Industria abre la puerta a nuevas inversiones chinas en España más allá del automóvil - Estados Unidos (ES)
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Industria abre la puerta a nuevas inversiones chinas en España más allá del automóvil

Publicado: septiembre 21, 2026, 8:59 am

España no quiere cerrar la puerta a la nueva oleada de inversiones chinas que se avecina, pero tampoco pretende que la llegada de capital del gigante asiático se traduzca en una pérdida de capacidad industrial o tecnológica. Es el mensaje que ha trasladado este lunes el secretario de Estado de Industria, Jordi García Brustenga, durante su intervención en el Forbes Economic Summit: una posición intermedia que permita aprovechar el potencial inversor de China y, al mismo tiempo, asegurar que esa inversión deje capacidades permanentes en España. «Hay que subirse a la ola, pero no dejarse conquistar», ha resumido el secretario de Estado, que considera que el reto pasa por conseguir que las empresas chinas que entren en el mercado español no se limiten a vender sus productos, sino que desarrollen actividad industrial y tecnológica en el país.

La automoción constituye, a su juicio, uno de los principales ejemplos de esta transformación. Brustenga ha señalado que China se ha convertido en «el nuevo jugador» del sector y ha advertido de la ventaja tecnológica que acumulan sus fabricantes, especialmente en el ámbito del vehículo eléctrico. «En sectores como la automoción, su tecnología está siete años por delante. Van a comerse el mercado sin tener una fábrica aquí. Yo lo que quiero es que, aunque sea china, que sea una empresa en España«, ha afirmado.

La automoción, sin embargo, sería solo el primer capítulo de una expansión inversora que el ‘número dos’ de Jordi Hereu considera que irá mucho más allá del vehículo eléctrico. Según sus previsiones, las empresas chinas continuarán buscando oportunidades en España en ámbitos como la robótica, la construcción industrializada, la fabricación de componentes, las baterías y las instalaciones y productos vinculados a la energía fotovoltaica. Ante esta perspectiva, Brustenga ha defendido que la industria española y las administraciones deben mantener una relación activa con los nuevos inversores y «sentarse» con China para «hacer un seguimiento de la transición», con el objetivo de orientar esa llegada de capital hacia actividades que contribuyan a reforzar las capacidades productivas nacionales.

La estrategia, ha explicado, no pasa por aceptar cualquier inversión sin condiciones. El Gobierno está realizando un análisis de las inversiones para determinar cuáles pueden considerarse «bien hechas» y comprobar cómo encajan con los estándares europeos. La cuestión adquiere especial relevancia en sectores considerados estratégicos, donde Bruselas y los Estados miembros están tratando de encontrar un equilibrio entre la protección de sus capacidades industriales y la necesidad de mantener abiertas sus economías. Para España, según ha trasladado Brustenga, el objetivo es evitar tanto un cierre que pueda dejar al país al margen de nuevas cadenas de valor como una apertura sin mecanismos que permitan preservar determinadas capacidades industriales y tecnológicas.

Este debate se encuentra además vinculado a la futura Ley de Aceleración Industrial que prepara la Unión Europea y que Bruselas espera aprobar a final de año. El secretario de Estado ha explicado que existen posiciones diferenciadas entre los países que apuestan por una mayor protección frente a la competencia exterior y aquellos que defienden cadenas de valor más globalizadas. España se sitúa, según su planteamiento, en una posición intermedia, partidaria de proteger los sectores críticos europeos, pero también de diseñar una normativa capaz de atraer inversión y acelerar el desarrollo industrial.

En este sentido, Brustenga ha defendido que la futura regulación europea debe convertirse en un «paraguas» para una política industrial «proactiva, dinámica y gradual». La propuesta española pasa por aplicar las nuevas medidas de manera progresiva y evitar que las decisiones destinadas a proteger determinadas industrias terminen generando efectos contraproducentes sobre otras actividades. «No podemos dejar fuera a países como Reino Unido o Corea del Sur, porque tiene sus consecuencias, por ejemplo, en forma de guerra comercial», ha advertido.

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