Publicado: julio 17, 2026, 9:07 am
El próximo domingo, España y Argentina volverán a verse las caras en una final. Esta vez será sobre un terreno de juego de fútbol y con un Mundial en juego. Sin embargo, hay un deporte que lleva décadas disfrutando de una rivalidad tan intensa como respetuosa entre ambos países: el pádel. Españoles y argentinos han convertido este deporte en una referencia mundial. Compiten con una pasión enorme cuando se enfrentan, pero también comparten entrenamientos, academias, técnicos, compañeros de equipo e incluso amistades que trascienden la pista. Una rivalidad que, lejos de separarles, ha impulsado el crecimiento del pádel hasta convertirlo en un deporte global. El mejor ejemplo llegó en la final del Campeonato del Mundo de 2024. España y Argentina protagonizaron una eliminatoria inolvidable en el cuadro masculino que se decidió en el tercer y definitivo punto. Después de que ambas selecciones sumaran una victoria, toda la presión recayó sobre cuatro jugadores que representaban a la perfección el pasado, presente y el futuro del pádel. Por un lado, Paquito Navarro y Mike Yanguas defendían los colores de España. Enfrente, dos jóvenes argentinos llamados a marcar una época: Tino Libaak y Leo Augsburger . Los españoles comenzaron dominando y se adjudicaron la primera manga por 6-3. Sin embargo, cuando parecía que el título se acercaba para España, la pareja argentina sacó a relucir un carácter impropio de dos jugadores de apenas veinte años. Libaak y Augsburger igualaron el encuentro llevándose el segundo set por 7-5 y terminaron culminando una remontada histórica en un agónico tie-break del tercero (3-6, 7-5 y 7-6), dando a Argentina su duodécimo título mundial. Esta final se ha convertido prácticamente en un clásico del cuadro masculino. España y Argentina también se enfrentaron por el título en la edición anterior y, de nuevo, la eliminatoria terminó decidiéndose en el último partido de la serie. En esos escenarios de máxima presión, los argentinos parecen sentirse especialmente cómodos: saben convivir con la tensión, competir cada punto y encontrar siempre un pequeño extra cuando el margen de error desaparece. Una capacidad que también ha mostrado su selección de fútbol al superar eliminatorias muy exigentes y que debe servir de advertencia para los pupilos de Luis de la Fuente de cara a la gran final del domingo. Pero quizá la grandeza de esta rivalidad no esté únicamente en los resultados. Está en que muchos de los mejores jugadores argentinos viven y entrenan en España. En que entrenadores españoles forman a jóvenes argentinos y técnicos argentinos ayudan a crecer a jugadores españoles. En que las mejores parejas del mundo mezclan constantemente talento de ambos países. El domingo, durante noventa minutos, españoles y argentinos volverán a defender colores diferentes. En el pádel, sin embargo, llevan muchos años demostrando que el éxito de uno también ha contribuido al crecimiento del otro. Esa es, probablemente, la rivalidad más sana y enriquecedora del deporte.
