así. Era en plan: ‘Joder, lo que está pasando, esto es real’. Y me acuerdo también de todas las etapas allí, desde aficionado hasta que entro en el club y paso de jugar en la calle a estar en el equipo en el que yo quería jugar. Cuando un niño cumple sus sueños y llega a este punto… Me acordaba también mucho de Juan Pedro Navarro, de Manolo Peñalva, de Wilfred… De gente que no está y a la que le hubiera gustado vivir esto. Lo estarán mirando y disfrutando desde otro sitio. Para el barrio, llevar el nombre de Vallecas por Europa es muy fuerte. Creo que ese apodo que se ha puesto de moda, ‘el puto Rayo’, viene un poquito al pelo por esa energía que tiene. —¿Esta final puede ser un punto de inflexión para el club? —Ojalá que así sea. Yo soy de los que piensa que siempre puede haber un punto de inflexión en la historia de un club. Pero bueno, sabemos cuál es la estructura del club, todavía muy normalita, muy básica. No hay una gran ciudad deportiva alrededor del club, el estadio sigue siendo el mismo desde hace más de cincuenta años, están las mismas personas que había hace varios años… No hay un crecimiento exponencial respecto al rendimiento deportivo del club. Creo que debería producirse ese cambio, pero me da la sensación de que no va a ser así. Y no porque no lo desee, sino porque los ingredientes… es muy difícil. Yo siempre he considerado un milagro lo que hace el Rayo cada temporada, así que los que somos rayistas esta época la estamos disfrutando muchísimo, a pesar de todo. Con distintas vicisitudes que todo el mundo conoce a nivel público: desavenencias entre la plantilla y la propiedad, carencias en la estructura, carencias en el estadio… En fin, todo lo que se sabe de puertas para afuera. —Convivir con dos gigantes en la misma ciudad no ayuda. —Claro, pero es lo normal. No le pasa solo al Rayo Vallecano. Es algo que ni se me pasa por la cabeza que pueda ser de otra manera, porque la mayoría de clubes, no ya de Madrid sino de España, están a la sombra del Real Madrid o del Atlético. Incluso muchos europeos. Compartir ciudad hace todavía más difícil crecer. Pero insisto: el Rayo es un sentimiento para los que somos rayistas. No es que nos conformemos, pero sí somos conscientes de que se puede volver a bajar de categoría porque eso es inherente a la historia del club. Entonces, cuando llegan momentos bonitos como el actual, dices: ‘ahí están los gigantes y tú puedes competir con ellos’. Y eso ya es la leche. —El club no ha cambiado demasiado en los últimos cincuenta años, pero el barrio sí lo ha hecho. —Sí, el barrio ha cambiado, pero en esencia sigue siendo lo mismo. Se ha ido adaptando a todo lo que ha llegado y se ha construido mucho, lo que ha dado una mayor calidad de vida. Pero sigue habiendo esa sensación de identidad tan marcada. La gente que llega sabe adónde viene y se adapta a esa forma de vida tan especial que hay en el barrio. Hay gente de todas las razas, gente de muchos países… El barrio acoge a todo el mundo. Esa es la realidad. Y siempre ha sido así. —¿Uno de los secretos de la plantilla actual es que hay muchos jugadores con ese sentido de pertenencia? —Estoy segurísimo. Creo que es uno de los principales motivos del rendimiento del equipo. El grupo humano que hay ahí siente el barrio. Hay jugadores que llevan muchos años y, en cuanto llegan nuevos, los integran del tirón. Yo he tenido la posibilidad de coincidir con ellos y los capitanes son un poco los encargados de que esto siga siendo así. Ese es un punto muy fuerte de este Rayo. Los jugadores se identifican enseguida con el barrio, con la idiosincrasia del club. El otro día me llamó mucho la atención que Ratiu y Dani Cárdenas fueran a comprar unos kebabs a unos soportales después de un partido y acabaran invitando a unas cervezas. Esto pasaba en nuestra época y en otro club sería impensable. —Otro pilar indispensable parece ser el entrenador. —Ha sido capaz de construir un equipo y gestionar un vestuario en el que todos están contentos. Es un chico muy joven, un superdotado en esto de entrenar. Sobre todo, por cómo lee los partidos. Y porque es uno de esos entrenadores, que no existen muchos, capaces de conseguir que los jugadores se conviertan en soldados del entrenador. Que crean a pies juntillas en su idea en cualquier situación. Ahora es fácil hablar de esa categoría de gran entrenador que ha adquirido Íñigo. Hacer lo que está haciendo en el Rayo no es que no sea fácil, es que es dificilísimo. Seguramente tiene las horas contadas en Vallecas. Por desgracia, ahí sí que no podemos competir con los grandes clubes. Pero es enorme el trabajo que ha hecho, así como el de su cuerpo técnico. —Hay jugadores que realmente sufren al imaginar el vestuario del año que viene sin Íñigo ni Trejo. —Sí, claro. Es que la figura de Trejo… imagínate. Es una leyenda viva del Rayo. Un tipazo. Uno de los que han sabido valorar mucho el sitio, el barrio y el club. Y se ha identificado al máximo. Siempre ha dado la cara por los compañeros. Del tirón pueden salir del vestuario dos figuras como ellos y no sabemos qué va a pasar. Pero esto es ley del fútbol. —La final es un partido único para el Rayo. Nunca se ha visto en una así. ¿Les puede pesar la presión? —Sí, no es fácil. Seguramente al principio de temporada no se imaginaban que podían estar ahí. Pero yo, pensando no con el corazón sino con la cabeza, veo al Rayo muy capacitado para ganar la final por las sensaciones que me ha transmitido durante toda la temporada, en casi cualquier contexto. Ahí está también el papel que está haciendo en Liga. Además, creo que los jugadores son conscientes de que se les presenta una oportunidad única. Lo normal es que la mayoría no vuelva a tener la posibilidad de ganar un título europeo. Y eso es un plus que les hace todavía más peligrosos. —Si el Rayo gana, ¿cómo amanece Vallecas al día siguiente? —Eso va a ser una fiesta que, sinceramente… me la puedo imaginar, pero creo que hasta me voy a quedar corto. Creo que Vallecas se va a echar a la calle. Y no solo Vallecas. Va a haber gente de todas partes de Madrid que va a querer ir a celebrarlo allí.

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