Publicado: mayo 19, 2026, 7:19 am
Diariamente tiramos basura con normalidad, sin cuestionarnos todo lo que hay detrás de esa acción. La basura en la CDMX es mucho más que un problema de limpieza urbana: constituye un espejo de fenómenos económicos, políticos y sociales. Detrás de cada bolsa desechada existe una compleja cadena de valor donde participan gobiernos, sindicatos, empresas privadas, recolectores informales y mercados de reciclaje. Las 13,000 toneladas de basura que se generan diariamente en esta ciudad (cerca de 1.5 kilogramos por habitante) implican el manejo de una gran infraestructura logística, elevados costos fiscales e impactos de salubridad y ambientales. Simultáneamente, implica la existencia de redes sociales y económicas formales e informales, y un entramado político y social marcado históricamente por relaciones corporativistas, clientelares y usufructo de rentas que han convertido la basura en un negocio multimillonario. El manejo de los residuos opera a través de una cadena compuesta por varias etapas: generación, recolección, transferencia, separación, traslado, reciclaje y disposición final. En la CDMX estos se dan en una especie de microcosmos social, donde cohabitan actividades formales con las informales.
Por un lado, existe una industria formal integrada por trabajadores de limpia adscritos a las alcaldías, con un sueldo y sindicalizados. Luego están las empresas privadas encargadas del transporte, tratamiento, reciclaje, confinamiento y valorización energética de residuos. El negocio de las empresas recicladoras es el de los materiales reutilizables. Contratos gubernamentales multimillonarios cubren servicios de traslado y disposición final en municipios receptores.
Pero buena parte de la separación descansa en redes informales de “pepenadores urbanos”, cuyos ingresos dependen de la venta de materiales recuperados y de propinas vecinales. El cartón, aluminio, cobre, PET, vidrio y otros materiales poseen valor comercial, lo que genera incentivos económicos para su recuperación, creando una economía paralela alrededor de los residuos. Entre los pepenadores existe una fuerte competencia por “apropiarse” de un lote atractivo en los tiraderos de separación para vender los residuos a intermediarios, quienes a su vez abastecen a industrias recicladoras. Caciques y líderes han administrado este sistema por décadas en contubernio con las autoridades. Los líderes pepenadores ofrecen a cambio apoyos clientelares cuando se necesiten. Sobra mencionar que los pepenadores trabajan en condiciones precarias y de alto riesgo sanitario.
Entre otros, la administración de la basura de la CDMX enfrenta varios retos: primero, el peligro de que los rellenos sanitarios produzcan emisiones de gases (metano) debe ser monitoreado y controlado. Hace casi 40 años que se cerró el tiradero de Santa Fe para construir un gran complejo comercial y residencial, pero el peligro de los gases subterráneos persiste. Lo mismo con el depósito del Bordo Poniente, cerrado en 2011. Segundo, eliminar los cacicazgos y la corrupción del sector pepenador y mejorar sus condiciones laborales. Tercero, transparentar el volumen de recursos públicos involucrados y cerrar espacios para la corrupción y discrecionalidad. Cuarto, acciones enérgicas para clausurar los 600 tiraderos ilegales en la ciudad.
